14 enero 2020

psicología desarrollo personal                                                                               
MADURAMOS CON LOS DAÑOS, NO CON LOS AÑOS
Envejecer es inevitable, pero ello no implica que hayamos madurado. No es el tiempo lo que nos hace cambiar nuestra perspectiva y crecer como personas sino las experiencias que hemos vivido. Porque cuando se trata del camino de la vida, a menudo lo importante no son los logros que alcanzamos, sino la persona en la que nos hemos convertido mientras tomábamos nuestras decisiones.
De hecho, durante décadas se pensó que la vejez era una etapa de pérdidas. Hoy sabemos que, al igual que el resto de las fases de nuestra vida, durante la vejez perdemos algunas habilidades, pero ganamos otras. Por ejemplo, nuestra inteligencia pasa a ser cristalizada, lo cual significa que se basa más en las experiencias y habilidades que hemos adquirido a lo largo de la vida. También somos más prudentes, empáticos, comprensivos y mucho más inteligentes emocionalmente.
Sin embargo, no es el paso del tiempo quien nos hace estos dones, son las experiencias que hemos vivido, las situaciones difíciles que hemos tenido que afrontar y los conflictos que hemos resuelto. Por eso, también hay personas jóvenes que tienen una gran madurez y muestran una gran resiliencia, mientras que algunos adultos continúan teniendo un pensamiento infantilizado plagado de estereotipos.
No es el tiempo lo que nos hace comprender que debemos aprender de nuestros errores y fracasos, son los daños que hemos sufrido los que nos impulsan a renovar nuestro espíritu. Y es que salir heridos de las batallas de la vida nos enseña que hay mil causas que nos pueden hacer sufrir, pero hay mil y una razones para recomponerse y seguir adelante.
La sal de la vida
Un buen día, un maestro hindú se cansó de escuchar las quejas de su discípulo y decidió darle una lección. Le envió a buscar un puñado de sal. Cuando este regresó, le pidió que tomara un poco de sal y la echara en un vaso de agua, para luego beberla.
- ¿Que tal sabe? – le preguntó el maestro
- ¡Está salada y amarga! - respondió el discípulo.
El maestro, con una sonrisa en el rostro, le pidió que le acompañara al lago. Le pidió que echara la misma cantidad de sal y que bebiera el agua. Así lo hizo el joven.
- ¿A qué sabe el agua? – le volvió a preguntar.
- Está muy fresca.
- ¿Te supo a sal?
- No, en absoluto.
Entonces, el maestro le dijo: "El dolor que hay en la vida es como la sal. La cantidad de dolor siempre es la misma, pero el grado de amargura que probamos dependerá del recipiente donde versemos la pena. Por tanto, cuando experimentes dolor, lo único que debes hacer es ampliar tu perspectiva sobre las cosas. Deja de ser un vaso de agua y conviértete en un lago".
El valor de los años
Los años también son valiosos, por supuesto. El paso del tiempo nos permite asumir cierta perspectiva, alejarnos de las pasiones y los sentimientos que experimentamos en su momento para valorar la situación con mayor objetividad. Con los años podemos mirar atrás y encontrar un lugar para cada cosa, dándole a cada hecho su justa dimensión.
Con los años podemos reírnos del temor que nos infundía el maestro del colegio o de la ansiedad que despertaba la perspectiva del primer beso. El tiempo no borra las experiencias, pero mitiga su impacto emocional, nos serena para que podamos mirar atrás y, de cierta forma, reescribir nuestra historia.
Sin embargo, para lograr ese cambio de perspectiva que nos haga crecer, para dejar de ser un vaso y convertirnos en un lago, es necesario estar dispuestos a cambiar, aceptar y dejar ir. El simple paso del tiempo no suele ser suficiente para olvidar un amor o perdonarse un gran error, es necesario que pongamos de nuestra parte.
El valor del dolor
El dolor, las dudas, la incertidumbre, los conflictos, las pérdidas y los errores también son grandes maestros de vida. Y son necesarios para que podamos comprender las cosas en su verdadera magnitud. Las lágrimas pueden ser saladas y escuecen en las heridas pero también tienen el poder de limpiar nuestros ojos para permitirnos ver el mundo con mayor claridad.
Solo cuando hemos sufrido podemos entender que el mundo es hermoso y que hay cosas por las que vale la pena luchar. En ese momento entendemos que el camino no es demasiado largo ni penoso si el destino vale la pena. Después de haber sufrido, comprendemos que todo es relativo y podemos ver el mundo bajo una luz nueva, dejamos de ser un pequeño vaso para convertirnos en un lago.
De hecho, las personas que no han tenido una vida fácil se han visto obligadas a recorrer los caminos más complicados que existen, los de ellas mismas. Estas personas han tenido que mirar dentro de sí, para comprender sus emociones, tomar decisiones difíciles y seguir adelante. En ese proceso, han encontrado su verdadero “yo”, han crecido.
En el miedo, han aprendido a no temer y en el dolor, han aprendido a lidiar con el sufrimiento. Esas enseñanzas son cicatrices de guerra que serán como migas de pan que les indiquen el camino la próxima vez que deban enfrentar obstáculos similares. Porque al mirar atrás, habrán aprendido la lección más valiosa de todas: nada es permanente, todo pasa.
Esto implica que, aunque no debemos buscar de forma masoquista el dolor, tampoco es necesario huir de este o intentar esconderlo porque siempre tiene una lección que enseñarnos. El dolor nos hace más humanos, más sabios y nos permite crecer.
Recuerda que siempre es tu decisión: verter el dolor en un vaso o en un lago.

