05 agosto 2018

PSICOLOGÍA FRASES MOTIVADORAS 20 FRASES DURAS PERO REALISTAS QUE TE HARÁN MÁS FUERTE

    PSICOLOGÍA FRASES MOTIVADORAS
    20 FRASES DURAS PERO REALISTAS QUE TE HARÁN MÁS FUERTE
    La vida no es fácil. Las cosas no siempre son como esperamos o deseamos. Nuestros planes se pueden torcer en cualquier momento y entonces sobreviene la frustración. Cuanto antes lo aceptemos, mejor.
    Aun así, la vida también nos depara momentos maravillosos, alegrías y sorpresas que merecen la pena. La clave para no perder el equilibrio emocional consiste en llenar nuestra mochila de herrami...
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    Diego Torrente Sánchez compartió un enlace.
    2 h

    Entrevista con el escritor GH Guarch
    LAVOZDEALMERIA.COM
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01 agosto 2018

NO HAGAS POR LOS DEMÁS, LO QUE PUEDEN HACER POR SÍ MISMOS


NO HAGAS POR LOS DEMÁS, LO QUE PUEDEN HACER POR SÍ MISMOS
Hace muchos años, en un monasterio lejano del Tíbet, vivía un joven que aspiraba a convertirse en monje. Tenía enormes deseos de aprender, así que cuando un día su maestro le dijo que iban a emprender un viaje, el joven se preparó con mucha ilusión. 
Caminaron durante varios días, hasta llegar a un caserío donde vivía una familia muy humilde. Les pidieron alojamiento y comida. La familia los acogió y compartieron con ellos todo lo que tenían. El aspirante a monje les preguntó cómo subsistían.
El padre de familia le dijo: “Tenemos una vaca que nos da todo lo que necesitamos: la leche y el queso. Luego cambiamos lo que no consumimos por otra comida. Así subsistimos.
Por la noche, el monje le dijo a su discípulo: “Aprovecha que están dormidos, ve al establo, coge la vaca y espántala”. 
El joven protestó “¿Cómo voy a hacer eso? La vaca es lo único que tienen, ¡es su sustento!”.
El monje no le dijo nada, dio media vuelta y se fue.
El joven pasó varias horas cavilando, pero como respetaba mucho a su maestro, fue a buscar a la vaca y la espantó para que se fuera. Luego se sintió tan culpable que abandonó la casa, el desencanto también le impidió volver al monasterio. Ya no quería ser como esos monjes.

Pasó días viajando y pensando en la pobre familia a la que había dejado sin su sustento. Se propuso trabajar duro, ahorrar lo suficiente y comprarles una vaca para resarcir el daño que les había causado.
Sin embargo, las vacas eran caras, pasó años antes de poder reunir el dinero suficiente. Entonces volvió al pueblo y, para su sorpresa, vio un coqueto hotel donde antes se levantaba la humilde morada.
Se acercó al hombre que estaba sentado en el pórtico y preguntó: “Perdone, ¿hace unos años aquí vivía una familia muy humilde que tenía una vaca?” 
El hombre le miró y dijo: “Sí, sí, somos nosotros”. 
El joven lo miró incrédulo y le preguntó: “Pero... ¿cómo han prosperado tanto?”
El señor le dijo: “Pues mire, un día, la vaca de la que vivíamos desapareció. Al principio nos preocupamos mucho, ¿de qué íbamos a vivir? Entonces nos pusimos a pensar. Vimos que nuestra tierra era muy buena para plantar verduras, cultivamos un huerto que floreció y dio frutos en seguida. Intercambiamos algunas verduras por otros alimentos, y vendimos el resto. Con el dinero que ganamos compramos algo de ganado, y lo vendimos, y con ese dinero pudimos ampliar la casa y alquilar habitaciones… Ya ve, ¡ahora somos los propietarios del único hotel de la ciudad!
Esta historia tiene varias enseñanzas, una de ellas se refiere a que en muchas ocasiones, la mejor ayuda que podemos dar consiste en animar a las personas a salir de su zona de confort. A veces debemos evitar la conmiseración que invita a los demás a regodearse en la adversidad. Otras veces, quedarse al margen también es ayudar.
Cuando el "salvador" se convierte en víctima del "salvado"
En ocasiones, adoptar el rol del "salvador" puede llegar a ser muy dañino para los demás. Ayudar sin que alguien lo pida puede ser un grave error ya que, aunque nos motive un sentimiento de auténtica generosidad, estamos limitando sus posibilidades de aprender y crecer. A veces esa ayuda genera una relación de dependencia en la que una de las personas se siente tan cómoda que no hace nada por mejorar.

