26 diciembre 2021

LAS PERSONAS QUE DUDAN DE TODO, EXCEPTO DE SÍ MISMA, ESTÁN CONDENADA AL FRACASO

tratamientos psicológicos                                                 

LAS PERSONAS QUE DUDAN DE TODO, EXCEPTO DE SÍ MISMA, ESTÁN CONDENADA AL FRACASO


Dudar de todo. Esa podría ser la máxima que caracteriza los tiempos en que vivimos. Tiempos en los que el poder del referente parece diluirse en una posverdad relativista.

No es nada nuevo. Descartes sistematizó la duda con su “pienso, luego existo”. Mucho antes, los filósofos escépticos ya habían abrazado la duda y mucho después, el propio Nietzsche dijo que “toda convicción es una cárcel”.

Como herramienta en la búsqueda de la verdad, la duda es muy útil. Pero quizá la estamos aplicando mal. Quizá la duda se nos está yendo de las manos. Quizá el acto de dudar – aplicado a medias – está creando más problemas de los que resuelve en nuestra vida y en nuestra sociedad.

Sacrificar la sabiduría en el altar de la inteligencia

Nuestra sociedad fomenta la inteligencia en lugar de la sabiduría y celebra los aspectos más superficiales, hostiles e inútiles de esa inteligencia”, escribió el maestro en budismo tibetano Sogyal Rimpoché. “Nos hemos vuelto tan falsamente ‘refinados’ y neuróticos que tomamos la propia duda por verdad, y así la duda, que no es otra cosa que un intento desesperado del ego para defendense de la sabiduría, queda deificada como objetivo y fruto del auténtico conocimiento”.

La educación contemporánea nos adoctrina en la glorificación de la duda y de hecho ha creado lo que casi se podría llamar una religión o una teología de la duda, en la cual para ser considerado inteligente hay que mostrar que se duda de todo, señalar siempre lo que está mal y pocas veces preguntar lo que está bien, denigrar cínicamente los ideales heredados y en general todo lo que se haga por simple buena voluntad”.

Según Sogyal Rimpoché, este tipo de duda es destructiva porque termina siendo “una estéril adicción a la contradicción que nos roba repetidamente toda apertura verdadera a cualquier verdad más amplia y ennoblecedora”. En práctica, dudar por dudar, porque pensamos que es una señal de inteligencia, podría simplemente sumirnos en el caos mental más absoluto, dejándonos en las garras de un relativismo ignorante que no nos permite avanzar, sino que a menudo implica un retroceso.

La duda noble implica cuestionarnos a nosotros mismos

Somos una sociedad que ensalza la duda pero que es incapaz de dudar de sí misma y del proceso de cuestionamiento. Al dudar de todo fuera, sin mirar hacia dentro, terminamos enredados en los condicionamientos sociales que terminan dictando el camino de la “verdad”. Ese camino, sin embargo, no conduce a la sabiduría.

En práctica, dudamos de todo lo externo. Dudamos de que la tierra sea redonda, de la existencia de un virus, de las estadísticas, de lo que dicen las figuras de poder, de lo que escriben los diarios, de lo que afirman los médicos y los vulcanólogos… Y eso está bien. Cuestionarnos las cosas y no darlas por sentado es importante.

Pero también tenemos que cuestionarnos a nosotros mismos. Tenemos que cuestionar el proceso de pensamiento que nos conduce a sacar unas conclusiones y no a otras. Tenemos que cuestionar, sobre todo, nuestras expectativas a lo largo de ese proceso. Las creencias y estereotipos que se encuentran en la base y que terminan empujándonos en una dirección que podría no ser la más adecuada.

En contraposición a la duda nihilista, Sogyal Rimpoché propone una “duda noble”. “En vez de dudar de las cosas, ¿por qué no dudamos de nosotros mismos: de nuestra ignorancia, de nuestra suposición de que ya lo entendemos todo, de nuestro aferramiento y evasión, de nuestra pasión por supuestas explicaciones de la realidad que se hallan completamente desprovistas de esa sabiduría”, propone.

Esa clase de duda noble nos estimula, inspira, nos pone a prueba, nos hace más y más auténticos, nos da poder y nos atrae más hacia el interior”, afirmó Sogyal Rimpoché.

Obviamente, el camino para abrazar la duda que conduce a la sabiduría está lleno de obstáculos en los tiempos que corren: la falta de tiempo, la dispersión, la sobreabundancia de estímulos que nos impiden concentrarnos en las preguntas y en nuestro cuestionamiento, así como el exceso de información. Son barreras que lastran la posibilidad de buscar respuestas en nuestro interior.

Sogyal Rimpoché nos propone otro camino: “no nos tomemos las dudas con exagerada seriedad ni las dejemos crecer desproporcionadamente; no las veamos solo en blanco y negro ni reaccionemos a ellas con fanatismo. Lo que hemos de aprender es a ir cambiando poco a poco nuestro concepto de la duda apasionada y culturalmente condicionada por otra más libre, humorística y compasiva. Esto quiere decir que debemos dar tiempo a las dudas, y darnos tiempo a nosotros mismos para encontrar respuestas que no sean meramente intelectuales, sino vivas, reales, auténticas y operativas.

“Las dudas no pueden resolverse por sí mismas inmediatamente, pero si tenemos paciencia podemos crear un espacio en nuestro interior donde las dudas puedan examinarse, desembrollarse, disolverse y curarse de modo cuidadoso y objetivo. Lo que nos falta, sobre todo en nuestra cultura, es el correcto ambiente mental, ricamente espacioso y libre de distracción, en el que las intuiciones puedan tener la ocasión de madurar lentamente”.

Sogyal Rimpoché no dice que no nos cuestionemos el mundo. Está diciendo que nos atrevamos a cuestionarlo libres de estereotipos y condicionamientos para poder llegar a una respuesta realmente sincera y auténtica. Nos dice que ese cuestionamiento también debe extenderse a nuestro proceso del pensamiento, nuestras razones para dudar y, sobre todo, a las conclusiones.

Sin esa actitud, se pierde el placer de pensar. Cuestionarse, dudar y sospechar genera placer al sentir que mediante ese acto uno se vuelve cada vez más libre y autónomo. Al dudar nos convertimos en una persona más dueña de su vida que decide quién es, qué hace y por qué. Sin embargo, si no nos permitimos dudar de nosotros mismos y simplemente nos alineamos con las respuestas que brinda la otra parte disidente de la sociedad, estamos renunciando a la sabiduría para sumergirnos en el caos de las dudas estériles. Dejamos un rebaño para sumarnos a otro. Y eso no es inteligencia ni sabiduría.