13 enero 2020

VIVIR SIN PENITENCIAS: LA TEORÍA DE LA PLAZA DE APARCAMIENTO LIBRE DE LA VIDA


psicología desarrollo personal                                                                               
 VIVIR SIN PENITENCIAS: LA TEORÍA DE LA PLAZA DE APARCAMIENTO LIBRE DE LA VIDA

“No aparques a un kilómetro de tu destino solo porque pienses que no vas a encontrar una plaza libre más cerca. Ve exactamente a donde quieres estar. Si no hay espacio, siempre tendrás la oportunidad de dar media vuelta. En otras palabras: no te des por satisfecho demasiado rápido en tu vida.
“Haz lo que te apasiona, haz lo que realmente te importa. No pongas en práctica el Plan B, el plan de seguridad, hasta que no hayas intentado el Plan A”.

Estas fueron las palabras de Catherine Drew Gilpin Faust en uno de los discursos de graduación de los estudiantes de la Universidad de Harvard. Y la profesora Faust sabe muy bien de lo que habla ya que ha sido la primera mujer en asumir el puesto de rector en esa universidad. En este discurso perfiló su “Teoría de la plaza de aparcamiento libre de la vida”.

Y es que cuando hablamos de decisiones importantes en la vida, esas que marcan nuestro destino, es importante reflexionar y elegir un camino del que no podamos arrepentirnos más tarde, es fundamental plantearnos la meta más ambiciosa y luchar por conseguirla. De esta forma no habrá espacio para frases como “si aquella vez hubiera…” o “qué habría pasado si…

Eres tus metas y tu camino, no descuides ninguno

Luchar por tus sueños y atreverte a alcanzarlos es la clave para vivir sin arrepentimientos. Sin embargo, también encierra un peligro mortal.

Por ejemplo, imagina que tienes un sueño muy ambicioso y que trabajas sin descanso para alcanzar tus objetivos. Te entregas en cuerpo y alma, día tras día, para alcanzar el añorado éxito. Sin embargo, es probable que cuando llegues a la meta te sientas vacío por dentro, que no consigas la satisfacción que soñabas y, por consiguiente, ello te llevará a preguntarte si realmente has hecho bien, si ha valido la pena tanto sacrificio. En ese preciso instante quizás te cuestiones si no habrías invertido mejor esos años en disfrutar de otros placeres de la vida, en vez de entregarte 100% a tu sueño. 

De hecho, un estudio muy interesante realizado en el University College London demostró sin lugar a dudas algo que probablemente ya sabes: que somos pésimos prediciendo nuestras reacciones emocionales ante las situaciones futuras. En este experimento los psicólogos reclutaron a 47 personas y les dieron £10, que debían compartir como quisieran con un desconocido que se encontraba en otra habitación. Sin embargo, les dijeron que, si el extraño rechazaba su oferta, ambos se irían con las manos vacías. A continuación, les preguntaron cómo se sentirían si eso ocurriese.
Obviamente, todo estaba preparado para que el desconocido rechazara la oferta y las personas perdieran el dinero porque el objetivo era evaluar la precisión con la que los participantes podían predecir sus emociones ante el rechazo.

Asombrosamente, la mayoría de los participantes se sintieron menos decepcionados de lo que esperaban.
A continuación, estos investigadores reclutaron a 27 estudiantes y les pidieron que predijeran cómo se sentirían si sacaban una nota baja o alta en uno de los exámenes de fin de curso. Los investigadores regresaron después del examen y les preguntaron cómo se sentían. Una vez más, se apreció que habían sobreestimado los sentimientos, tanto los negativos como los positivos.