En esa relación, el salvador da continuamente, hasta quedar drenado física y psicológicamente, mientras quien es salvado se limita a aceptar. De esta manera se crea un equilibrio malsano en el que el salvador carga un doble peso, el suyo y el de la otra persona. Lo peor de todo es que, en muchos casos, cuando el salvador pretende deshacerse del peso que no le corresponde, le pueden llegar a tachar de egoísta y poco empático. Ese sentimiento de culpa le mantendrá cargando el peso del otro.

Por eso, no es inusual que el “salvador” termine convirtiéndose en la víctima del “salvado”. Sin embargo, se trata de una situación en la que nadie gana, ni siquiera la otra persona ya que al evitar que se esfuerce estamos coartando su libertad y la posibilidad de que logre grandes metas por esfuerzo propio.
Es fundamental no alimentar ese tipo de relaciones ya que las personas "salvadas" se vuelven pasivas y en algunos casos hasta egoístas, creyendo que tienen el derecho y el control sobre su "salvador".
No intervenir también es ayudar
El secreto está en ayudar a los demás cuando realmente lo necesitan y lo piden, no únicamente cuando lo quieren. En muchos casos, contar con la ayuda de alguien puede ser más fácil, pero eso no implica que sea el mejor camino ni el que más bien reporta a largo plazo.
Las experiencias de vida fortalecen y hacen más resilientes a las personas, por lo que evitar que pasen por ellas es, de cierta forma, una castración emocional. Alguien en condición de vulnerabilidad necesita nuestra ayuda, pero solo hasta cierto punto. La meta debe ser intentar que esa persona logre valerse por sí misma, para que pueda seguir caminando con sus propios pies.
Lo que nunca debemos hacer por los demás es arrebatarles la responsabilidad que tienen con su vida. Podemos ayudarles a cargar su peso durante cierto tiempo, o enseñarles a llevarlo mejor, pero no podemos cargarlo eternamente en su lugar. Ayudar a una persona no significa adoptarla de por vida. Y eso se aplica tanto a las parejas como a los hijos y los amigos. Una relación desarrolladora es aquella que nutre y enriquece, no la que castra y limita.
Validación emocional, la clave para ayudar a crecer
La clave para ayudar a las otras personas consiste en mantener una relación caracterizada por la presencia plena y la aceptación incondicional. No se trata de volver la espalda y desentenderse de sus problemas, para que los solucione como pueda, sino de validar sus sentimientos y darle ánimos.
A veces un abrazo, o el simple hecho de saber que alguien está ahí para recoger los pedazos rotos es más que suficiente. Eso significa que en muchos casos nuestra ayuda se limitará a un proceso de acompañamiento emocional, mientras la persona toma sus decisiones, comete sus errores, los enmienda y sale adelante.

