25 enero 2021

HAY SEÑALES QUE INDICAN QUE NO TE QUIERES LO SUFICIENTE

psicología /desarrollo personal  

 HAY SEÑALES QUE INDICAN QUE NO TE QUIERES LO SUFICIENTE


La vida es demasiado corta como para malgastarla preocupándose excesivamente por lo que piensan los demás. Cuando nos sentimos seguros de nosotros mismos y proyectamos una imagen de confianza y serenidad, son las otras personas quienes desean estar a nuestro lado. Al contrario, cuando buscamos desesperadamente su aprobación terminamos convirtiéndonos en una persona sin carácter, que no sabe lo que quiere y cuya felicidad depende de los otros.

Por eso, es importante mantenerse atentos a esas sutiles señales que indican que no nos amamos lo suficiente, indicadores de que no nos aceptamos tal como somos, quizá porque nos sentimos inadecuados o creemos que no somos lo suficientemente buenos. 

Sin embargo, recuerda que para que los demás te acepten, primero debes aceptarte tu; para que los demás te amen, primero debes amarte. El trabajo empieza por casa.

Una persona que no se acepta, no logra amarse

1. No te sientes libre para ser quién eres. Si no crees que eres lo suficientemente bueno, es probable que no te sientas libre para mostrarte tal cual eres porque te avergüenzas, como resultado, gastas una cantidad enorme de energía intentando ser una persona que no eres, solo para agradar a los demás y obtener su aprobación.

2. No pasas tiempo a solas. Si siempre necesitas estar rodeado de personas, porque no te sientes bien a solas, es probable que en el fondo te sientas incómodo contigo mismo y te moleste lo que encuentras cuando buceas en tu interior. En ese caso, tendrás que aprender a valorar y disfrutar de tu compañía.

3. No expresas tus ideas. Si te pliegas a menudo a las opiniones de los demás, aunque no estés de acuerdo con ellas, es probable que en el fondo se esconda una falta de autoestima. Quizá crees que tus ideas no son lo suficientemente interesantes como para ser tenidas en cuenta, o temes expresarlas.

 

4. No te mimas. Dentro de nosotros habita un pequeño niño que necesita ser consolado y mimado a cada rato. Cada vez que te mimas y te das un pequeño capricho, te estás diciendo que te consideras una persona valiosa, digna de esas pequeñas satisfacciones, si no lo haces, es probable que no te sientas bien contigo mismo.

5. No valoras tus logros. Muy pocos logran ser Premios Nobel, pero cada persona es valiosa y aporta algo en el entorno en el que se desenvuelve. Si no logras ver tus logros, es probable que se deba a que no te amas lo suficiente y tiendes a menospreciar cada cosa que consigues.

6. Te tratas con demasiada rudeza. Ser críticos con uno mismo es bueno, nos permite identificar nuestros errores y crecer. Sin embargo, ser excesivamente rudos en nuestros juicios, hasta el punto de denigrarnos, simplemente indica que no nos amamos y nos estamos castigando por ser quienes somos.

-No cuidas tu cuerpo. El cuerpo es nuestro templo, no debemos obsesionarnos con tener una figura perfecta pero tampoco debemos descuidar la práctica de actividad física y la dieta. La falta de cuidado personal a menudo indica una falta de amor más profunda, señala que no consideramos que somos lo suficientemente buenos como para dedicarnos tiempo y esfuerzo.

Ø  No te motivas. Todos podemos fallar, pero la diferencia entre quienes logran sus objetivos y quienes se quedan a mitad radica en su autoconfianza y en su capacidad para motivarse cuando las cosas van mal. Por supuesto, no se trata de convertirse en optimistas ingenuos, pero sí de encontrar esas teclas que nos motivan y aprender a pulsarlas cuando necesitamos una dosis extra de motivación.

Ø  No confías en ti. La autoconfianza es fundamental para desarrollar una autoestima sana. Las personas que no se aman lo suficiente normalmente tampoco son capaces de confiar en sus capacidades y se menosprecian con frecuencia. Por tanto, si a menudo te dices que no puedes lograrlo o que no eres capaz, esas son señales de alarma de que necesitas cambiar la relación que mantienes contigo mismo. 

Ø  No te abres a los demás. Las personas que no se aman lo suficiente normalmente tienen problemas para abrirse a los demás y entregarse completamente en las relaciones. Como piensan que no son merecedoras de amor, se encierran en un caparazón, para que nadie pueda descubrir esa falta de estima.

