23 abril 2019

EL MAYOR OBSTÁCULO QUE DEBEMOS SUPERAR PARA SER LIBRES, SEGÚN GIKOVATE


Psicología /desarrollo personal
  EL MAYOR OBSTÁCULO QUE DEBEMOS SUPERAR PARA SER LIBRES, SEGÚN GIKOVATE

Ser libres es una de nuestras mayores aspiraciones. También es una de nuestras principales frustraciones. Es difícil resistir el impacto cuando chocamos con el muro de una sociedad que empuja hacia la normalización y la estandarización. Entonces vivimos la contradicción del individuo que busca su libertad y la sociedad que se encarga de delimitar las fronteras de esa libertad. ¿Podemos escapar de esa paradoja? 
Según Flavio Gikovate, un psicólogo brasileño que se dedicó a analizar los problemas que afrontamos en nuestra vida social, estaríamos enfocando mal el asunto porque “más que los factores externos, son los conflictos interiores los que nos impiden ser libres”. El secreto, por tanto, estaría en nuestro interior. Pero para descubrirlo necesitamos cambiar radicalmente nuestra perspectiva y modo de pensar. 
La proyección de nuestros conflictos internos 

“Existe una antigua tendencia a intentar atribuir a factores externos la imposibilidad de alcanzar nuestros mayores anhelos. Siempre ha sido más fácil y atractivo pensar de este modo que suponer seriamente la existencia de obstáculos internos. 
“Es mucho más fácil mantener esta actitud y proyectar en otros (personas o instituciones) aquella actitud que se nos oponga, en lugar de asumir el hecho de que ambas nos pertenecen. De este modo una contradicción interna se transforma en un conflicto externo por medio de la proyección en otra persona de uno de los componentes del dilema”. 
Gikovate apunta que uno de los primeros obstáculos que debemos vencer para ser libres consiste en dejar de proyectar nuestras inseguridades en el mundo exterior. La mayoría de las personas muestran una tendencia a huir de su intimidad, tienen miedo a estar a solas consigo mismas. 
El miedo a estar a solas con nosotros mismos 
El hombre, al no soportar la convivencia con su propia condición – lo que incluye también sus contradicciones – trata de ocuparse lo más posible de cosas externas. Este resulta un modo eficaz de olvidarse de sí mismo. 
Siempre se hace difícil convivir con dudas, dilemas y contradicciones, y así se llega a conclusiones precipitadas, muchas veces cobardes, que suelen atribuirse a las presiones que ejerce el medio externo. Esas presiones, evidentemente, existen. […] Lo que hay que discutir es si su peso decisivo es tan grande como el que se le pretende atribuir”. 
La sociedad intenta imponer sus normas y reglas, las personas a nuestro alrededor nos presionan y a nuestro paso aparecen obstáculos continuamente. Nadie lo pone en duda. No obstante, ¿son esos obstáculos realmente la principal causa de la limitación de nuestra libertad o son una excusa para no atrevernos a ir más allá? El hecho de que el camino sea más difícil no significa que no se pueda recorrer. 
El autoconocimiento como vía para alcanzar la libertad 
Gikovate afirma que “son las dudas y contradicciones las que impiden una actitud efectiva hacia el camino de la libertad, lo que equivale a una falta de convicción en los propios conceptos. Esa convicción solo podrá existir en aquellos que asuman por completo sus contradicciones, sin recurrir al fácil expediente de proyectar uno de sus componentes”. 

Por tanto, la libertad, que para Gikovate “significa esencialmente coherencia entre ideas, conceptos y comportamiento objetivo”, se debe buscar a través de un ejercicio de introspección profundo. Solo si nos conocemos y sabemos lo que queremos, tendremos la fuerza suficiente para elegir la libertad. 