Fuente:Rimpoché, S. (2015) El libro tibetano de la vida y de la muerte. Barcelona: Ediciones Urano.

20 diciembre 2021

¡LA APATÍA! CAUSAS Y SÍNTOMAS

psicología /desarrollo personal
¡LA APATÍA! CAUSAS Y SÍNTOMAS


Antes o después, la apatía suele llamar a nuestra puerta. Se instaura como una sensación de desgana que se extiende al plano físico y psíquico. No tenemos ganas de hacer nada, pero también nos sentimos drenados por dentro. A veces esta sensación nos asalta de manera repentina y desaparece tal como llegó. Otras veces puede ser la señal de que algo más grave está ocurriendo y necesita nuestra atención.

Apatía, una definición más allá de la falta de pasión

Para comprender la definición de apatía debemos remontarnos a su origen etimológico. Esta palabra proviene del griego ἀπάθεια (apatheia), que deriva de “platos”, y significa emoción, sentimientos y/o pasión. Por tanto, el concepto de apatía hace referencia básicamente a la ausencia de pasión y sentimientos. De hecho, cuando nos sentimos apáticos experimentamos un estado de embotamiento afectivo. No estamos deprimidos, simplemente nos falta la pasión y la pulsión de las emociones y sentimientos.

Sin embargo, la apatía no es solo la falta de emoción y entusiasmo sino un estado de indiferencia generalizado en el que no respondemos a los aspectos de nuestra vida emocional, social y/o física. Nos adentramos en una especie de desierto emocional en el que las ganas y las fuerzas nos abandonan.

La apatía no solo nos arrebata los sentimientos, sino que también genera una falta de motivación y una actitud de indiferencia y despreocupación. Los objetivos que normalmente dinamizan nuestro comportamiento pierden su sentido y nos quedamos letárgicos y sin energía, casi paralizados e incapaces de actuar o sin la voluntad para hacerlo.

Los principales síntomas de la apatía

·         A nivel físico nos sentimos más pesados, es como si pedaleásemos con el viento en contra, de manera que cada pedaleada nos cuesta una energía enorme. Nos sentimos completamente agotados y el descanso habitual no basta para reponer las fuerzas.

·         A nivel cognitivo, no encontramos nada desafiante ni interesante. Todo nos da lo mismo. Ningún estímulo intelectual nos entusiasma. Ninguna idea nos convence. No sentimos la necesidad de explorar o conocer cosas nuevas.  

·         A nivel emocional nos sentimos completamente drenados. Nada tiene el poder de alegrarnos lo suficiente como para activarnos, pero tampoco nada nos enfada ni incomoda demasiado. Simplemente vivimos en un estado de letargia y aplanamiento afectivo.

·         A nivel volitivo no encontramos la energía y la motivación necesaria para ponernos en marcha. Es como si nos hubiésemos quedado sin batería. Cada vez que intentamos hacer algo, sentimos que requiere un esfuerzo sobrehumano.

¿Cuándo sentir apatía se convierte en un problema?

Sentir apatía no tiene que ser, necesariamente, la señal de un problema. De hecho, para los filósofos estoicos la apatheia era un estado mental en el que nos libramos de las alteraciones emocionales. Implicaba la eliminación de las reacciones emocionales a los eventos externos que escapan de nuestro control. Desde esa perspectiva, la apatía se reviste de un sentido más positivo, acercándose a un estado más similar a la ecuanimidad.

Sin embargo, la apatía es la señal de un problema cuando se convierte en un obstáculo para nuestro día a día y nos impide disfrutar. De hecho, sentir apatía durante un espacio de tiempo prolongado puede ser una señal de depresión o un trastorno de identidad disociativo.

Las causas de la apatía generalizada

La apatía puede tener causas físicas o psicológicas. El primer paso es descartar que no se trata del síntoma de una enfermedad. De hecho, los problemas de tiroides y los desequilibrios hormonales, una dieta inadecuada, la anemia o incluso algunos medicamentos pueden provocar un estado de abatimiento y agotamiento extremo similar a la apatía.

Descartada la causa fisiológica, es probable que el problema sea psicológico. Muchas veces la apatía es una especie de freno de mano para indicarnos que necesitamos hacer un alto en un ritmo de vida híper demandante e hiperactivo que nos exige demasiado. En esos casos, lo habitual es que la apatía dure un par de días ya que su misión es obligarnos a descansar y desconectarnos del mundo.

En otros casos las causas de la apatía son más profundas y nos indican algo acerca de cómo estamos llevando nuestra vida. Cuando estamos sumergidos en una vida que no nos gusta, ya sea porque realizamos el trabajo inadecuado, estamos rodeados de personas tóxicas o estamos inmersos en un entorno poco desarrollador. Esa falta de sentido, un día tras otro, termina pasándonos factura, drenando nuestros recursos psicológicos y succionando la vitalidad.

La apatía también puede estar causada por vivir en piloto automático durante demasiado tiempo. Cuando todos los días son iguales y no hay nada que añada condimento a nuestra existencia, nuestra energía vital se puede ir apagando lentamente. Mario Benedetti lo describió mejor: “tengo la horrible sensación de que pasa el tiempo y no hago nada, nada acontece y nada me conmueve hasta la raíz”.

Por otro lado, la apatía puede ser el resultado de una profunda desilusión. A fin de cuentas, cuando estamos apáticos perdemos la esperanza de poder alcanzar la felicidad o la realización personal. Puede producirse porque hemos dejado de creer en el valor de los objetivos que nos habíamos planteado o porque hemos perdido la confianza en nuestras capacidades para alcanzarlos. En esos casos, la apatía se presenta como una especie de claudicación interior.

En cualquier caso, y sea cual sea la causa de la apatía, nos envía un mensaje: tenemos un problema que debemos afrontar. No es casual que la apatía disminuya nuestro nivel de energía. Lo hace para que no podamos ir tan rápido que nuestro propio ritmo nos confunda. Al obligarnos a tomar un respiro nos anima a reflexionar y, resolver lo que nos pasa.

¿Cómo vencer la apatía generalizada?

Para vencer la apatía generalizada solo tenemos que ponernos en movimiento. No tenemos que hacer grandes cosas, tan solo empezar. Dar un paso. Aunque sea pequeño, pero que valga la pena.  Quizá necesitamos hacer – o deshacer – algo que marque una diferencia en esa secuencia de días iguales. Quizá necesitamos descomprimir lo comprimido o expresar lo reprimido para que algo se active en nuestro interior y logremos ponernos en marcha otra vez.