Estos experimentos nos demuestran que solemos exagerar el impacto emocional de las situaciones, pensando que nos sentiremos mejor o peor. Por eso, después de haber añorado durante mucho tiempo un sueño, cuando finalmente este se cumple, no nos sentimos tan felices como esperábamos. Darnos cuenta de ello puede ser devastador, sobre todo si hemos empleado mucho tiempo en ese proyecto y hemos hecho que muchas de nuestras ilusiones descansen sobre esa meta. 
Por eso, aunque es cierto que debemos apuntar alto, que debemos luchar por nuestros sueños y no darnos por satisfechos, no es menos cierto que debemos aprender a disfrutar el camino. Es importante encontrar un equilibrio porque de lo contrario, corremos el riesgo de llegar vacíos a nuestra meta. 

Esto significa que mientras seguimos el camino hacia nuestros sueños, también debemos aprender a valorar lo que tenemos, aquí y ahora. No se trata de una contradicción, sino de evitar vivir con frustración, a la espera permanente de que los sueños se hagan realidad. 

Esto también significa que debemos ahorrar nuestra energía y esfuerzos. No se trata de encontrar siempre la mejor plaza de aparcamiento, a como dé lugar. En nuestro día a día, podemos deshacernos de esa tendencia obsesiva por lograr la perfección y contentarnos simplemente con una buena plaza, porque buscar continuamente la mejor opción, esa que satisfaga todos nuestros requisitos, no solo nos hace perder un tiempo valioso, sino que puede ser muy frustrante.

¿Qué enseñanzas nos deja la teoría de la plaza de aparcamiento libre para la vida?
 No temas al fracaso o a equivocarte, porque siempre podrás regresar a tu zona de confort. Recuerda que no hay peor arrepentimiento que el de los sueños que dejaste escapar porque no tuviste coraje para atraparlos en su momento.

- Cuando se trata de grandes sueños, no apuestes inmediatamente por el “Plan B”, atrévete a arriesgar porque solo así sabrás de qué eres capaz. Cuando te obligas a dar un paso más, expandes tu potencial y das lo mejor de ti.

- Si fracasas, no te avergüences, los errores son humanos y forman parte del aprendizaje. Simplemente acepta la experiencia, no te desanimes y ponte manos a la obra nuevamente para buscar un proyecto más realista y abordable.

- Mientras persigues tus sueños, recuerda disfrutar el presente, porque es lo único que tienes. No dejes que la promesa del futuro te arrebate la felicidad de la que puedes disfrutar ahora mismo. Mira al futuro con esperanza, no con frustración.