Todas las personas necesitan saber hasta qué punto le fascinan las cosas materiales que nuestra sociedad ofrece para el consumo y qué precio está dispuesta a pagar para acceder a ellas. Negar la fascinanción que estas ejercen puede inducir increíbles equívocos y provocar grandes frustraciones […] Pagar cualquier precio por ellas podrá llevar a un equívoco aún más grave: una persona podría darse cuenta de que se está muriendo de tedio a pesar de estar rodeada de todo lo que desea”. 
“Nuestras reflexiones oscilan entre el hedonismo y el ascetismo, y será necesario llegar de modo firme a una convicción antes de que podamos pensar en una acción libre y consecuente. Solo así podremos fortalecernos íntimamente para oponer resistencia a las presiones del medio y abrir nuestro camino. Si no somos capaces de esto, de nada servirá acusar a la estructura social de esclavizante y opresora. Solo estaremos justificándonos por no asumir nuestra propia incompetencia”. 
Por tanto, el principal enemigo de nuestra libertad somos nosotros mismos. Y solo podemos superar ese “obstáculo” haciendo las paces con nuestro “yo”, tomando decisiones conscientes que nos permitan perseguir nuestros sueños, independientemente de los obstáculos que aparezcan en nuestro camino, que serán muchos.
Cuando realizamos ese ejercicio de autoconocimiento, cuando realmente conectamos con nuestras necesidades, ocurre el milagro porque, de repente, las presiones sociales pierden gran parte de su peso. Después de todo, la sociedad nos ata solo en la medida en que permitimos que nos ate.
Gikovate cierra sus reflexiones con un mensaje optimista: “si las personas que viven de modo coherente y consistente fueran más felices y se sintieran más realizadas, esto podría tener consecuencias sociales insospechadas”. 