NIVELES DE AUTOCONOCIMIENTO POR LOS QUE DEBES PASAR SI QUIERES CONOCERTE A TI MISMO


Psicología desarrollo personalNIVELES DE AUTOCONOCIMIENTO POR LOS QUE DEBES PASAR SI QUIERES CONOCERTE A TI MISMO
Aunque no nos guste reconocerlo, muchas veces nos quedamos estancados en los niveles de autoconocimiento más básicos. Muchos de nuestros pensamientos y acciones funcionan en piloto automático, prácticamente tienen vida propia y actúan por debajo del radar de nuestra conciencia. No es algo malo ya que los hábitos, rutinas y reacciones nos ayudan a simplificar el día a día. Detenernos a pensar cada momento nos tomaría demasiado tiempo y, sobre todo, representaría un enorme gasto de energía mental y emocional. 
El problema surge cuando funcionamos en piloto automático durante tanto tiempo que olvidamos que estamos en piloto automático, de manera que ni siquiera somos conscientes de nuestros hábitos, rutinas, emociones, impulsos y reacciones. Entonces ya no los controlamos; ellos nos controlan a nosotros. 
Una persona que ha desarrollado un buen nivel de autoconocimiento puede decirse a sí misma: “Espera un segundo… quizá tenga que cambiar este hábito que me está haciendo daño” o se preguntará: “¿Quizá estoy reaccionando de manera exagerada?”. Una persona que no ha desarrollado su autoconciencia seguirá viviendo en piloto automático, víctima de sus propios hábitos negativos, pensamientos recurrentes y reacciones inadecuadas. Como resultado, puede sumirse en un ciclo autodestructivo. 
¿Cómo autoconocerse? Las 3 preguntas de autoconocimiento más importantes 
Nivel 1 - ¿Qué estás haciendo? 
A veces evitamos el dolor a través de la distracción. Transportarnos nuestra mente a otro momento o lugar donde nos sintamos más seguros y aislados del dolor de la vida cotidiana. Es más fácil zambullirse en el móvil, la televisión, las redes sociales o dejar que la mente vague hacia un futuro dorado haciendo planes que jamás llevaremos a la práctica. Solo para intentar olvidar. Existen muchos refugios donde podemos escondernos para suponer que todo es perfecto y que no necesitamos cambiar nada. 
Obviamente, no hay nada malo en distraernos. La distracción es importante para la felicidad y la salud. Pero debemos asegurarnos de que la distracción no es una cortina de humo que esconde otros problemas que seguirán creciendo mientras miramos hacia otro lado. 
No podemos emborracharnos con la distracción. No podemos pasar gran parte del tiempo libre ahogados en un mar de distracción que conduzca a un estado de semiinconsciencia o lobotomía elegida. 
De hecho, cuando el objetivo oculto de la distracción es escapar de la realidad, terminamos cansados. Esa distracción no es saludable, no reporta satisfacción y mucho menos felicidad. Es tan solo un remedio fugaz, casi adictivo, al que tendremos que recurrir cada día puesto que los verdaderos problemas no los solucionamos. 
Por tanto, para superar el primer nivel de autoconocimiento es importante que pases tiempo contigo mismo, que reflexiones sobre tus hábitos cotidianos y te preguntes si realmente te conducen al lugar donde quieres estar o si, al contrario, son un subterfugio que alimenta la insatisfacción. Pregúntate si lo que haces cada día realmente te satisface y contribuye a tu bienestar o se trata de un hábito aprendido que no te aporta nada. 
Nivel 2 - ¿Qué estás sintiendo? 
¿Alguna vez has estado molesto y cuando alguien te pregunta por qué estás enojado, respondes que no estás enfadado? Cuando funcionamos en piloto automático y usamos las distracciones para no pensar, es normal que las emociones se acumulen y terminen estallando, aunque no siempre lo reconocemos. 