Solo nosotros sabemos cuál es el tratamiento para la apatía que realmente funciona para nuestro caso. Necesitamos mirarnos al espejo y preguntarnos: “Si tuviese ganas o energías, ¿qué haría?”. Quizá no lo descubramos inmediatamente, pero cuando conozcamos la respuesta, simplemente tenemos que hacerlo.

Cuando nos ponemos en marcha y hacemos algo que tiene sentido o que nos hace sentir bien, la suma de esos pequeños esfuerzos va inclinando la balanza de la apatía hacia al interés. La indiferencia va dejando paso a la curiosidad y las ganas de vivir. Una vez que el “motor” se enciende, todo es más sencillo.

Fuente Ishizaki, J. & Mimura, M. (2011) Dysthymia and Apathy: Diagnosis and Treatment. Depress Res Treat; 893905.

13 diciembre 2021

¡LA APATÍA! CAUSAS Y SÍNTOMAS

psicología /desarrollo personal
¡LA APATÍA! CAUSAS Y SÍNTOMAS


Antes o después, la apatía suele llamar a nuestra puerta. Se instaura como una sensación de desgana que se extiende al plano físico y psíquico. No tenemos ganas de hacer nada, pero también nos sentimos drenados por dentro. A veces esta sensación nos asalta de manera repentina y desaparece tal como llegó. Otras veces puede ser la señal de que algo más grave está ocurriendo y necesita nuestra atención.

Apatía, una definición más allá de la falta de pasión

Para comprender la definición de apatía debemos remontarnos a su origen etimológico. Esta palabra proviene del griego ἀπάθεια (apatheia), que deriva de “platos”, y significa emoción, sentimientos y/o pasión. Por tanto, el concepto de apatía hace referencia básicamente a la ausencia de pasión y sentimientos. De hecho, cuando nos sentimos apáticos experimentamos un estado de embotamiento afectivo. No estamos deprimidos, simplemente nos falta la pasión y la pulsión de las emociones y sentimientos.

Sin embargo, la apatía no es solo la falta de emoción y entusiasmo sino un estado de indiferencia generalizado en el que no respondemos a los aspectos de nuestra vida emocional, social y/o física. Nos adentramos en una especie de desierto emocional en el que las ganas y las fuerzas nos abandonan.

La apatía no solo nos arrebata los sentimientos, sino que también genera una falta de motivación y una actitud de indiferencia y despreocupación. Los objetivos que normalmente dinamizan nuestro comportamiento pierden su sentido y nos quedamos letárgicos y sin energía, casi paralizados e incapaces de actuar o sin la voluntad para hacerlo.

Los principales síntomas de la apatía

·         A nivel físico nos sentimos más pesados, es como si pedaleásemos con el viento en contra, de manera que cada pedaleada nos cuesta una energía enorme. Nos sentimos completamente agotados y el descanso habitual no basta para reponer las fuerzas.

·         A nivel cognitivo, no encontramos nada desafiante ni interesante. Todo nos da lo mismo. Ningún estímulo intelectual nos entusiasma. Ninguna idea nos convence. No sentimos la necesidad de explorar o conocer cosas nuevas.  

·         A nivel emocional nos sentimos completamente drenados. Nada tiene el poder de alegrarnos lo suficiente como para activarnos, pero tampoco nada nos enfada ni incomoda demasiado. Simplemente vivimos en un estado de letargia y aplanamiento afectivo.

·         A nivel volitivo no encontramos la energía y la motivación necesaria para ponernos en marcha. Es como si nos hubiésemos quedado sin batería. Cada vez que intentamos hacer algo, sentimos que requiere un esfuerzo sobrehumano.

¿Cuándo sentir apatía se convierte en un problema?

Sentir apatía no tiene que ser, necesariamente, la señal de un problema. De hecho, para los filósofos estoicos la apatheia era un estado mental en el que nos libramos de las alteraciones emocionales. Implicaba la eliminación de las reacciones emocionales a los eventos externos que escapan de nuestro control. Desde esa perspectiva, la apatía se reviste de un sentido más positivo, acercándose a un estado más similar a la ecuanimidad.

Sin embargo, la apatía es la señal de un problema cuando se convierte en un obstáculo para nuestro día a día y nos impide disfrutar. De hecho, sentir apatía durante un espacio de tiempo prolongado puede ser una señal de depresión o un trastorno de identidad disociativo.

Las causas de la apatía generalizada

La apatía puede tener causas físicas o psicológicas. El primer paso es descartar que no se trata del síntoma de una enfermedad. De hecho, los problemas de tiroides y los desequilibrios hormonales, una dieta inadecuada, la anemia o incluso algunos medicamentos pueden provocar un estado de abatimiento y agotamiento extremo similar a la apatía.

Descartada la causa fisiológica, es probable que el problema sea psicológico. Muchas veces la apatía es una especie de freno de mano para indicarnos que necesitamos hacer un alto en un ritmo de vida híper demandante e hiperactivo que nos exige demasiado. En esos casos, lo habitual es que la apatía dure un par de días ya que su misión es obligarnos a descansar y desconectarnos del mundo.

En otros casos las causas de la apatía son más profundas y nos indican algo acerca de cómo estamos llevando nuestra vida. Cuando estamos sumergidos en una vida que no nos gusta, ya sea porque realizamos el trabajo inadecuado, estamos rodeados de personas tóxicas o estamos inmersos en un entorno poco desarrollador. Esa falta de sentido, un día tras otro, termina pasándonos factura, drenando nuestros recursos psicológicos y succionando la vitalidad.

La apatía también puede estar causada por vivir en piloto automático durante demasiado tiempo. Cuando todos los días son iguales y no hay nada que añada condimento a nuestra existencia, nuestra energía vital se puede ir apagando lentamente. Mario Benedetti lo describió mejor: “tengo la horrible sensación de que pasa el tiempo y no hago nada, nada acontece y nada me conmueve hasta la raíz”.

Por otro lado, la apatía puede ser el resultado de una profunda desilusión. A fin de cuentas, cuando estamos apáticos perdemos la esperanza de poder alcanzar la felicidad o la realización personal. Puede producirse porque hemos dejado de creer en el valor de los objetivos que nos habíamos planteado o porque hemos perdido la confianza en nuestras capacidades para alcanzarlos. En esos casos, la apatía se presenta como una especie de claudicación interior.