09 enero 2020

LAS CUALIDADES MÁS IMPORTANTES DE UN PSICÓLOGO


 PSICOLOGÍA
LAS CUALIDADES MÁS IMPORTANTES DE UN PSICÓLOGO
7 CUALIDADES DE UN  BUEN PSICÓLOGO

La labor del psicólogo puede llegar a ser estresante, agobiante y, no siempre es todo lo satisfactoria que desearía. Al estar en contacto con personas que suelen tener problemas para gestionar sus emociones o que viven conflictos graves, este profesional necesita una preparación especial y no solo en lo que respecta a las técnicas de diagnóstico y tratamiento sino en el manejo de sus propias emociones, frustraciones e impulsos. 
Por eso se enfatiza tanto en las cualidades de un psicólogo y también por eso normalmente se realizan pruebas de actitud antes de entrar en la carrera, pruebas que evalúan las potencialidades que el aspirante tiene en el plano de las relaciones humanas y del autocontrol.
¿Cuáles son las cualidades más importantes de un psicólogo?
1. Autocontrol emocional. Probablemente se trata de la cualidad más importante, al menos desde el punto de vista del equilibrio mental del profesional ya que esta característica le permite regular sus emociones de manera asertiva e independientemente de lo que suceda en la consulta. Por supuesto, el autocontrol emocional no implica que determinados hechos no impacten en el psicólogo porque, al fin y al cabo, es una persona con emociones y un pasado, sino que le permite regular sus sentimientos delante de la persona, para no responder echándose a llorar o enfadándose. El autocontrol emocional también sirve para generar confianza en el paciente ya que este percibe al terapeuta como una persona estable en quien apoyarse.
2. Empatía. El psicólogo no solo debe sentir simpatía por la persona que tiene delante, debe ir un paso más allá y ponerse en su lugar para sentir lo que siente y pensar cómo piensa. Solo de esta forma puede ayudarle realmente ya que así logra comprender la magnitud del problema que la persona está viviendo. De hecho, a nivel de laboratorio se ha podido apreciar que los cerebros de las personas que son muy empáticas reaccionan de la misma manera que el de quienes están viviendo el problema en carne propia. Es como cuando leemos un libro y nos metemos tanto en la piel del personaje que sentimos su misma frustración, dolor o tristeza. Si el psicólogo no logra ser empático, es probable que minimice el problema motivo de consulta o que aplique técnicas inadecuadas. 
3. Apertura mental. Las personas confían en el psicólogo por lo que a menudo le cuentan hechos que van en contra del sistema de creencias y valores del profesional. En esos casos, el psicólogo debe tener la suficiente apertura mental como para comprender por qué una persona se comporta de determinada manera y debe ser lo suficientemente tolerante como para aceptar esas conductas. Cuando el psicólogo no logra aceptar a la persona que tiene delante, enviará señales extra verbales de rechazo y, tarde o temprano, estas serán detectadas por el paciente, que no se sentirá cómodo y probablemente abandonará la terapia. 
4. Introspección. Se trata de una de las cualidades del psicólogo a la que menos se hace referencia pero es una de las más importantes. A través del proceso de introspección el psicólogo no solo logra reequilibrar sus estados emocionales y comprender sus impulsos y deseos sino que también se acerca aún más al mundo de la psiquis. La introspección, el quedarse a solas consigo mismo, es la piedra angular del crecimiento personal pero también es una llave para descubrir cómo funciona la mente. 
5. Paciencia. La psicoterapia a menudo es un proceso largo donde ocurren retrocesos. Al contrario de lo que muchos piensan, los retrocesos de los pacientes también afectan al psicólogo ya que aunque este sabe que forman parte del proceso, también le llevan a cuestionarse el método empleado o incluso sus capacidades para afrontar el caso. Por eso, y porque no siempre es fácil lidiar con algunos comportamientos que pueden sacar de sus casillas a cualquiera, la paciencia es una cualidad esencial de la que todo psicólogo debe hacer gala. 
6. Integridad. El psicólogo debe inspirar confianza de manera que las personas se sientan cómodas contándoles sus problemas que probablemente no se han atrevido a desvelarle a nadie. Esta sensación de confianza se puede crear a partir de pequeños detalles, que van desde los movimientos corporales del terapeuta hasta la decoración de la consulta, pero la base es el sistema de valores del psicólogo. Cuando una persona nota que el profesional es seguro de sí, que se conoce bien a sí mismo, que tiene claras sus metas y que es congruente con lo que piensa, depositará su confianza y se abrirá.
7. Habilidades comunicativas. La palabra es el principal medio de trabajo del psicólogo pero las habilidades comunicativas no se restringen a esta. El psicólogo debe ser, ante todo, un buen oyente, debe mantenerse atento al lenguaje corporal de las personas para poder descifrarlo y debe transmitir a través de su gestualidad, mucha confianza y tranquilidad.