21 abril 2019

7 CONSEJOS PARA ELIMINAR EL HÁBITO DE COMERSE LAS COMERSE LAS UÑAS


Psicología/Tratamientos Psicológicos7 CONSEJOS PARA ELIMINAR EL HÁBITO   DE COMERSE LAS COMERSE LAS UÑAS ¿Te muerdes las uñas? Si es así, no estás solo, comerse las uñas es un hábito bastante común. La onicofagia, que es el nombre que se le da a este acto, es mucho más usual de lo que podrías imaginar ya que afecta al 45% de los niños y a un 10% de los adultos. Sin embargo, el problema de comerse las uñas no es meramente estético. Por ejemplo, se ha apreciado que los niños que padecen onicofagia tienen más dificultades para desarrollar sus habilidades sociales. También se conoce que el mordisqueo continuo provoca microtraumatismos que dañan el lecho ungueal y terminan afectando el crecimiento normal de la uña. Además, generan dolor e inflamación en el dedo, a la vez que aumentan las probabilidades de contraer hongos. La onicofagia también puede provocar desgaste en los dientes y, cuando se mantiene a lo largo del tiempo, incluso puede dar lugar a una mala oclusión de los dientes anteriores. Además, cuando la persona no solo se muerde las uñas, sino que también las ingiere, existe el riesgo de destrucción alveolar y de sufrir daños en el aparato digestivo. Comerse las uñas también tiene consecuencias a nivel psicológico. Esta persona no solo experimenta un fuerte sentimiento de culpa, sino que a menudo piensa que no es capaz de controlar sus impulsos, como resultado, su autoestima se afecta y pierde la confianza en sí misma. El principal problema es que el deseo de dejar de comerse las uñas provoca más tensión y ansiedad, agravando así el cuadro. De hecho, se ha podido apreciar que la onicofagia es más común cuando la persona atraviesa por situaciones de estrés, nerviosismo o insatisfacción. ¿Cómo dejar de comerse las uñas? Ante todo, es importante que comprendas que comerse las uñas es un hábito, y un hábito no es más que un comportamiento aprendido. De hecho, algunos niños comienzan a morderse las uñas para imitar a alguien. En otros casos, el hábito empieza de manera inconsciente, ya sea porque la persona estaba aburrida o porque se sentía nerviosa. En ese momento, comerse las uñas se convierte en una válvula de escape, el cerebro asocia ese comportamiento con algo positivo, que permite liberar la ansiedad y por eso, la persona continúa mordiéndose las uñas. Por supuesto, existen diferentes tipos de hábitos. En vez de hacer referencia a hábitos “positivos” y “negativos”, es mejor hablar de hábitos funcionales, que nos ayudan a desenvolvernos mejor en nuestro día a día, y hábitos disfuncionales o desadaptativos, que nos causan problemas.  Obviamente, comerse las uñas se puede convertir en una patología, puede dar lugar a una dependencia patológica que la persona no puede manejar y que limita su vida. En esos casos, es muy difícil abandonar ese hábito sin la ayuda de un profesional que vaya guiando tus pasos. Sin embargo, si se trata de un hábito que aún no ha adquirido estas proporciones, es probable que puedas eliminarlo siguiendo estos pasos. 1. Propóntelo de verdadPuede parecer una verdad de Perogrullo, pero hay personas a las que el hábito de comerse las uñas no les provoca una molestia real. En esos casos, no existe un compromiso con el cambio porque no se experimenta una necesidad urgente de eliminar ese hábito. De hecho, en algunos casos comerse las uñas puede reportar un alivio de la ansiedad tal que, al colocarlo en una balanza, la persona prefiere continuar manteniendo ese hábito en vez de esforzarse por eliminarlo. Por supuesto, ese mecanismo no siempre se hace consciente, por lo que es importante que escudriñes dentro de ti y te preguntes si realmente quieres dejar de comerte las uñas. Si es así, debes asumir un compromiso contigo mismo. 2. No intentes evitar el deseo de comerte las uñasA primera vista puede parecer un contrasentido, pero intentar suprimir el deseo de comerse las uñas simplemente no funciona. Cuando intentamos suprimir una sensación o un pensamiento de nuestra mente, se activa un proceso de autovigilancia que nos lleva a pensar aún más en la idea que queremos apartar, es lo que se conoce como “efecto rebote”. Por tanto, no te focalices en eliminar el deseo de morderte las uñas, en su lugar, busca un “hábito substituto”. 