En cualquier caso, y sea cual sea la causa de la apatía, nos envía un mensaje: tenemos un problema que debemos afrontar. No es casual que la apatía disminuya nuestro nivel de energía. Lo hace para que no podamos ir tan rápido que nuestro propio ritmo nos confunda. Al obligarnos a tomar un respiro nos anima a reflexionar y, resolver lo que nos pasa.

¿Cómo vencer la apatía generalizada?

Para vencer la apatía generalizada solo tenemos que ponernos en movimiento. No tenemos que hacer grandes cosas, tan solo empezar. Dar un paso. Aunque sea pequeño, pero que valga la pena.  Quizá necesitamos hacer – o deshacer – algo que marque una diferencia en esa secuencia de días iguales. Quizá necesitamos descomprimir lo comprimido o expresar lo reprimido para que algo se active en nuestro interior y logremos ponernos en marcha otra vez.

Solo nosotros sabemos cuál es el tratamiento para la apatía que realmente funciona para nuestro caso. Necesitamos mirarnos al espejo y preguntarnos: “Si tuviese ganas o energías, ¿qué haría?”. Quizá no lo descubramos inmediatamente, pero cuando conozcamos la respuesta, simplemente tenemos que hacerlo.

Cuando nos ponemos en marcha y hacemos algo que tiene sentido o que nos hace sentir bien, la suma de esos pequeños esfuerzos va inclinando la balanza de la apatía hacia al interés. La indiferencia va dejando paso a la curiosidad y las ganas de vivir. Una vez que el “motor” se enciende, todo es más sencillo.

Fuentes Ishizaki, J. & Mimura, M. (2011) Dysthymia and Apathy: Diagnosis and Treatment. Depress Res Treat; 893905.



Goldberg, Y. K. et. Al. (2011) Boredom: An Emotional Experience Distinct from Apathy, Anhedonia, or Depression. 
Journal of Social and Clinical Psychology; 30(6): 647-666.

13 noviembre 2021

LA RIQUEZA DE LA COMA

LA RIQUEZA DE LA COMA

Dolor de cabeza emocional

Psicología Trastornos psicológicos / Dolor de cabeza emocional

Dolor de cabeza emocional


¿Te duele la cabeza a menudo y no sabes por qué?

A veces, aunque tomes un analgésico, el dolor de cabeza persiste.

¿En las últimas semanas el dolor de cabeza se ha convertido en tu compañero permanente?

En esos casos podría tratarse de un dolor de cabeza emocional, de manera que podrías ser tú mismo quien lo causa.

De hecho, el dolor de cabeza es uno de los trastornos del sistema nervioso más comunes: se estima que un 47% de los adultos han sufrido por lo menos una cefalea a lo largo del último año. No obstante, existen diferentes tipos de dolor de cabeza, aunque el más común está vinculado con nuestro estado emocional, con las tensiones cotidianas. ¿Qué se encuentra realmente detrás de esos dolores de cabeza continuos que a veces nos dejan fuera de combate?

La cefalea tensional

La cefalea tensional es el dolor de cabeza más común. Ataca aproximadamente al 70% de la población, lo cual indica que en algún que otro momento, es probable que la hayas sufrido. Lo usual es que comience en la adolescencia y es más común en las mujeres.

¿Cuáles son sus síntomas principales?

– El dolor persiste durante varias horas pero en ocasiones puede durar incluso varios días. En algunos casos puede llegar a convertirse en un problema crónico y altamente discapacitante. De hecho, si el dolor de cabeza aparece al menos dos veces a la semana durante algunos meses, puede catalogarse como crónico.

– Sensación de opresión en la cabeza, se trata de un dolor sordo, no pulsátil.

– El dolor es generalizado; es decir, no se concentra en una sola parte de la cabeza sino a ambos lados. Aunque generalmente se irradia hasta el cuello y los hombros.

– No causan náuseas ni vómitos.

Esta cefalea suele estar provocada por problemas de índole osteomuscular en la zona del cuello, sobre todo debido a la tensión o contracción de los mismos. Como consecuencia, el dolor de cabeza tensional tiene un alto componente emocional ya que normalmente reaccionamos al estrés, la ansiedad o incluso la depresión con una tensión corporal.

¿Cuál es la relación entre las emociones y el dolor de cabeza?

A lo largo de una jornada experimentamos muchas emociones, aunque no siempre somos conscientes de ello y, por supuesto, no todas son beneficiosas. La tensión provocada por un contratiempo, la ansiedad, la ira y la tristeza no solo inciden en nuestro estado de ánimo sino que también generan cambios a nivel metabólico.

Por ejemplo, se conoce que el estrés genera grandes picos de cortisol, una hormona que provoca cambios fisiológicos tales como un aumento de la presión arterial, una mayor tensión muscular y una dilatación de las venas. Además, cuando estamos tristes, ansiosos o tensos, disminuyen los niveles de endorfinas, unas hormonas vinculadas con la relajación que pueden prevenir la aparición del dolor de cabeza. A la misma vez, disminuye nuestra tolerancia emocional ante los problemas y nuestro umbral del dolor disminuye. Todos estos cambios a nivel físico y emocional causan el dolor de cabeza o lo acentúan.

En realidad, cada una de las emociones que experimentamos provoca cambios en nuestro cuerpo que se expresan a través de diferentes señales. Muchas de las emociones negativas se expresan a través del dolor físico y son una señal de alarma. Por eso, en ocasiones en vez de tomar simplemente un analgésico para aliviar el dolor, deberíamos preguntarnos qué está sucediendo.

Ese dolor de cabeza emocional es un signo que nos indica que debemos hacer un alto en nuestro estilo de vida cotidiano y replantearnos algunas cosas. Quizás estás trabajando más de lo que podría considerarse saludable, o te estás tomando alguna situación a la tremenda, o simplemente necesitas tomarte una pausa. De cualquier forma, el dolor de cabeza emocional no es algo que se deba obviar.

¿Cómo evitar el dolor de cabeza emocional?

Una pista nos llega de un estudio realizado en la Universidad de Ohio en el que se analizó el rol de los factores emocionales en la aparición del dolor de cabeza recurrente. Después de analizar a 291 personas, 117 de las cuales sufrían dolores de cabeza a menudo, descubrieron que estas estaban sometidas a situaciones cotidianas muy estresantes que escapaban de su control.

No obstante, lo más interesante es que las personas que no sufrían dolores de cabeza recurrentes, también vivían algunas de estas situaciones. Sin embargo, utilizaban estrategias de afrontamiento más eficaces y le restaban impacto emocional a los problemas. Al contrario, quienes sufrían dolores de cabeza, tendían a culparse por los problemas y a recluirse en sí mismos, negando la ayuda que les brindaban otras personas. Esto nos indica que no son las situaciones en sí las que provocan el dolor de cabeza sino nuestra interpretación de las mismas y nuestra reacción emocional ante ellas.