24 enero 2021

psicología /desarrollo personal ALCANZARÁS TU MEJOR VERSIÓN CUANDO TE AMES MÁS DE LO QUE AMAS A TUS MIEDOS

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     ALCANZARÁS TU MEJOR VERSIÓN CUANDO TE AMES MÁS DE LO QUE AMAS A TUS MIEDOS


Mientras paseaba por una carretera a las afueras de la ciudad de Arizona, Vivian Gornick vivió “un hecho insólito que hizo que su escenario se desmoronara”, según sus propias palabras. A sus 60 años recién cumplidos, la destacada periodista y escritora hizo un hallazgo desconcertante: se dio cuenta de que nunca se “había comprometido sin límites con la vida”.

Cuenta en su libro “La mujer singular y la ciudad” que tenía grandes metas y deseaba cambiar muchas cosas de sí misma, pero le resultaba más fácil soñar despierta, “deseando que las cosas fueran diferentes para ser diferente ella misma”, que comprometerse con el cambio y ponerse manos a la obra.

En el fondo, lo que la detenía eran sus miedos. Esos miedos atávicos que todos arrastramos y que, aunque no siempre reconocemos, se convierten en un límite que nos impide ser la persona que podríamos y querríamos ser.

Gornik se propuso tomarse en serio la tarea. Y comprendió que para vivir plenamente necesitaba “amar más la vida de lo que amaba a sus miedos”.

El apego a los miedos

Aunque parezca absurdo, no nos apegamos únicamente a las cosas y relaciones que nos hacen sentir bien. También podemos apegarnos a situaciones que nos dañan porque estas contribuyen a mantener un equilibrio que, si bien puede ser precario o incluso insatisfactorio, es el único que conocemos y nos reporta cierta seguridad.

Los miedos nos ayudan a mantenernos en nuestra zona de confort. Son una especie de guardianes. Nos avisan que, si no les prestamos atención, iremos por nuestra cuenta y riesgo. De hecho, muchas veces los escenarios que despliegan esos miedos ante nuestros ojos son tan terribles que terminan convenciéndonos de que estamos mejor bajo su ala.

Entonces nos apegamos a esos temores como si fueran una tabla salvavidas. Quizá nos damos cuenta de que esos miedos no nos permiten avanzar, pero también nos damos cuenta – al menos inconscientemente – de que tampoco tendremos que arriesgarnos demasiado. Así mantenemos un equilibrio mediocre durante gran parte de la vida.

Nuestros miedos, que en un principio debían cumplir solo una función protectora, se convierten en culpas y excusas, barrera y escudo con los que nos mantenemos “a salvo de la vida”, aunque ese mantenerse a salvo implique no vivir plenamente.

El temor más paralizante

Cuando se trata de alcanzar nuestra mejor versión, existe un miedo altamente paralizante: el temor a no estar a la altura. No se trata del miedo al fracaso, sino del miedo a intentarlo, pero quedarnos a un palmo de la meta. Haberlo hecho bien, pero no lo suficiente. Habernos esforzado y darnos cuenta de que no pudimos alcanzar la meta añorada.

Lo que nos asusta no es el “fracaso” en sí, sino lo que ese intento fallido dice de nosotros, el golpe a nuestro ego. Para evitar que ese miedo se materialice, muchas veces preferimos evitar el riesgo, mantenernos en nuestra zona de confort, donde no crecemos, pero al menos nos sentimos a salvo.

Optamos por no comprometemos. Hacemos las cosas necesarias, aquellas imprescindibles, pero no nos entregamos por completo a la consecución de la meta. De esa forma, si se cumplen los peores presagios, tendremos una excusa para proteger a nuestro ego dolorido.

Soltar amarras para ser la mejor versión de ti mismo

La única manera para alcanzar nuestra mejor versión y vivir de manera más plena consiste en superar nuestros miedos. No significa deshacernos de ellos por completo sino seguir adelante a pesar de ellos.

Debemos ser conscientes de que muchos de nuestros temores más profundos y paralizantes se han formado en nuestros primeros años de vida. En aquel momento, tenían una función protectora porque éramos vulnerables, pero ahora es probable que no tengan razón de ser.

Es probable que otros temores que dan forma a nuestro mundo ni siquiera sean fruto de nuestras experiencias directas, sino que los hayamos heredado de nuestros padres u otras figuras de autoridad. Nuestros padres no solo pueden transmitirnos el miedo a volar o a los espacios cerrados sino también miedos mucho más limitantes como el temor al fracaso, a no estar a la altura o al rechazo social.