07 enero 2020

CUANTAS MENOS COSAS HAGA UN JUGUETE, MÁS COSAS HARÁ LA MENTE DEL NIÑO

Psicología Infantil
CUANTAS MENOS COSAS HAGA UN JUGUETE, MÁS COSAS HARÁ LA MENTE DEL NIÑO
Hace décadas, los juguetes eran un privilegio del que todos los niños no podían disfrutar. Sin embargo, suplían su falta recurriendo a la imaginación, de manera que cualquier otro objeto de uso cotidiano podía convertirse en un juguete. En los últimos años, los niños tienen tantos juguetes que prácticamente no les prestan atención, y estos son cada vez más sofisticados. Quizá estamos equivocando el camino porque más no es sinónimo de mejor.
Por supuesto, no se trata de privar a los niños de los juguetes ya que estos no solo son una fuente de diversión sino también de aprendizaje, pero debemos tener presente que como regla general mientras más cosas haga un juguete, menos hará la mente del niño. El juego libre es esencial durante la infancia, por lo que los padres y maestros deben proporcionar a los pequeños más juguetes que estimulen su fantasía y creatividad, en vez de apostar por juguetes híper tecnológicos que promuevan un juego demasiado estructurado.
La importancia del juego libre en un mundo estructurado al milímetro
En el juego, los niños ponen a prueba muchas habilidades que son fundamentales para su desarrollo, desde habilidades físicas y manuales hasta habilidades cognitivas y sociales. También desarrollan sus habilidades emocionales, mientras juegan los niños aprenden cómo regular su miedo e ira y, por tanto, desarrollan el autocontrol emocional, algo que luego le servirá para mantener la calma en situaciones amenazantes de la vida real.
Las actividades estructuradas, como los deportes, los juegos de mesa con reglas y los juguetes tecnológicos, también son herramientas de desarrollo útiles, pero no cumplen la misma función que el juego libre. El juego libre está centrado en el niño, es iniciado por el niño y controlado por el niño, no requiere la participación de los adultos. Por tanto, ese juego es fluido; los niños determinan y controlan las reglas, deciden cómo juegan y cómo evoluciona el juego. Eso hace que las reglas cambien a medida que evoluciona la actividad, lo cual significa que es un proceso espontáneo e intrínsecamente gratificante para los niños, que solo juegan por la diversión, centrándose plenamente en el aquí y ahora.
El juego libre también demanda que los niños cambien y se ajusten a las nuevas circunstancias. De hecho, ese es uno de sus principales beneficios: contribuye a desarrollar la flexibilidad cognitiva, la adaptabilidad y la capacidad de respuesta. Las investigaciones demuestran que el juego libre estimula las capacidades creativas y la habilidad para resolver problemas a largo plazo. Al eliminar este tipo de juego poniendo reglas y estableciendo límites, disminuyen estas experiencias. 
En el juego libre no estructurado los niños no solo ponen a prueba sus habilidades para adaptarse a las circunstancias cambiantes, sino que además desarrollan sus habilidades sociales y de resolución de conflictos, aprendiendo a escuchar las necesidades de los demás y hacer valer las suyas. En esa negociación constante necesitan alcanzar un equilibrio para que el juego continúe, lo cual también les obliga a ponerse en el lugar del otro y desarrollar la empatía y las habilidades de comunicación. Para seguir jugando, ambos niños deben sentirse satisfechos, lo cual les obliga a ceder un poco, de manera que aprenden a solucionar los conflictos desde técnicas ganar-ganar.
Por último, pero no menos importante, el juego libre libera su imaginación, de manera que buscan maneras creativas para entretenerse y aprenden a lidiar con el aburrimiento sin sentirse frustrados. Se ha demostrado que el aburrimiento ocasional es un potente motor impulsor de la creatividad, además de servir a los niños para que aprendan a gestionar su tiempo libre.

Por eso, ahora que se acerca la temporada de regalos, si quieres elegir un juguete realmente desarrollador, la clave radica en que sea sencillo. A continuación, podrás encontrar algunos ejemplos.
7 juguetes que estimulan la fantasía y la creatividad infantil
1. Rompecabezas Magnético Se trata de un juguete educativo ideal para los niños mayores de 3 años, ya que contiene piezas pequeñas. Está compuesto por 100 piezas que los niños pueden organizar a su gusto para formar diferentes escenarios. Lo interesante es que, aunque se trata de un rompecabezas, deja espacio a la creatividad y, mientras los niños intentan “encajar” las piezas, van aprendiendo a dibujar los muñecos en la misma pizarra.
2. Bloques magnéticos de construcción
Se trata de piezas magnéticas muy fáciles de unir con las que los niños podrán dar vida a sus ideas en 3D. Este conjunto en especial consta de 72 piezas, algunas triangulares y otras cuadradas, y sus colores brillantes están pensados para llamar la atención de los más pequeños, ya que se puede usar a partir de los 3 años de edad, estimulando su creatividad hasta límites insospechados. Por supuesto, los imanes son seguros y sostienen muy bien las estructuras que se construyan. 
3. Tubos flexibles
Se trata de uno de los juguetes más sencillos y originales que he visto en los últimos tiempos. Está compuesto por tubos flexibles y accesorios para permitir que el niño pueda crear todo tipo de figuras originales. Dado que lo pueden usar a partir de los 3 años, con la supervisión de un adulto, permite comenzar a explorar las formas y más adelante, a medida que crezca, podrá crear figuras más complejas en 3D. Es uno de esos juegos que crece junto con el niño y de los que nunca se aburren ya que todo lo que necesitan es ingenio para darle vida a nuevas formas.
Piezas de construcción
Este juguete en especial es ideal para desarrollar la motricidad fina, la creatividad y la capacidad para resolver problemas. Con las diferentes piezas se pueden crear lo mismo imágenes en 2D o 3D, en dependencia de la edad del pequeño. De hecho, se puede comenzar a utilizar desde los 3 años con la supervisión de un adulto. El niño podrá unir las diferentes piezas usando tornillos y tuercas, construyendo todo lo que pueda imaginar, combinando colores y formas.
. Tablero de setas
Era uno de mis juegos preferidos cuando era pequeña ya que el único límite era la fantasía. Y cuando terminaba de componer una figura, ya estaba pensando en la siguiente. Este juguete desarrolla la imaginación, la coordinación ojo-mano y la creatividad. Lo pueden usar los niños mayores de 3 años con la supervisión de un adulto ya que las piezas son bastante pequeñas. Solo tendrá que ir colocando las pequeñas setas hasta formar una figura, o un cuadro mucho más complejo, jugando a combinar los diferentes colores.
6. Bonches
Este juego de ensamblaje está causando furor entre los más pequeños ya que el único límite es su fantasía. Está recomendado para niños de más de 6 años ya que está compuesto por piezas de plástico de diferentes colores que se unen fácilmente por contacto gracias a unos ganchos alargados que funcionan como si fueran velcros. Este paquete tiene 1000 piezas de diferentes colores e incluye desde ojitos hasta gafas, sombreros y alas, para que los niños puedan crear cualquier personaje que imaginen. 
7. Bolas Magnéticas de Descompresión