De hecho, no es el único estudio que ha llegado a estas conclusiones. Psicólogos de la Universidad de Missouri-Saint Loui les dieron seguimiento a más de 500 jóvenes durante un periodo de seis meses y notaron que aquellos que reportaban más a menudo dolor de cabeza también eran quienes tenían mayores niveles de ansiedad y una tendencia a la victimización. Cuando la ansiedad y el sentimiento de culpa disminuían, también lo hacían los dolores de cabeza.

Por tanto, para evitar el dolor de cabeza emocional es necesario que:

1. Desarrolles un locus de control interno, lo cual significa que debes dejar de culparte y comenzar a tomar el control de tu vida, allí donde puedas.

2. Aprendas a manejar las emociones negativas, como la ira, de manera que no se acumulen y no te dañen. Para lograrlo, el primer paso es reconocerlas, vivenciarlas y, por último, dejarlas ir. La técnica de visualización “las hojas del río” te resultará muy útil.

3. Reencuadres los problemas, percatándote de que las situaciones en sí mismas no son estresantes, es el significado que les confieres. Es de gran ayuda que aprendas a distanciarte emocionalmente de las situaciones, como si fueras un espectador externo.

4. Destines cada día al menos dos horas a la relajación. Puedes practicar meditación, ejercicios de respiración o incluso escuchar música tranquilamente o leer un buen libro. Lo importante es que durante ese tiempo liberes tu mente de los problemas cotidianos.

5. Dejes de rumiar las preocupaciones y, en su lugar, adoptes una actitud más proactiva. Es importante que seas consciente que pensar en los problemas una y otra vez no lo solucionará. En su lugar, debes esforzarte por encontrar soluciones y ponerlas en práctica.

Fuente:

White, K. S. & Farrell, A. D. (2006) Anxiety and Psychosocial Stress as Predictors of Headache and Abdominal Pain in Urban Early Adolescents. Journal of Pediatric Psychology; 31(6): 582-596.

08 noviembre 2021

EL EFECTO REBOTE: NADA SE FIJA TAN INTENSAMENTE COMO LO QUE DESEAS OLVIDAR

PSICOLOGÍA/TRASTORNOS PSICOLÓGICOS
 EL EFECTO REBOTE: NADA SE FIJA TAN INTENSAMENTE COMO LO QUE DESEAS OLVIDAR

 