Superar esos miedos es una decisión consciente que implica apostar por nosotros y comprometernos con nuestro crecimiento para darnos la oportunidad de llegar hasta donde podamos llegar y ser todo lo que podamos ser. Así podremos “volver a ese lugar del espíritu en el que es aceptable hacer el esfuerzo”, como dijera Garrick

23 enero 2021

Fábula Psicología Y EL AVIÓN y los ciegos

ES Psicología Social  
/ Fábula Psicología
Y EL AVIÓN  y los ciegos


¡NADA ES MÁS REAL.!                                                

  
  

Están todos los pasajeros en la sala de embarque esperando la salida del vuelo cuando de repente llega el copiloto impecablemente uniformado con gafas oscuras y un bastón blanco tanteando el camino...

   La empleada de la compañía aclara que, si bien es ciego, es el mejor copiloto que tiene la empresa.
   Al poco rato llega el piloto, con el uniforme impecable, con gafas oscuras y un bastón blanco asistido por dos azafatas.
   La encargada de la Sala  de embarque avisa que,  el piloto también,  es ciego, pero que es el mejor piloto que tiene la compañía y que, junto con el copiloto,  forman un equipo muy experimentado
   Con todos a bordo, el avión comienza a corretear, tomando cada vez más velocidad y con los pasajeros aterrorizados.

   El avión sigue tomando velocidad pero no despega..., continúa la carrera y sigue en tierra.
   ¡Cada vez el final de pista está más cerca y en una explosión de histeria general los pasajeros comienzan a gritar como poseídos!

En ese momento el avión, milagrosamente, toma altura..., entonces el piloto le dice al copiloto:

- “El día que los pasajeros no griten , nos vamos a la mierda”.

*MORALEJA:*

Así está hoy nuestro país, gobernado por ciegos que no ven, o no quieren ver la realidad,
a la espera de que el pueblo “GRITE” ...para levantar vuelo.
   ¡Yo creo que como no gritemos nos vamos a la mierda!
¡Aún estamos a tiempo de GRITAR!

13 enero 2021

SEÑALES QUE INDICAN QUE NO TE QUIERES LO SUFICIENTE 13121

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SEÑALES QUE INDICAN QUE NO TE QUIERES LO SUFICIENTE 13121
psicología /desarrollo personal  

 


La vida es demasiado corta como para malgastarla preocupándose excesivamente por lo que piensan los demás. Cuando nos sentimos seguros de nosotros mismos y proyectamos una imagen de confianza y serenidad, son las otras personas quienes desean estar a nuestro lado. Al contrario, cuando buscamos desesperadamente su aprobación terminamos convirtiéndonos en una persona sin carácter, que no sabe lo que quiere y cuya felicidad depende de los otros.

Por eso, es importante mantenerse atentos a esas sutiles señales que indican que no nos amamos lo suficiente, indicadores de que no nos aceptamos tal como somos, quizá porque nos sentimos inadecuados o creemos que no somos lo suficientemente buenos. 

Sin embargo, recuerda que para que los demás te acepten, primero debes aceptarte tu; para que los demás te amen, primero debes amarte. El trabajo empieza por casa.

Una persona que no se acepta, no logra amarse

1. No te sientes libre para ser quién eres. Si no crees que eres lo suficientemente bueno, es probable que no te sientas libre para mostrarte tal cual eres porque te avergüenzas, como resultado, gastas una cantidad enorme de energía intentando ser una persona que no eres, solo para agradar a los demás y obtener su aprobación.

2. No pasas tiempo a solas. Si siempre necesitas estar rodeado de personas, porque no te sientes bien a solas, es probable que en el fondo te sientas incómodo contigo mismo y te moleste lo que encuentras cuando buceas en tu interior. En ese caso, tendrás que aprender a valorar y disfrutar de tu compañía.

3. No expresas tus ideas. Si te pliegas a menudo a las opiniones de los demás, aunque no estés de acuerdo con ellas, es probable que en el fondo se esconda una falta de autoestima. Quizá crees que tus ideas no son lo suficientemente interesantes como para ser tenidas en cuenta, o temes expresarlas.