3. Crea un nuevo hábitoLa forma más sencilla y fácil de modificar un hábito es colocar en su lugar uno nuevo, que sea más productivo y funcional. Por ejemplo, si quieres eliminar ese bocadillo que comes a mitad de mañana, debes apostar en su lugar por comerte una manzana o por hacer una pequeña caminata. Sin embargo, si solo eliminas el bocadillo y no creas un hábito más saludable en su lugar, muy pronto volverás a la vieja costumbre. Obviamente, elegir un hábito saludable es fácil, lo difícil es ponerlo en práctica. En este sentido, puedes usar uno de los ejercicios más eficaces que propone la PNL para cambiar hábitos y que se denomina “swish”. Básicamente, se trata de que imagines que estás a punto de comerte las uñas. Mira esa escena en primera persona y concéntrate en las sensaciones que experimentas justo cuando estás a punto de llevarte las uñas a la boca. Después, cambia la escena, imagina que estás haciendo otra cosa, como meter las manos en los bolsillos, y mírate desde fuera, como un espectador externo. Imagina que estás tranquilo y sereno, que tienes el control.Repite este ejercicio varias veces y, mientras cambias la imagen, haz un pequeño sonido: “swish”. Ese sonido te servirá en otras ocasiones como conexión, para que logres calmarte cuando estás a punto de comerte las uñas. En práctica, se trata de crear una conexión automática con un estado de bienestar, de manera que no cedas a la compulsión. 4. Usa señales visualesUn estudio realizado en el Instituto Tecnológico de Israel demostró que las señales visuales son muy útiles para dejar de comerse las uñas. Estos psicólogos trabajaron con 80 personas que padecían onicofagia. La mitad de ellas fue sometida a una terapia aversiva tradicional, mientras que la otra mitad utilizó recuerdos visuales no removibles. Al cabo de cinco meses se pudo apreciar que las personas que usaban las señales visuales obtenían mejores resultados.Este método es particularmente eficaz para quienes se comen las uñas de manera automática, sin darse cuenta, pero tienen un buen autocontrol. De hecho, se trata de buscar una señal visual que nos recuerde que no debemos mordernos las uñas. Puede ser pintarse las uñas de un color intenso o incluso llevar un brazalete. La idea es que cuando estés a punto de llevarte las uñas a la boca, veas la señal de advertencia e interrumpas ese gesto de manera consciente.5. Rompe la estructuraUna técnica muy eficaz para dejar de comerse las uñas es hacerlo de forma sistemática. Se trata de un método propio de la Psicología Inversa en el cual, el objetivo es precisamente, morderse las uñas. En práctica, puedes darte vía libre, con la condición de que te muerdas las uñas siguiendo un orden, primero el dedo meñique, luego el anular y así sucesivamente. Cuando lo hagas, te resultará muy extraño. De hecho, mientras más raro sea, mejor, porque se trata de insertar un orden en un hábito que no es estructurado. De esta forma, es como si introdujeras una bomba dentro del hábito, para que explote desde el interior.
Debes repetirlo varias veces, hasta que llegue un momento en que te resulte tan extraño, que llega a ser desagradable. La mayoría de las personas abandona el hábito rápidamente, por lo que se trata de una técnica muy eficaz. No obstante, si después de un tiempo prudencial (dos semanas) notas que no funciona, es mejor que la abandones y optes por otra estrategia.6. Presta atención al contextoLa onicofagia se alimenta de la ansiedad y el desequilibrio emocional. Por eso, es importante que además de poner en práctica diferentes técnicas que te permitan controlar ese hábito, también trabajes en tu contexto. Si logras eliminar algunos de los estresores cotidianos, estarás allanando el camino. De hecho, a menudo las cosas que más nos estresan no son los grandes problemas sino las pequeñas preocupaciones cotidianas. Aprender técnicas de relajación y afrontamiento del estrés no solo será beneficioso para dejar de comerse las uñas sino también para mejorar tu calidad de vida. Además, es conveniente que le prestes atención a los estímulos que suelen disparar ese hábito. A menudo las personas se muerden las uñas cuando están delante del televisor, mientras leen o justo antes de hacer una presentación. Debes prestarle atención al contexto ya que encontrarás señales que disparan el hábito, en esos casos, es conveniente evitar esos estímulos.
 7. Monitoriza los progresos y felicítate A menudo la onicofagia es un problema asociado al perfeccionismo. Muchas de las personas que se comen las uñas se someten a sí mismas a un gran estrés porque quieren obtener resultados impecables. Estas personas suelen mantener un diálogo muy negativo consigo mismas, un diálogo interior marcado por los reproches. Sin embargo, si quieres lograr cambios positivos en tu vida, más que blandir el látigo contra ti mismo, es mejor que aprendas a recompensarte y sentirte satisfecho con tus logros, por pequeños que sean.
 Al intentar cambiar un hábito, habrá momentos en que pierdas la motivación, por eso es importante que monitorices tus progresos. Una estrategia muy sencilla consiste en tomar fotos de tus manos, para que puedas ir notando los progresos. De esta forma, podrás apreciar los cambios después de una semana o de 15 días. Entonces, felicítate por lo que has logrado y date un pequeño capricho. Recuerda que el niño que llevas dentro también necesita palabras de apoyo y palmaditas en la espalda.