El efecto rebote es uno de los fenómenos psicológicos que más influye en nuestra vida. También es uno de los más desconocidos. Por eso caemos en sus redes una y otra vez. Dejamos que nos arrebate nuestro equilibrio mental. Y permitimos que nos haga tomar malas decisiones porque no somos conscientes de su influjo.
¿QUÉ ES EL EFECTO REBOTE?
“Intenta ponerte esta tarea: no pensar en un oso polar, y verás que el maldito animal acudirá a tu mente cada minuto”, escribió Fyodor Dostoievski en “Apuntes de invierno sobre impresiones de verano” en 1863.
Más de un siglo después la ciencia le dio la razón. Daniel Wegner, psicólogo social de la Universidad de Harvard, descubrió el efecto rebote por primera vez hace más de 25 años. Contó que aquella frase llamó su atención y se convirtió en un enigma en el que no podía dejar de pensar, así que decidió comprobar si era cierto.
Ideó un experimento simple: pidió a los participantes que verbalizaran lo que estaban pensando durante cinco minutos, mientras intentaban no pensar en un oso blanco. Si le venía a la mente un oso blanco, debían tocar el timbre. A pesar de las instrucciones explícitas para evitar pensar en el oso blanco, los participantes pensaron en el animal más de una vez por minuto, como media.
Luego Wegner les pidió que hicieran el mismo ejercicio, pero esta vez intentando pensar intencionalmente en un oso blanco. En ese punto, los participantes pensaron en el oso blanco incluso con más frecuencia que un grupo diferente, a quienes se les había dicho que podían pensar en el oso blanco desde el inicio. O sea, que no habían sido sometidos a la condición de supresión del pensamiento.
Sus resultados sugirieron que suprimir el pensamiento durante apenas cinco minutos hizo que esa imagen “rebotara” de manera más intensa en las mentes de los participantes más tarde. Aquel experimento sentó las bases para el efecto rebote.
El efecto rebote se produce cuando nos obligamos a evitar algo. Entonces esa imagen o pensamiento se reafirma en nuestra conciencia, atrayéndonos precisamente hacia lo que queremos evitar. Es un proceso paradójico, como lo calificó el propio Wegner, ya que resulta muy difícil contener los pensamientos indeseados.
Mecanismo psicológico: ¿Por qué no nos podemos quitarnos una idea de la mente?
El mecanismo psicológico que se encuentra detrás del efecto rebote es muy sencillo: cuando intentamos no pensar en algo, una parte de nuestra mente se convierte en una especie de “guardián” para evitar el pensamiento prohibido.
El problema es que esa parte se activa cada cierto tiempo para “comprobar” que no estamos pensando en ello. En ese preciso momento, la idea indeseada vuelve a entrar en nuestra mente como resultado del proceso de escrutinio constante al que nos sometemos. La mente se vuelve hipervigilante y nos tiende una trampa.
Esa es, al menos en parte, la explicación por la cual no podemos sacarnos de la cabeza a nuestra ex pareja, por qué no podemos dejar de pensar en los dulces cuando estamos a dieta o por qué esa preocupación de la que queremos deshacernos nos acosa por las noches. Todo aquello a lo que nos resistimos, reaparecerá con más fuerza.
El efecto rebote mina nuestras decisiones y comportamientos
El efecto rebote no se limita a generar imágenes o pensamientos indeseados, influye de manera directa en nuestras decisiones y comportamientos. En 2010 psicólogos de la Universidad de Londres realizaron un experimento en el que observaron los efectos de suprimir los pensamientos sobre el chocolate. 
Pidieron a un tercio de los participantes que pensaran en el chocolate, otro tercio debía intentar suprimir sus pensamientos sobre el chocolate y al resto no les dijeron nada. Todos debían registrar sus pensamientos a lo largo del experimento.
Más tarde todos los participantes tenían la tarea de calificar el chocolate de varias cualidades según su sabor. A los investigadores, sin embargo, no les interesaba la calificación, sino la cantidad de chocolate que comían. Descubrieron que quienes habían intentado suprimir sus pensamientos sobre el chocolate comieron mucho más.
La supresión no solo condujo a un efecto rebote en los pensamientos sobre el chocolate, sino que también intensificó las ganas de comer. Ese efecto fue aún más notable en las personas que ya estaban a dieta e intentaban evitar su ingesta en su vida cotidiana.
Esos mismos investigadores realizaron otro experimento que nos demuestra la fuerza oculta del efecto rebote. En esa ocasión emprendieron un estudio más extenso con fumadores. Los participantes registraron la cantidad de cigarrillos que fumaron durante tres semanas, tomando la primera semana como base para evaluar el consumo medio de cigarrillos.
En la segunda semana dieron la orden a algunos fumadores de intentar suprimir los pensamientos de fumar, a otros les dijeron que pensaran en fumar con la mayor frecuencia posible y el grupo de control simplemente continuó registrando el consumo de cigarrillos. 
¿La buena noticia? La supresión condujo a una disminución del consumo de cigarrillos durante la segunda semana en los fumadores que debían suprimir sus pensamientos sobre fumar. ¿La mala noticia? Se produjo un importante efecto de rebote en la tercera semana.
Estos experimentos nos dejan claro que: “no pienses en eso” es un mal consejo. Mientras más intentemos suprimir un pensamiento, con más fuerza aparecerá luego, haciendo que tomemos malas decisiones.
Es probable que esas malas decisiones se deban, al menos en parte, al agotamiento psicológico. Cuando debemos estar permanentemente alertas para reprimir un pensamiento o evitar cierto comportamiento, ese nivel de escrutinio y atención termina pasándonos factura cognitivamente. Es como si consumiéramos nuestra cuota de autocontrol, de manera que cuando no podemos más, se abren por completo las compuertas. Sin embargo, eso no significa que estemos completamente a merced del efecto rebote.
Los pensamientos indeseados también se cuelan en los sueños
El efecto rebote no se limita a la conciencia, los contenidos reprimidos durante el día también pueden aparecer en los sueños. El propio Wegner diseñó un experimento en el que pidió a algunas personas que escribieran lo que estaban pensando cinco minutos antes de irse a la cama.
A algunas les dijeron que debían reprimir sus pensamientos sobre otra persona, a otras que pensaran precisamente en esa persona y las últimas podían escribir libremente. Estas referencias previas al momento de dormir generalmente llevaron a los participantes a soñar más con la persona en cuestión, pero ese efecto era aún más marcado cuando se intentaron suprimir conscientemente los pensamientos.
Ese efecto rebote en los sueños se debe a que cuando dormimos perdemos el autocontrol que normalmente ejercemos de manera consciente, por lo que los elementos reprimidos tienen mayores probabilidades de reaparecer. Por consiguiente, si estamos intentando dejar el cigarrillo, es probable que soñemos con fumar. Y si queremos olvidarnos de una expareja, es probable que esta reaparezca continuamente en los sueños.
Un factor que juega a favor del efecto del rebote de los sueños son los cambios que se producen en los lóbulos prefrontales cuando dormimos, especialmente en la fase de movimientos oculares rápidos. Los pensamientos reprimidos son más accesibles durante el sueño REM ya que la eficacia de los procesos operativos disminuye. Esto hace que los pensamientos que hemos tenido justo antes de dormir se vuelvan más disponibles y se produzca una mayor actividad de búsqueda de estos contenidos suprimidos, como reveló un estudio de la Universidad de Nueva Gales del Sur.
Efecto rebote: ¿Cómo evitarlo?
El propio Wegner sugiere diferentes estrategias para evitar el efecto rebote y “reprimir a los osos blancos”:
1. Elegir un buen elemento distractor que absorba nuestra atención y enfocanos en ello. En uno de sus experimentos, el propio Wegner pidió a las personas que pensaran en un Volkswagen rojo en lugar de suprimir el pensamiento del oso blanco. ¡Y funcionó! Por supuesto, eso no significa que debamos pensar en un Volkswagen rojo sino buscar un pensamiento alternativo positivo en el cual podamos enfocar nuestra mente, de manera que la idea indeseada desaparecerá por sí sola.
2. Posponer el pensamiento. Aunque pueda parecer una solución banal, lo cierto es que plantearnos un horario para pensar en las preocupaciones que nos incomodan suele funcionar. Así al menos evitaremos que ronden nuestra mente día y noche. La estrategia es muy sencilla: en vez de enfadarnos cuando una idea indeseada acuda a nuestra mente, simplemente debemos decirnos: “voy a pensar en ello dentro de un rato, cuando termine lo que estoy haciendo”. De esta manera se le resta importancia emocional, lo cual ayudará a que no se fije con más fuerza en nuestra conciencia.
3. Exposición. Según Wegner, si nos permitimos pensar de manera controlada sobre lo que queremos evitar, será menos probable que ese contenido vuelva a aparecer en nuestra mente en otras ocasiones. De esta manera estaríamos desactivando ese mecanismo de autoescrutinio constante que reactiva la idea indeseada, a la vez que podríamos minimizar su impacto emocional familiarizándonos lo suficiente con ella.
4. Reducir la multitarea. Un estudio realizado en la Universidad de Flinders concluyó que “la carga cognitiva parece socavar la capacidad de supresión del pensamiento”, de manera que experimentamos más intrusiones. Eso significa que cuando estamos sobrecargados mentalmente, llenos de responsabilidades, agobiados y estresados, es más probable que esos pensamientos indeseados aparezcan en nuestra conciencia. Reducir el ritmo de nuestra vida, por tanto, nos ayudaría a evitar el efecto rebote.
5. Meditación mindfulness. En parte, los pensamientos indeseados se fijan tanto por las emociones negativas que generan. Con la meditación mindfulness no solo ganamos un mayor control mental, sino que aprendemos a no dar tanta importancia a esos pensamientos porque sabemos que, si no nos aferramos a ellos, se irán tal y como llegaron. De hecho, un experimento realizado en la Universidad de Washington comprobó que la meditación midnfulness era una técnica eficaz para evitar los pensamientos indeseados sobre el alcohol y ayudar a las personas a disminuir su consumo.
Fuente: Erskine, J. & Georgiou, G. (2010) Effects of Thought Suppression on Eating Behaviour in Restrained and Non-Restrained Eaters. Appetite; 54(3): 499-503.
Erskine, J. et. Al. (2010) I Suppress, Therefore I Smoke: Effects of Thought Suppression on Smoking Behavior. Psychol Sci; 21(9):1225-30.
Nixon, R. et. Al. (2009) The Influence of Thought Suppression and Cognitive Load on Intrusions and Memory Processes Following an Analogue Stressor. Behav Ther; 40(4): 368-379.
Bowen, s. et. Al. (2007) The role of thought suppression in the relation between mindfulness meditation and alcohol use. Addict Behav; 32(10): 2324–2328.
Taylor, F., & Bryant, R. A. (2007) The tendency to suppress, inhibiting thoughts, and dream rebound. Behaviour Research and Therapy; 45(1): 163-168. 
Wegner, D. et. Al. (2004) Dream rebound: The return of suppressed thought and dream. Psychological Science; 15(4): 232-236.
Wegner, D. M. et. Al. (1987) Paradoxical Effects of Thought Suppression. J Pers Soc Ps 