 

4. No te mimas. Dentro de nosotros habita un pequeño niño que necesita ser consolado y mimado a cada rato. Cada vez que te mimas y te das un pequeño capricho, te estás diciendo que te consideras una persona valiosa, digna de esas pequeñas satisfacciones, si no lo haces, es probable que no te sientas bien contigo mismo.

5. No valoras tus logros. Muy pocos logran ser Premios Nobel, pero cada persona es valiosa y aporta algo en el entorno en el que se desenvuelve. Si no logras ver tus logros, es probable que se deba a que no te amas lo suficiente y tiendes a menospreciar cada cosa que consigues.

6. Te tratas con demasiada rudeza. Ser críticos con uno mismo es bueno, nos permite identificar nuestros errores y crecer. Sin embargo, ser excesivamente rudos en nuestros juicios, hasta el punto de denigrarnos, simplemente indica que no nos amamos y nos estamos castigando por ser quienes somos.

-No cuidas tu cuerpo. El cuerpo es nuestro templo, no debemos obsesionarnos con tener una figura perfecta pero tampoco debemos descuidar la práctica de actividad física y la dieta. La falta de cuidado personal a menudo indica una falta de amor más profunda, señala que no consideramos que somos lo suficientemente buenos como para dedicarnos tiempo y esfuerzo.

Ø  No te motivas. Todos podemos fallar, pero la diferencia entre quienes logran sus objetivos y quienes se quedan a mitad radica en su autoconfianza y en su capacidad para motivarse cuando las cosas van mal. Por supuesto, no se trata de convertirse en optimistas ingenuos, pero sí de encontrar esas teclas que nos motivan y aprender a pulsarlas cuando necesitamos una dosis extra de motivación.

Ø  No confías en ti. La autoconfianza es fundamental para desarrollar una autoestima sana. Las personas que no se aman lo suficiente normalmente tampoco son capaces de confiar en sus capacidades y se menosprecian con frecuencia. Por tanto, si a menudo te dices que no puedes lograrlo o que no eres capaz, esas son señales de alarma de que necesitas cambiar la relación que mantienes contigo mismo. 

Ø  No te abres a los demás. Las personas que no se aman lo suficiente normalmente tienen problemas para abrirse a los demás y entregarse completamente en las relaciones. Como piensan que no son merecedoras de amor, se encierran en un caparazón, para que nadie pueda descubrir esa falta de estima.

05 enero 2021

A TE CREAS MÁS, PERO TAMPOCO TE CONFORMES CON MENOS

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DIGNIDAD

Nadie se nos subirá enci


ma si no doblamos la espalda
”, afirmó Martin Luther King. Sin embargo, muchas veces las circunstancias de la vida terminan aplastándonos bajo su peso y socavan nuestra dignidad personal. Llegados a ese punto, es probable que nos perdamos el respeto y permitamos que otras personas vulneren nuestros derechos, incluso los más elementales. Entonces podríamos caer en una espiral destructiva.

¿Qué es la dignidad personal?

La palabra dignidad proviene del latín dignitas, que significa excelencia, nobleza y/o valor. Por tanto, La definición de dignidad personal hace referencia al valor y respeto por uno mismo como ser humano. Por una parte, implica tratarnos con respeto, seriedad, responsabilidad y amabilidad. Y por otra parte, implica hacernos valer como personas para que los demás no vulneren nuestros derechos.

Por tanto, la dignidad personal es un indicador de cómo nos valoramos, el nivel de estima que nos profesamos y hasta qué punto estamos dispuestos a llegar para defendernos e impedir que nos pisoteen, humillen y/o degraden.

Defender nuestra dignidad

En el pasado los psicólogos dividían la dignidad. Creían que existe una dignidad interior, entendida como un don que nadie puede arrebatarnos, una especie de valía intrínseca inmutable y protegida a cal y canto. Pero también reconocían la existencia de una dignidad exterior, que es más maleable y depende de las circunstancias en las que nos desenvolvemos.

Desde esta perspectiva, podríamos permitir que se vulnere esa dignidad exterior porque la dignidad interior seguiría intacta. Por tanto, los insultos y humillaciones no afectarían el valor que nos conferimos. Es cierto. Pero solo hasta cierto punto.

La imagen que tenemos de nosotros, la valía que nos adjudicamos y el respeto que nos profesamos se refleja y valida constantemente en las relaciones que establecemos con el mundo. Si permitimos que los demás vulneren continuamente nuestros derechos, no respondemos ante las vejaciones y dejamos que nos humillen, antes o después nuestra dignidad interior se dañará.