Este juguete ya es para niños mayorcitos, o para los adultos que aún tienen alma de niño y no se resignan a dejar de jugar. Se trata de un cubo compuesto por 216 bolas de acero inoxidable e imantadas. Lo más interesante es que podemos llevarlo con nosotros y los niños pueden usarlo en su tiempo libre o divertirse con sus amigos creando distintas formas. De hecho, no solo es divertido y estimula la creatividad, sino que también contribuye a aliviar el estrés. La cantidad de figuras que se pueden formar es tal que incluso existen vídeos en YouTube donde los adolescentes comparten esa pasión.

04 enero 2020

YO, TÚ, NOSOTROS… LOS PRONOMBRES QUE PREDICEN LA DEPRESIÓN


PSICOLOGIA/DEPRESION 
YO, TÚ, NOSOTROS… LOS PRONOMBRES QUE PREDICEN LA DEPRESIÓN
El castellano es un idioma riquísimo, tenemos numerosas palabras para indicar un mismo objeto o evento. Por tanto, la elección de una u otra palabra no siempre se debe al azar. Este es un tema que desde hace décadas fascina a los psicólogos. De hecho, se conoce que las personas que utilizan a menudo la frase “yo pienso” tienden a priorizar la lógica sobre las emociones, las que usan el “yo siento” prefieren ver el mundo a través de lo que experimentan emocionalmente y las que apuestan por el “yo creo” tienden a ser más respetuosas de las opiniones de los demás.
Sin embargo, en esta ocasión haré referencia al uso de los pronombres personales. Una investigación reciente desarrollada por el famoso psicólogo Johannes Zimmermann, nos indica que la elección de algunos pronombres y no otros es un indicador de problemas en las relaciones interpersonales y en el humor.
Zimmermann y sus colegas analizaron 180 sesiones de psicoterapia y contaron los pronombres que los pacientes utilizaban durante la conversación. Este primer estudio, de carácter meramente explorativo, desveló que cuando las personas hablaban de ciertos temas, sobre todo de los más tristes, tienden a usar el pronombre de la primera persona del singular (yo). A partir de este descubrimiento, los investigadores hipotetizaron que existe una relación entre los pronombres que utilizamos y los estados de ánimo.
Para confirmar esta hipótesis reclutaron a 118 personas, de las cuales 99 ya estaban asistiendo a terapia. A todos se les aplicó una entrevista para diagnosticar los posibles trastornos del estado de ánimo, como la depresión. Durante la entrevista se valoró el uso de los pronombres.
Así se pudo apreciar que las personas que puntuaron más alto en la escala de depresión eran las que utilizaban con mayor frecuencia el pronombre “yo” y no usaban casi nunca los pronombres en plural, como el “nosotros”.
A la búsqueda de respuestas
Para la mayoría de los psicólogos que tienen una consulta, esta investigación es como descubrir el agua tibia. En realidad, el uso del “yo” en la persona deprimida es normal por dos razones:
1. Porque normalmente se encierra en sí mismo y no tiene experiencias que contar más allá de su depresión.
2. Porque al perder el entusiasmo por la vida, lo único que verdaderamente le interesa es su depresión.
Es como si se tratase de una persona que está sola y encerrada en una cueva (entiéndase la depresión). Es obvio que utilizará mayormente el pronombre personal ya que su ámbito de experiencias se limita a él mismo.
No obstante, lo más interesante no es la explicación sino la pregunta que suscita este estudio: ¿cambiando el uso de los pronombres podríamos mitigar en cierta manera la soledad y desesperanza que experimenta una persona deprimida? ¿Es posible que usando los pronombres “tú” y “nosotros” la persona deprimida vuelva a abrirse al mundo?
Particularmente, considero que reflexionar un poco más sobre las palabras que usamos siempre es positivo. Obviamente, un mero cambio de pronombres no será suficiente para combatir la depresión y eliminarla del todo, pero es una estrategia más que puede ayudarnos a sentirnos mejor.