SEÑALES OCULTAS DEL ESTRÉS QUE MUESTRAN QUE ESTÁS AL LÍMITE DE EXTRES, AUNQUE NO LO SEPAS

psicología / Desarrollo estrés ansiedad                                                                         

SEÑALES OCULTAS DEL ESTRÉS QUE MUESTRAN QUE ESTÁS AL LÍMITE DE EXTRES, AUNQUE NO LO SEPAS

 



Todos sabemos que el estrés puede pasarnos factura. Sin embargo, no todos somos capaces de detectar las señales ocultas del estrés. Generalmente cuando nos damos cuenta de su presencia es demasiado tarde porque llevamos arrastrando ese estrés por meses o incluso años.

El estilo de vida moderno no nos ayuda precisamente a darnos cuenta de las señales ocultas de estrés. En una sociedad “siempre activa” que prioriza la producción y el consumo, el estrés permanente puede convertirse en el estado normal para sus miembros. No nos percatamos de que nuestras agendas se van llenando sin dejar un hueco libre para el descanso y corremos de un lado a otro cada vez con más prisa para poder con todo, cuando en realidad lo que necesitamos es reducir la velocidad.

Imbuidos en ese entorno, muchas veces nuestra propia velocidad nos confunde. Las señales para detectar el estrés no nos resultan tan evidentes, sino que pasan desapercibidas. Estamos demasiado ocupados haciendo malabares con la vida fuera como para prestar la debida atención a la vida interior. Mientras eso ocurre, el estrés sigue creciendo hasta afectar nuestro equilibrio mental y nuestra salud física. Por eso es importante aprender a reconocer las señales ocultas de estrés.

Las principales señales para detectar el estrés en la vida cotidiana

  1. Te has vuelto más olvidadizo. El estrés afecta la memoria y la atención. Por eso, si últimamente te has vuelto más olvidadizo, es probable que la causa sea el exceso de tensiones cotidianas y las preocupaciones. Si estás estresado, también te costará más concentrarte y cometerás más errores en tu día a día.
  2. Todo te molesta. Si en los últimos tiempos estás más irritable, el menor ruido te molesta o la más pequeña equivocación de los demás te pone de los nervios, es probable que se deba al estrés. El estrés te deja con los nervios a flor de piel, por lo que puedes volverte una persona hipersensible.
  3. Estás cansado permanentemente. El estrés consume recursos mentales y físicos. Por eso, una de sus primeras señales es el agotamiento y la fatiga. Es probable que las tareas más sencillas comiencen a consumir más energía de lo habitual o que incluso te levantes agotado. Ni siquiera los días de descanso cumplen su cometido, sino que a menudo te dejan más drenado.
  4. Tus hábitos son menos saludables. Si últimamente eliges alimentos menos saludables o te saltas el entrenamiento, es posible que se deba al estrés. El estrés agota el autocontrol, de manera que serás más propenso a elegir el camino fácil. De hecho, es probable que te descubras actuando en contra de tus propios valores simplemente porque no tienes fuerza de voluntad.
  5. Reaccionas de manera más agresiva. El estrés genera un estado de hipervigilancia. El cerebro se comporta como si estuviera en peligro, por lo que es probable que reacciones de manera más agresiva y pierdas el control más a menudo.
  6. Procrastinas más. Una de las señales ocultas de estrés es la procrastinación. Es probable que pospongas tareas que no llevan más de cinco minutos o que evites tomar decisiones. Eso se traduce en desorganización e ineficiencia, de manera que es probable que las obligaciones comiencen a amontonarse y terminen generando más estrés.
  7. Casi nada te divierte. El estrés lo permea todo. Los glucocorticoides producidos en ese estado interfieren en los niveles de serotonina en el cerebro y afectan tu capacidad para experimentar placer y mantenerte motivado. Por eso, es probable que comiences a percibir como una molestia u obligación aquellas actividades que antes disfrutabas, como jugar con tu hijo o salir con los amigos.
  8. Bebes más agua de lo habitual. La necesidad de beber más agua es una de las señales físicas del estrés. El estrés hace que el cuerpo bombee hormonas continuamente, lo cual sobrecarga las glándulas suprarrenales, las encargadas de generar una hormona llamada aldosterona que ayuda a regular los niveles de líquidos en el cuerpo. Cuando la fatiga suprarrenal progresa, la producción de aldosterona cae y provoca ese deseo de beber.
  9. Estás durmiendo poco. El estrés provoca cambios en la dinámica de sueño-vigilia. Es probable que duermas menos de lo habitual y que te cuesta conciliar el sueño. Notarás que tardas más en quedarte dormido cuando vas a la cama, a pesar de que estés cansado, debido a que la ansiedad y las preocupaciones no te abandonan.
  10. Comienzas a tener pesadillas. El contenido de los sueños refleja a menudo lo que vives durante el día. Por eso, una señal oculta del estrés son las pesadillas o sueños raros que te dejan agotado. Eso se debe a que durante el sueño el cerebro intenta procesar las emociones negativas que experimentaste durante el día, de manera que, si estabas estresado, el contenido de tus sueños lo reflejará.
  11. Estás sudando más. Cuando estás estresado, tu cuerpo genera más adrenalina ya que el cerebro piensa que estás en peligro. Eso puede hacer que las glándulas sudoríparas se vuelvan hiperactivas, lo cual se traduce en una mayor sudoración en circunstancias en las que no sudabas.
  12. Tomar decisiones se ha convertido en una misión imposible. Cuando estás estresado no solo te cuesta tomar las decisiones importantes, sino también las más pequeñas, como elegir qué comer o qué película ver. El problema es que el estrés consume tus recursos cognitivos, de manera que te quedas sin energía mental para valorar las opciones y sus consecuencias, lo cual conduce a una parálisis decisional.
  13. Comienzas a tener problemas físicos. El estrés se refleja en el cuerpo. Por eso, si llevas tiempo estresado no es extraño que comiences a padecer problemas como dolor de cabeza emocional, contracturas musculares, trastornos gastrointestinales o problemas en la piel. También es probable que notes que pierdes más cabellos de lo habitual.
  14. Enfermas con más frecuencia. El estrés afecta tu sistema inmunitario haciendo que seas más propenso a enfermar. Cuando estás tenso, a tu cuerpo le resulta más difícil luchar contra los agentes infecciosos, por lo que es probable que termines contagiándote y que los síntomas sean más intensos y la convalecencia más larga.
Ha cambiado tu apetito y tu peso. Una de las señales ocultas de estrés se encuentra en la cocina. Cuando estás estresado tu apetito cambia. Hay personas que pierden el apetito, pero otras comen mucho más ya que intentan compensar esas emociones negativas con la comida. Como resultado, notarás que tu peso corporal varía en pocas semanas.