En este segundo nivel de autoconocimiento es cuando comenzamos a descubrir quiénes somos realmente. Conectar con nuestras emociones es un proceso muy intenso que nos revela partes de nosotros que no conocíamos o que estábamos ocultando porque nos asustaban o provocaban una disonancia cognitiva. Si no somos hipócritas con nosotros mismos y nos atrevemos a reconocer y explorar absolutamente todo lo que sentimos, descubriremos nuevas facetas de nuestro “yo”. 
Por desgracia, en vez de mirar dentro, muchas personas intentan escapar de esas emociones a través de experiencias que las emboten afectivamente. No nos han enseñado a explorar las emociones sino al contrario, a reprimirlas y ocultarlas, haciendo como que no existen. 
Por eso, algunas de las peguntas de autoconocmiento más importantes son: ¿Qué estás sintiendo? ¿Por qué lo estás sintiendo? 
Se trata de asumir que las emociones son como pequeñas brújulas que nos indican lo que nos agrada y desagrada. No es necesario realizar juicios de valor. No somos mejores ni peores por sentirnos de determinada manera. Lo verdaderamente importante es ser conscientes de esas emociones y gestionarlas de una manera asertiva. La ira y la tristeza, por ejemplo, pueden convertirse en potentes motores creativos. Todo depende de cómo usemos esas emociones. 
Nivel 3 - ¿Cuáles son tus puntos ciegos? 
Es probable que cuanto más profundizas en ti, cuánto más te preguntes cómo autoconocerse y más lejos llegues en ese camino, más cosas descubrirás que no te gustan. A veces ese camino puede ser aterrador, sobre todo si piensas que existe una manera “correcta” de sentir y pensar. 
También es probable que te des cuenta de que tus pensamientos, argumentos y acciones son meros reflejos de los pensamientos, argumentos y acciones de quienes te rodean. Es normal. Durante muchos años has estado sometido a su influjo sin cuestionarlo. 
En este nivel de autoconocimiento, lo más importante es ser consciente de tus puntos ciegos. Es decir, de esas cosas que te has estado ocultando porque no correspondían con la imagen idealizada que tenías de ti. O también de esas creencias limitantes que has alimentado sobre ti mismo, de los pensamientos negativos recurrentes que has estado cultivando. Reconocer tus puntos ciegos te impedirá convertirte en un esclavo de los mecanismos de defensa. 
Se trata de un nivel de autoconocimiento integrador, en el que empiezas a reflexionar sobre tus acciones, pensamientos y emociones para encontrar los patrones desadaptativos que no tienen razón de ser y te hacen daño.
Algunas preguntas de autoconocimiento que pueden servirte de ejemplo son: ¿Cuándo te enojas reaccionas con arrogancia? ¿Cuándo te entristeces lo enmascaras con la ira? Conocer tus patrones te permitirá encontrar maneras más asertivas, saludables y satisfactorias de lidiar con la realidad. 
El autoconocimiento debe estar seguido de la autoaceptación 
Recorrer todos los niveles de autoconocimiento no servirá de mucho si no conducen a la autoaceptación. De hecho, la autoconciencia en sí misma no nos hace más felices. En algunos casos incluso puede hacer que nos sintamos más miserables, sobre todo si se combina con una crítica despiadada. 
Por eso, debes tener claro que ese camino de autoconocimiento tiene como meta final la autoaceptación. Solo entoces habrás dado el salto cualitativo y podrás encontrar la paz interior. La autoaceptación que nace del autoconocimiento es una fuerza increíble, fuente de felicidad y autoconfianza para enfrentar cualquier adversidad.