De hecho, la psicóloga Christine R. Kovach apuntó que “la experiencia de la dignidad, entendida como el sentimiento de valor, requiere que exista alguien que comprenda y reconozca esos valores y muestre respeto por los mismos”.

Cuando no hacemos valer nuestra dignidad y las personas que nos rodean tampoco la reconocen, corremos el riesgo de caer en una espiral descendente marcada por las humillaciones, manipulaciones, maltratos y demandas excesivas que harán que nos volvamos cada vez más pequeños, insignificantes y carentes de valor.

Cambiará la imagen que tenemos de nosotros mismos, nuestra autoestima se resentirá y terminaremos abrazando el rol de víctima que soporta estoicamente los desmanes de los demás, convencidos de que es lo que merecemos en esta vida.

En realidad, perdemos un poco de dignidad cada vez que:

·    Nos dejamos humillar y maltratar de manera sistemática por los demás.

·    Nos volvemos conformistas y aceptamos mucho menos de lo que merecemos.

·    Nos dejamos manipular y boicotear por quienes nos rodean.

·    Nos perdemos el respeto y dejamos de amarnos.

Cuanto más crece el conformismo, más pequeña se vuelve la dignidad

Kant pensaba que la dignidad nos empuja a defendernos, para impedir que los demás pisoteen nuestros derechos impunemente. Es una dimensión que nos recuerda que nadie puede ni debe utilizarnos. Somos personas libres y valiosas, responsables de nuestros actos y merecedoras de respeto. Por tanto, no debemos conformarnos con menos.

El escritor Irving Wallace dijo que “ser uno mismo, sin miedo, ya sea correcto o incorrecto, es más admirable que la fácil cobardía de la rendición a la conformidad”. Asumir una actitud conformista suele implicar ceder a la presión que ejercen los demás – ya sea una persona, grupo o sociedad.

La conformidad surge de la resignación y la claudicación. Implica que restamos importancia a nuestras ideas y valores, acallando nuestros sentimientos, para dar más crédito a las ideas, valores y sentimientos de los demás, dejando que prevalezcan peligrosamente sobre los nuestros, muchas veces hasta el punto de avasallarnos.

Por eso, perdemos dignidad cada vez que nos conformamos con:

·    Tener a nuestro lado a personas que no nos respetan ni nos aman por lo que somos.

·    Recibir un trato injusto que vulnera nuestros derechos elementales, ya sea por parte de individuos o instituciones.

·    No desarrollar al máximo nuestras potencialidades, limitándonos a vivir en una estrecha zona de confort.

El conformismo puede ser una tierra conocida donde nos sentimos relativamente seguros, pero debemos ser conscientes de que no es un terreno donde pueda florecer la dignidad. Cada vez que nos conformamos con menos, negamos parte de nuestra invidualidad y valía. Por eso, Kant creía que una persona con dignidad es alguien con conciencia, voluntad propia y autonomía para decidir su propio camino.

El exceso de dignidad no nos hace más dignos

Curiosamente, también podemos perder dignidad cuando sobrepasamos los límites. Entonces la dignidad se convierte en despotismo porque abusamos de nuestra superiodad, poder o fuerza para obligar a las otras personas a darnos un trato especial y/o preferente.

Exigir privilegios en nombre de la dignidad en realidad nos hace perderla. Como explicara el filósofo Immanuel Kant: “obra de tal manera que puedas usar la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de todo otro, siempre al mismo tiempo como fin, nunca meramente como medio”.

Eso implica reconocer nuestra existencia y las de los demás como el fin último, jamás como un medio para alcanzar determinados objetivos. Implica reconocer que “por mucho que un hombre valga, nunca tendrá valor más alto que el de ser hombre”, como escribiera Antonio Machado.

La dignidad personal no consiste en creernos superiores, sino que implica reconocer que las otras personas también merecen respeto y consideración. La dignidad es una calle de dos sentidos. Necesitamos reclamarla para nosotros, pero también debemos ofrecerla a los demás.

Fuentes:Castel, R. (1996) Work and usefulness to the world. Int. Lab. Rev; 135: 615–622.

03 enero 2021

V¿CÓMO CONTROLAR LAS IDEAS INDESEADAS?

problemas psicológicos

¿CÓMO CONTROLAR LAS IDEAS INDESEADAS??