04 noviembre 2021

PERSONAS QUE SE ENTROMETEN EN LAS RELACIONES DE LOS DEMÁS

 

Psicología/PAREJA Y SENSUALIDAD 
PERSONAS QUE SE ENTROMETEN EN LAS RELACIONES DE LOS DEMÁS

 


Todos tenemos una opinión. Es de sabios saber cuándo darla y cuándo callar. De hecho, en lo que respecta a temas tan personales como las relaciones de pareja, lo más sensato suele ser no opinar, a menos que nos pidan consejo.

Por desgracia, hay personas que no se limitan a opinar, sino que se inmiscuyen en la relación llegando a hacer daño. Esas personas no solo se creen con derecho a juzgar la relación, sino que pueden calumniar o sembrar discordia para que la relación se resquebraje.

De hecho, existen muchas maneras de inmiscuirse en una relación de pareja. No siempre se trata de ataques directo a la persona, muchas veces son dardos envenenados que se lanzan continuamente. Las personas entrometidas, por ejemplo, pueden hacer hincapié en todas las necesidades que nuestra pareja no satisface completamente. O pueden decirnos que estamos invirtiendo demasiado en esa relación o recordarnos que podemos aspirar a mejores opciones. Ponen en marcha una guerra de desgaste en la que el objetivo es minar la relación atacando su valor.

La tendencia a sabotear las relaciones de amigos y familiares

Ahora un grupo de psicólogos de las universidades de California y Azusa Pacific ha analizado el perfil psicológico de las personas que intentan sabotear las relaciones de los demás. Estos investigadores pidieron a 1 206 personas que pensaran en un amigo que mantenía actualmente una relación romántica que no les gustaba o desaprobaban. Luego debían indicar con qué frecuencia interferían en esa relación de la pareja y a continuación completaron un cuestionario de personalidad.

En una segunda parte, reclutaron a otras 2 180 personas y les pidieron que seleccionaron a un miembro de la familia que tenía o mantenía una relación que no les gustaba. Esos participantes también indicaron cuántas veces interfirieron en la relación y rellenaron un test de personalidad.

Los psicólogos comprobaron que las personas con mayor tendencia a interferir en las relaciones de sus amigos o familiares compartían dos rasgos de la “tríada oscura” de la personalidad.

¿Qué es la tríada oscura?

En 2002, los psicólogos Delroy Paulhus y Kevin Williams profundizaron en la mente de quienes calificaríamos popularmente como “malas personas” y descubrieron una serie de características comunes a las que denominaron “tríada oscura de la personalidad”. Ese núcleo oscuro de la personalidad está compuesto por el narcisismo, la psicopatía y el maquiavelismo.

Específicamente, las personas que intentan torpedear las relaciones románticas de sus allegados comparten dos rasgos: el narcisismo y la psicopatía.

La persona narcisista se caracteriza por su egoísmo y una necesidad constante de reconocimiento y admiración por parte de los demás. Se creen especiales y necesitan una atención constante, por lo que pueden sentirse celosas de ese “otro” que les arrebata el cariño del amigo o familiar.

Por eso, suelen creer que tienen derecho a inmiscuirse en las relaciones de pareja de las personas que conforman su círculo de confianza: los amigos más cercanos y los miembros de la familia. De cierta forma, “se sienten autorizados a influir negativamente en las relaciones de pareja que no les agradan”, como explican los investigadores. Las personas narcisistas creen que “saben lo que es mejor para los demás” y se sienten con derecho a dinamitar las relaciones que pueden hacerles sombra.

Por otra parte, las personas con rasgos psicopáticos se caracterizan por su insensibilidad emocional y falta de empatía. Ese rasgo las convierte en manipuladoras por excelencia de los sentimientos de los demás.

Las personas con tendencias psicopáticas pueden disfrutar interfiriendo negativamente en la relación de un amigo o familiar porque así daña a la pareja romántica que no le gusta. El daño que sufre el ser querido se considera simplemente un daño colateral”, según los investigadores.

Estas personas también suelen carecer de sentimientos de culpa y actúan de manera impulsiva. No se ponen reparos para esquivar los códigos morales o éticos si con ello consiguen sus propósitos.  

No obstante, vale aclarar que estas personas no sufren un trastorno de personalidad, tan solo tienen lo que se conoce como rasgos acentuados de personalidad. O sea, pueden tener una tendencia narcisista o psicopática más acentuada que los demás, pero sin caer en la psicopatología.

¿Cómo reaccionar ante las personas que se entrometen en las relaciones?

La relación de pareja es cosa de dos. Si desde fuera notamos que una persona se inmiscuye demasiado en esa vida íntima, es importante reaccionar rápido, pero con cautela.

Ante todo, debemos preguntarnos si su perspectiva es válida. A fin de cuentas, la implicación emocional en una relación puede impedirnos ver determinados comportamientos tóxicos que podrían estar dañándonos. Por tanto, es importante que reflexionemos sobre la posible veracidad de sus comentarios.

No obstante, si pensamos que el objetivo de esa persona es sabotear una relación de pareja equilibrada, saludable y satisfactoria, es importante ponerle coto antes de que sea demasiado tarde. Lo mejor es ser tajante, sin llegar a ser groseros, pero asegurándonos de no dejar espacio a las interpretaciones ni a futuras intromisiones.

Fuente:

Collisson, B. et. Al. (2021) Meddling friends and family: Dark Tetrad traits predict interference in disliked couples’ romantic relationships. Journal of Social and Personal Relationships; 38(7): 2008-2028.