03 enero 2020

EL DUELO PSICOLÓGICO: LA MUERTE DE UN SER QUERIDO


psicología /desarrollo personal                                               
EL DUELO PSICOLÓGICO: LA MUERTE DE UN SER QUERIDO
La muerte de un ser querido deja un vacío inmenso, a veces sientes un dolor profundo y lacerante que te quita el aliento y las ganas de vivir. Y es que enfrentar el hecho de que una persona a la que amabas no está más a tu lado es uno de los retos más difíciles ante los cuales nos pone la vida.
Muchos afirman que el tiempo lo cura todo, particularmente no creo que esta frase de la sabiduría popular pueda aplicarse a los casos en que perdemos a una persona amada. Con el pasar del tiempo los sentimientos de dolor profundo se van mitigando y en su lugar se instaura una nostalgia que va y viene y que se hace particularmente fuerte en las fechas significativas o en los momentos en que necesitamos apoyo emocional. Así, la ausencia de la persona amada siempre se mantiene, aunque pasen años, pero afortunadamente es algo con lo que aprendemos a vivir.

Cuando ocurre la muerte de un ser querido todos pasamos por una etapa de duelo psicológico pero cada cual la elabora a su manera.

La primera etapa del duelo se le denomina de evitación porque la persona, asumiendo un mecanismo de defensa, niega la pérdida. En esta fase nos sentimos en estado de shock y se manifiestan los sentimientos de incredulidad hacia lo acontecido. En otras palabras, nos sentimos profundamente tristes, lloramos con frecuencia, pero aún no hemos concientizado la pérdida de la persona. Esta fase le permite a nuestro Yo asimilar gradualmente el golpe y puede durar lo mismo algunas horas, semanas o incluso meses.
La segunda etapa es la fase aguda del duelo donde ya hemos comprendido que la persona amada no estará más y comenzamos a experimentar el dolor por la separación. Entonces emerge el desinterés por las cosas que nos rodean y por el mundo en sentido general y surgen los sentimientos de angustia y de rabia. Esta fase es particularmente difícil porque estamos deshaciendo los lazos con la persona que perdimos pero a la misma vez no deseamos hacerlo por lo que experimentamos continuamente sentimientos ambivalentes. A veces nos sentimos alegres por alguna situación e inmediatamente nos recriminamos por ello.

En esta fase solemos reflexionar mucho sobre las características de nuestra relación con la persona que hemos perdido y usualmente aparecen los sentimientos recriminatorios y de culpabilidad pues pensamos que de alguna forma pudimos evitar su muerte o podíamos haber actuado de otra manera en algunos momentos de la relación. Obviamente, tener estos pensamientos no sirven de nada, pero en muchas ocasiones los mismos acuden una y otra vez a la mente, siendo particularmente difícil eliminarlos.

En la última fase, la resolución del duelo, finalmente nos reconectamos con nuestra vida cotidiana en el sentido de que volvemos a encontrarle un sentido a las actividades que realizamos. Entonces cuando recordamos a la persona que hemos perdido no aparecen sentimientos de profunda tristeza sino de cariño y nostalgia.
¿Existe alguna forma de evitar el duelo?
Absolutamente ¡no! Pero si existen formas diversas de elaborar el duelo de forma que el mismo sea más llevadero para nosotros. Así, es importante que:
- Te des permiso para estar en duelo. Necesitas ser vulnerable, sentir el dolor y aceptarlo como algo normal.
- Deja que las emociones fluyan. No hay nada más negativo que no expresar las emociones porque éstas terminan haciéndonos daño. Por ello, cuando expresamos la rabie, el miedo y el dolor; estaremos transitando el camino hacia la recuperación.

- Bríndate tiempo para recuperarte y sé paciente contigo misma. No quieras estar bien de la noche a la mañana, fingir que eres fuerte y retomar la vida como si nada hubiese pasado. La pérdida de una persona amada es algo que nos cambia y necesitamos tiempo para aceptarlo.
- Busca apoyo en los otros. De seguro hay personas a tu alrededor que están dispuestas a ayudarte pero no saben cómo. Ayúdalos a ayudarte.
- Bríndate el permiso para descansar y para divertirte. No tienes que sentirte en culpa si en algunos momentos la pasas bien con los amigos y sobre todo: no te atiborres de trabajo como una forma para olvidar, sólo conseguirás dañar tu salud.