Nuestro pensamiento es la causa de muchísimos de nuestros problemas. ¿En cuántas ocasiones no tenemos una idea dándonos vuelta en la cabeza que no nos deja descansar y genera emociones negativas? Intentamos apartarla de nosotros, pero esta vuelve una y otra vez, siempre con más fuerza.

Para combatir los pensamientos rumiativos o indeseados existe la “Técnica de detención del pensamiento”, que fue inventada en el lejano 1920 pero que continúa siendo muy útil. Como su nombre lo indica, su finalidad es interrumpir esas ideas que nos molestan, esos pensamientos que son del todo improductivos ya que no sirven para solucionar un problema y no se adaptan a la realidad que nos rodea.

Este tipo de pensamientos es muy común en las personas que padecen de fobias, obsesiones o miedos irracionales, pero también aparecen bajo situaciones de estrés o cuando debemos enfrentar un problema que nos resulta significativo. 

También hay pensamientos limitantes, como, por ejemplo: “no soy bueno” o “nadie me quiere” que sería mejor eliminar. De esta forma no solo te sentirás más libre, sino que emprenderás proyectos más ambiciosos y mejorarás mucho en tu vida, tanto profesional como personal.

¿En qué consiste la técnica de detención del pensamiento?

La idea es concentrar nuestra atención en esos pensamientos no deseados, o sea, vivirlos durante un periodo corto de tiempo, luego detenerlos (puede utilizarse una orden muy sencilla, como “¡Basta!” o simplemente hacer algún ruido o cerrar fuertemente un puño) y después vaciar la mente. Dicho de esta forma parece muy sencillo, pero ya sabrás por experiencia propia que detener el flujo de pensamientos no es tan fácil. Por eso es importante que sigas cada uno de los pasos de la técnica.

1. Determinar cuáles son los pensamientos que deseas eliminar. Para detener los pensamientos, es importante que sepas de antemano cuáles son las ideas recurrentes que te causan más daño o que te molestan. Si es necesario, escríbelas en un papel.

2. Concentrar tu atención en el pensamiento que te perturba. Busca un sitio tranquilo donde te puedas relajar e imagina una situación en la que suele aparecer el pensamiento que te molesta. Recrea con el mayor lujo de detalles posible esta situación y deja que los pensamientos rumiativos fluyan con total libertad. Ahora, poco a poco, irás alternando esos pensamientos que te molestan con ideas positivas.

3. Interrumpir el pensamiento. En las primeras sesiones te será de gran ayuda utilizar una alarma. Colócala para dos minutos, pasado ese tiempo, cuando suene, di en voz alta “¡Basta!”, aprieta el puño o haz cualquier cosa que hayas determinado como estímulo de detención. Cuando tengas más experiencia, no necesitarás la alarma, podrás hacerlo tú solo.

4. Mantén la mente en blanco al menos durante unos segundos. Si el pensamiento vuelve a aparecer, repite el estímulo de detención.

5. Sustituye el pensamiento con ideas positivas. En este punto no te queda sino cambiar los pensamientos negativos con ideas saludables, pero intenta no exagerar. Es decir, es importante que estas ideas sean creíbles para tu yo. No te digas que eres el amo del universo, en vez de ello, utiliza frases como “soy una persona valiosa”, “las personas me estiman” o “me siento cómodo y relajado”.


La preparación necesaria para que todo marche bien

Obviamente, antes de realizar la técnica de detención del pensamiento tendrás que preparar un poco el terreno. Eso significa que tendrás que analizar cuáles son los pensamientos que quieres eliminar y seleccionar las ideas positivas que los sustituirán. A su vez, es importante que elijas un buen estimulo de detención, un estímulo que puedas utilizar incluso cuando estás rodeado de gente y sin que estas se den cuenta.

Como colofón, vale aclarar que aprender a detener los pensamientos es algo que lleva tiempo, no es una técnica que se domina de la noche a la mañana, pero en la medida en que practiques lograrás un mayor control sobre tu mente y eso repercutirá favorablemente en todas las esferas de tu vida.

02 enero 2021

CUANDO AMES MÁS LA VIDA DE LO QUE AMAS A TUS MIEDOS ALCANZARÁS TU MEJOR VERSIÓN

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CUANDO AMES MÁS LA VIDA DE LO QUE AMAS A TUS MIEDOS ALCANZARÁS TU MEJOR VERSIÓN


Mientras paseaba por una carretera a las afueras de la ciudad de Arizona, Vivian Gornick vivió “un hecho insólito que hizo que su escenario se desmoronara”, según sus propias palabras. A sus 60 años recién cumplidos, la destacada periodista y escritora hizo un hallazgo desconcertante: se dio cuenta de que nunca se “había comprometido sin límites con la vida”.