LOS RUMORES SE ESTRELLAN CONTRA LOS OÍDOS INTELIGENTES


Psicología Social   LOS RUMORES SE ESTRELLAN CONTRA LOS OÍDOS INTELIGENTES

 
“¡No te vas a creer de lo que me acabo de enterar! Te lo voy a contar, pero no se lo digas a nadie”. 
Cuando escucho esto, lo primero que pienso es: “Si nadie se puede enterar, mejor ni me lo cuentes”. Pero claro, luego recuerdo que el rumor tiene una función de pegamento social y soporto estoicamente durante un tiempo prudencial como para poder cambiar la conversación sin parecer demasiado grosera. 
Sin embargo, los rumores son tan antiguos como la humanidad. Y su mecanismo de base siempre es el mismo: hay una persona que inventa el rumor desvirtuando la realidad, se lo sirve en bandeja de plata a la persona chismosa para que lo difunda y un tercer ingenuo se lo cree sin ofrecer ninguna resistencia. Por suerte, el rumor se estrella contra la barrera que representa el oído de una persona inteligente que comprende que no tiene ningún sentido prestar atención a las habladurías y mucho menos difundirlas. 
Los rumores fungen como un pegamento social 
Gordon Allport explicaba que los rumores sirven para que las personas se cohesionen entre sí y se posicionen frente a alguien más, generalmente el objeto del rumor. En práctica, el acto de contar un rumor adquiere un carácter íntimo, de manera que la persona chismosa le está diciendo a su interlocutor que le estima lo suficiente como para revelarle un “secreto”, aunque la mayoría de las veces se trata de un secreto a voces. 
En muchos casos, el rumor contiene una alarma implícita, es una indicación de que la opinión pública está en contra de algo, por tanto, se convierte en una especie de “advertencia de amigo”. Desde esta perspectiva, nos permite posicionarnos e integrar el grupo que se ha formado contra la persona o entidad que representa los antivalores que se deben combatir. En esos casos, el rumor sería una especie de “carta de invitación” al club. 
Sin embargo, debemos tener cuidado porque en muchos casos los rumores se convierten en un mecanismo de control social que le otorga poder a quien lo difunde. Dado que la persona chismosa posee “información privilegiada”, también adquiere cierto poder sobre el grupo receptivo que le cree, un poder que le permitirá manipularlos. 
Los rumores canalizan las incertidumbres, miedos y ansiedades 
Los rumores sirven para canalizar las incertidumbres y ansiedades de las personas. De hecho, para que los rumores surjan y sean creíbles, debe existir un contexto de ambigüedad. Allport propuso una ley según la cual, el rumor es proporcional a su importancia y ambigüedad. En otras palabras, la difusión del rumor dependerá de la importancia que le confieren al asunto las personas implicadas y del grado de desconocimiento sobre el tema. 
Eso significa que para que un rumor se difunda, tiene que hacer cierta resonancia en nuestras creencias y expectativas.
Un ejemplo perfecto fue lo que le sucedió a la compañía P&G en 1980. Se difundió que su logotipo, en el que se apreciaba un hombre en la luna, en realidad representaba a un diablo con cuernos y con el número “666” oculto. Las personas comenzaron a pensar que la compañía apoyaba a sectas satánicas y dejaron de comprar sus productos, causándole pérdidas millonarias. 
En realidad, el rumor fue difundido por cuatro compañías de la competencia, que llamaban a los católicos a unirse para afrontar esa perversidad, pero es obvio que encontró terreno fértil en una época en que las personas estaban obsesionadas con los mitos egipcios. P&G los llevó a juicio y tuvieron que resarcirle con 19 millones de dólares, pero el daño ya estaba hecho, muestra de ello fue que en 1991 la compañía eliminó los detalles supuestamente diabólicos y en 1995 cambiaron por completo su logo. 
Otro ejemplo del daño que puede causar un rumor fue el caso del refresco “Tropical Fantasy”, que apenas salió al mercado fue un éxito de ventas debido a que su precio era mucho más bajo que el de sus competidores. Sin embargo, muy pronto se difundió el rumor de que la bebida había sido creada por el Ku Klux Klan para dañar la calidad del semen de los afroamericanos. A partir de ese momento, sus ventas se desplomaron un 70%. 
Aquel rumor era absurdo, pero se “basaba” en el hecho de que muchas de las máquinas expendedoras de la compañía se encontraban en barrios pobres donde vivían afroamericanos. Por supuesto, aquello no era un complot, sino que se debía a una mera estrategia comercial ya que la empresa, Brooklyn Bottling, pretendía posicionar su producto entre las clases menos favorecidas. No obstante, la marca tardó años en recuperarse de aquel rumor. 
El rumor se detiene con inteligencia 
Estos ejemplos nos demuestran que los rumores se difunden cuando percibimos que son creíbles (incluso las historias más ridículas). Cuando los rumores hacen palanca en la ansiedad o en un miedo intenso, es menos probable que los analicemos lógicamente o que contrastemos su verosimilitud. 
Un rumor es una forma de manipulación emocional, por lo que la mejor arma para hacerle frente es la inteligencia y la lógica. Informarse, sin caer en sesgos cognitivos, también es fundamental ya que el rumor se ceba de la ambigüedad y el desconocimiento. 
Según Allport, el rumor se crea pasando por estos tres procesos, de manera que solo persiste apenas un 30% de la realidad: 
1- Nivelación. El rumor se acorta, restándole detalles y complejidad a la historia, lo cual ayuda a su difusión. 
2- Agudización. Se enfatizan y exageran ciertas características del rumor, para lograr que sea más memorable. 
3- Asimilación. Se distorsiona según los prejuicios, las parcialidades, los intereses y las agendas preexistentes de las personas que quieren difundir el rumor, para lograr que haga resonancia emocional. 
Por tanto, ante el rumor, lo mejor es actuar con inteligencia. Cuando te cuenten algo que invoca una consecuencia esperada (los rumores de deseos) o que aluda a consecuencias temidas o decepcionantes (los rumores temibles), piénsatelo dos veces antes de creerlo y, sobre todo, no lo difundas. 
Fuentes: DiFonzo, N.; Bordia, P. & Rosnow, R. L. (1994) Reining in rumors. Organizational Dynamics; 23: 47-62. 
Allport, G. W. & Postman, L. (1947) The psychology of rumor. Nueva York: Holt, Rinehart & Winston. 


26 julio 2018

EL PROPÓSITO DE LA VIDA NO ES SER ES SER TÚ MISMO“ NO SER ALGUIEN”,


PsicologíaDesarrollo Personal
EL PROPÓSITO DE LA VIDA NO ES SER ES SER TÚ MISMO“ NO SER ALGUIEN”, 
Todos en algún momento queremos ser famosos, pero en el momento en el que queremos ser algo ya no somos libres”, dijo el escritor Krishnamurti. 
La sociedad nos empuja a ser “alguien”, a perseguir el éxito y lograr que los demás reconozcan que somos importantes y valiosos. Como resultado, muchas personas destinan toda su vida a buscar ese reconocimiento, el cual se convierte en su leitmotiv. No se dan cuenta de que intentar ser “alguien” significa entregar las llaves de su libertad, que persiguiendo la ilusión del éxito encadenan su autoestima a las opiniones de los demás. 