- Aplaza las decisiones importantes que debas tomar en tu vida. Cuando perdemos a un ser querido nos sentimos particularmente frágiles, no podemos pensar con claridad y somos propensos a tomar decisiones de las cuales después podemos arrepentirnos. Lo mejor es dejar a un lado todas aquellas decisiones importantes que puedan ser postergadas para tomarlas en un momento más adecuado. Recuerda que iniciar una nueva relación afectiva no suplantará jamás la pérdida.

Consejos para aquellos que sostienen a la persona que ha experimentado la muerte de un ser querido
Quienes están alrededor de la persona que experimentó la pérdida usualmente se preguntan qué deberían hacer para aliviar el dolor. En primer lugar, deben conocer que ninguna frase es buena para consolar porque absolutamente cualquier idea adquiere un carácter nimio. Las frases hechas no sirven de nada, comunicamos mucho mejor nuestro sentir y pesar con un abrazo que diciendo frases del tipo: “con el tiempo o superarás”; precisamente porque en esos momentos la persona no desea superar nada y porque, con el pasar del tiempo uno se sobrepone al dolor, pero no supera la pérdida.
Así, la mejor forma de ayudar es apoyar con la presencia y escuchar lo que tiene que decir la otra persona. En esos momentos lo más importante para quien perdió a alguien es sentir el cariño y la comprensión de las personas que le quedan.
Otra forma de ayudar a la persona es proponiéndole actividades que puedan ser de su agrado y que puedan distraerla de pensar en la pérdida. No obstante, debe puntualizarse que si la persona no está de humor para ello, es preferible dejarla y no insistir.
Por último, debe conocerse que el periodo de un duelo “normal” se puede extender hasta por seis meses. Pasado este tiempo si la persona no se repone es necesario pedir ayuda especializada.
Francois Mauriac: La muerte no nos roba los seres queridos. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente.”

02 enero 2020

CUANDO EL SENTIMIENTO DE CULPA TE ATRAPA: LA TRANSFERENCIA MORAL


 psicología Social    
CUANDO EL SENTIMIENTO DE CULPA TE ATRAPA: LA TRANSFERENCIA MORAL
Ya sabemos que la culpa es uno de los sentimientos más dañinos que existe porque nos impide mirar al futuro y, a la misma vez, no nos deja vivir el presente puesto que nos mantiene atados al pasado. Sin embargo, lo interesante es que generar el sentimiento de culpa es muy sencillo, mucho más de lo que podrías suponer. El simple hecho de darle la mano a un ladrón o a un mentiroso o incluso sentarse en la silla que ellos habían usado antes, puede generar la culpa. O al menos eso es lo que demuestra un estudio muy interesante realizado en el ámbito de lo que en la Psicología se conoce como “transferencia moral”.
Los investigadores reclutaron a 54 estudiantes universitarios, a la mitad de ellos se les dijo, como por casualidad, que la silla donde estaban sentados había sido ocupada antes por un estudiante que había sido descubierto intentando robar. 
Después, todos los participantes llenaron una prueba de personalidad dirigido a evaluar cómo se sentían en ese momento. En la prueba se incluían ítems para valorar emociones como la ira, la culpabilidad y la tristeza, como, por ejemplo: “me siento mal por algo” o “siento que tengo que disculparme”.
¿Qué sucedió?
Como podrás suponer, a las personas a las cuales se les comentó que estaban usando la silla que había sido utilizada por un ladrón, mostraron más sentimientos de culpa. 
Sin embargo, el experimento no terminó ahí. Los investigadores reclutaron a 48 estudiantes más y a la mitad de ellos se le presentó a una persona que les estrechó la mano. Después se les comentó que esa persona había hecho trampa en los exámenes. 
Una vez que los estudiantes terminaron el test de personalidad, los investigadores apreciaron un elevado sentimiento de culpa, como si hubiesen sido ellos mismos quienes hubiesen hecho trampa en sus exámenes.
Estos experimentos nos enseñan cuán fácil es generar el sentimiento de culpa en una persona pues a veces un simple comentario puede ser suficiente para desatar todo el mecanismo. El problema radica en que cuando nos sentimos culpables por algo, somos más susceptibles y podemos estar a merced de las personas manipuladoras. Por tanto, la próxima vez que te sientas culpable por algo, analiza atentamente tu entorno y a las personas que te rodean, es probable que alguien esté intentando poner su responsabilidad sobre ti, aunque sea de manera inconsciente.