Cuenta en su libro “La mujer singular y la ciudad” que tenía grandes metas y deseaba cambiar muchas cosas de sí misma, pero le resultaba más fácil soñar despierta, “deseando que las cosas fueran diferentes para ser diferente ella misma”, que comprometerse con el cambio y ponerse manos a la obra.

En el fondo, lo que la detenía eran sus miedos. Esos miedos atávicos que todos arrastramos y que, aunque no siempre reconocemos, se convierten en un límite que nos impide ser la persona que podríamos y querríamos ser.

Gornik se propuso tomarse en serio la tarea. Y comprendió que para vivir plenamente necesitaba “amar más la vida de lo que amaba a sus miedos”.

El apego a los miedos

Aunque parezca absurdo, no nos apegamos únicamente a las cosas y relaciones que nos hacen sentir bien. También podemos apegarnos a situaciones que nos dañan porque estas contribuyen a mantener un equilibrio que, si bien puede ser precario o incluso insatisfactorio, es el único que conocemos y nos reporta cierta seguridad.

Los miedos nos ayudan a mantenernos en nuestra zona de confort. Son una especie de guardianes. Nos avisan que, si no les prestamos atención, iremos por nuestra cuenta y riesgo. De hecho, muchas veces los escenarios que despliegan esos miedos ante nuestros ojos son tan terribles que terminan convenciéndonos de que estamos mejor bajo su ala.

Entonces nos apegamos a esos temores como si fueran una tabla salvavidas. Quizá nos damos cuenta de que esos miedos no nos permiten avanzar, pero también nos damos cuenta – al menos inconscientemente – de que tampoco tendremos que arriesgarnos demasiado. Así mantenemos un equilibrio mediocre durante gran parte de la vida.

Nuestros miedos, que en un principio debían cumplir solo una función protectora, se convierten en culpas y excusas, barrera y escudo con los que nos mantenemos “a salvo de la vida”, aunque ese mantenerse a salvo implique no vivir plenamente.

El temor más paralizante

Cuando se trata de alcanzar nuestra mejor versión, existe un miedo altamente paralizante: el temor a no estar a la altura. No se trata del miedo al fracaso, sino del miedo a intentarlo, pero quedarnos a un palmo de la meta. Haberlo hecho bien, pero no lo suficiente. Habernos esforzado y darnos cuenta de que no pudimos alcanzar la meta añorada.

Lo que nos asusta no es el “fracaso” en sí, sino lo que ese intento fallido dice de nosotros, el golpe a nuestro ego. Para evitar que ese miedo se materialice, muchas veces preferimos evitar el riesgo, mantenernos en nuestra zona de confort, donde no crecemos, pero al menos nos sentimos a salvo.

Optamos por no comprometemos. Hacemos las cosas necesarias, aquellas imprescindibles, pero no nos entregamos por completo a la consecución de la meta. De esa forma, si se cumplen los peores presagios, tendremos una excusa para proteger a nuestro ego dolorido.

Soltar amarras para ser la mejor versión de ti mismo

La única manera para alcanzar nuestra mejor versión y vivir de manera más plena consiste en superar nuestros miedos. No significa deshacernos de ellos por completo sino seguir adelante a pesar de ellos.

Debemos ser conscientes de que muchos de nuestros temores más profundos y paralizantes se han formado en nuestros primeros años de vida. En aquel momento, tenían una función protectora porque éramos vulnerables, pero ahora es probable que no tengan razón de ser.

Es probable que otros temores que dan forma a nuestro mundo ni siquiera sean fruto de nuestras experiencias directas, sino que los hayamos heredado de nuestros padres u otras figuras de autoridad. Nuestros padres no solo pueden transmitirnos el miedo a volar o a los espacios cerrados sino también miedos mucho más limitantes como el temor al fracaso, a no estar a la altura o al rechazo social.

Superar esos miedos es una decisión consciente que implica apostar por nosotros y comprometernos con nuestro crecimiento para darnos la oportunidad de llegar hasta donde podamos llegar y ser todo lo que podamos ser. Así podremos “volver a ese lugar del espíritu en el que es aceptable hacer el esfuerzo”, como dijera Garrick