Buscar el reconocimiento es volverse esclavos de las opiniones ajenas 
Esa profunda necesidad de reconocimiento significa que estamos intentando consolidar nuestra identidad a través de la percepción de los demás, quienes nos regresan una imagen, como si de un espejo se tratase, para confirmar nuestra valía. En práctica, no logramos ser “alguien” si los demás no lo reconocen, lo cual significa que debemos adaptarnos y ceñirnos a los cánones sociales que implican “ser alguien”. En ese preciso instante, nos convertirmos en prisioneros por voluntad propia. 
El deseo de ser alguien implica que nos alimentamos de la admiración de los demás, que necesitamos sus elogios para confirmar y fortalecer nuestra identidad, los cuales satisfacen nuestro deseo de ser especiales. Así huimos del vacío que implica ser “nadie”. Pero entonces rechazamos ser nosotros mismos para empezar a vivir a través de la mirada de los otros. 
Esa realidad se convierte en una trampa que supone una dependencia continua de los demás, quienes deben seguir reconociendo que somos alguien. Por eso, el viaje para convertirnos en alguien a menudo se traduce en una realidad insatisfactoria e inestable. Y es que, cuanto más intentemos apuntalar nuestra “identidad exitosa”, más expuestos estaremos a que todo pueda desaparecer. Como resultado, caemos víctima de la inestabilidad de la que pretendíamos escapar. 
Buscando la solidez que reporta ser alguien, nos convertimos en personas más frágiles. No importa cuántas posesiones, logros o admiración alcancemos, toda identidad que dependa del reconocimiento de los demás siempre implica un estado de extrema fragilidad porque puede esfumarse cuando ese reconocimiento social desaparezca. En cualquier momento podremos dejar de ser el mejor en algo o perder cualquiera de las etiquetas de las que nos enorgullecemos. 
El crecimiento auténtico proviene de la humildad interior 
Krishnamurti propone una forma de vivir y relacionarse con uno mismo diferente: “La mente humana es como un colador que retiene algunas cosas y deja pasar otras. Lo que retiene, es la medida de sus propios deseos; y los deseos, por profundos, vastos o nobles que sean, son pequeños y mezquinos, porque el deseo es cosa de la mente. La completa atención implica no retener cosa alguna, sino poseer la libertad de la vida, que fluye sin restricción ni preferencia alguna. Siempre estamos reteniendo o eligiendo las cosas que significan algo para nosotros, y aferrándonos perpetuamente a ellas. A esto lo llamamos experiencia, y a la multiplicación de experiencias la llamamos riqueza de la vida. La riqueza de la vida es estar libre de la acumulación de experiencias. La experiencia que queda, que uno retiene, impide ese estado en que lo conocido no existe. Lo conocido no es el tesoro, pero la mente se aferra a eso, con lo cual destruye o profana lo desconocido”
En vez de quedarnos en nuestra zona de confort que reafirma nuestra identidad, podemos descubrir nuevos caminos y formas de hacer las cosas. Sin embargo, para realizar descubrimientos realmente importantes que den paso a un cambio trascendental, primero necesitamos vaciarnos de muchos de nuestros estereotipos, prejuicios y creencias. Una mente demasiado llena no tiene espacio para el cambio. 
o curioso es que solo podemos crecer desde la humildad, desde la percepción de nuestras limitaciones, dejando ir ese deseo de ser “alguien”. Solo cuando reconocemos lo que no sabemos, podemos aprender nuevas cosas. Las certezas, en muchas ocasiones, cierran el camino a nuevos conocimientos y experiencias. 
Schopenhauer, por ejemplo, pensaba que esas experiencias sublimes proceden del entendimiento de la pequeñez, la nada del individuo ante la inmensidad del universo. Entonces se produce el milagro: cuanto menos eres, más creces, más aprendes, más descubres. 
¿Cómo podemos liberarnos de la obsesión de ser alguien? 
El vacío nos produce pánico. Sin embargo, a quien le aterra el vacío es porque se cree sólido, porque no se da cuenta de que luchar por seguir siendo “alguien” y mantener amurallado el castillo de su identidad es completamente ineficaz. Por eso, para deshacerse de la obsesión por ser alguien es importante abrazar el cambio, darnos cuenta de que todo está en movimiento, sobre todo nuestra identidad. 
También es fundamental apuntalar nuestro autoconcepto desde dentro. Ser conscientes de que no necesitas ser alguien para ser feliz, sentirte satisfecho y vivir plenamente. La plenitud como persona proviene de hacer lo que nos reporta felicidad, no de cumplir con los encorsetados roles sociales que marcan las pautas para “ser alguien”.