19 abril 2019

PASOS PARA ELIMINAR EL MIEDO: SIENTE, OBSERVA Y REFLEXIONA



Psicología/Tratamientos Psicológicos
PASOS PARA ELIMINAR EL MIEDO: SIENTE, OBSERVA Y REFLEXIONA

 
Cuando somos pequeños tenemos muchos temores, en gran parte porque el mundo nos parece inmenso y a veces las cosas que no conocemos nos asustan un poco. Cuando vamos tomando conciencia de estos miedos, pensamos que poco a poco irán pasando, que con los años se atenuarán.

Sin embargo, no es así. Muchas de las personas que le tenían miedo a la oscuridad cuando eran niños continúan temiéndole de adultos. Muchas de las niñas que le temían a las ranas continúan manifestando este temor incluso si ya son adultas.

El problema es muy sencillo: la mayoría de los miedos no desaparecen por sí solos, es necesario trabajar sobre su causa. No basta con saber que es un temor irracional, es importante trabajar sobre el miedo. Por eso, te propongo que sigas estos sencillísimos pasos. Antes de comenzar, te aconsejo que te sientes en un lugar tranquilo, donde nadie te pueda molestar. 


Tres pasos para eliminar el miedo

1. Siente el miedo. Cuando experimentamos temor nuestro primer impulse es el de escapar, queremos que el miedo simplemente desaparezca porque nos hace sentir mal. No obstante, si enfrentamos la sensación de miedo de una vez y por todas, nos daremos cuenta de que no es tan horrible como suponíamos. De hecho, a menudo toda la película que corremos en nuestra imaginación es mucho peor que la realidad.

 

2. Conviértete en un observador. Imagina que eres otra persona, alguien que no siente ese miedo. Mírate como si fueras otro, ¿qué ves? Si logras ensimismarte en el rol de un observador externo, el miedo desaparecerá por sí solo y te darás cuenta de lo irrisorio de la situación. Finalmente podrás comprender a nivel emocional que se trata de un miedo ilógico, sin ninguna base.

3. Busca las causas del miedo. Aunque probablemente tienes en los labios el sabor de la victoria, debes saber que un miedo que has estado arrastrando durante años no se elimina tan fácilmente. Por eso también es importante que trabajes en las raíces del temor. Excava en tu mente planteándote preguntas como: ¿cuándo fue la primera vez que sentí el miedo? ¿a qué se debió? ¿qué factores han fortalecido el miedo a lo largo del tiempo? 

 

Te asombrará descubrir que los factores que dieron lugar a tu temor ya no existen o no son válidos para tu realidad actual. Sin embargo, en muchas ocasiones, es como si nos olvidásemos de actualizar esa parte de la memoria, que continúa alimentando un miedo del todo injustificado.

 

Finalmente, vale aclarar que este pequeño y sencillo ejercicio deberás repetirlo varias veces, hasta que sientas realmente que el miedo se ha ido por completo. No te desanimes, recuerda que has pasado años alimentando ese temor y que eliminarlo no será algo que puedes hacer de la noche a la mañana.


16 abril 2019

Psicología Tratamientos Psicológicos  
CÓMO DESACTIVAR RECUERDOS DOLOROSOS: QUÉ SIGUEN LASTIMANDO, AUNQUE HAYA PASADO EL TIEMPO

Nuestras experiencias se registran en la memoria, pero antes pasan por una serie de filtros, tanto emocionales como cognitivos. Esa es la razón por la cual dos personas que hayan vivido la misma situación pueden tener recuerdos muy diferentes.
La carga emocional asociada a cada recuerdo es lo que le brinda su potencia. De hecho, los sucesos sin carga emocional, como ver pasar a un desconocido por la calle, no generan recuerdos significativos. Sin embargo, si se trata de un evento que ha provocado daño, dolor, angustia, ira u otros sentimientos intensos, dejará una huella más profunda en la memoria.
Sin embargo, lo más interesante es que normalmente la carga emocional de un recuerdo proviene principalmente de la historia que creamos acerca de esa experiencia. Por ejemplo, podemos afrontar una situación dolorosa pensando: “Sucedió, me ha dolido, pero ya no puedo hacer nada para solucionarlo así que es mejor que siga adelante con mi vida”. Sin embargo, otra persona podría afrontar esa misma situación de manera completamente diferente pensando: “Es un desastre, estoy devastado, nunca me recuperaré de esto”. 
¿Qué efecto tendrán esas diferentes perspectivas sobre los recuerdos dolorosos? Es probable que ninguna de esas dos personas olvide lo ocurrido, pero la primera logrará pasar página más rápido mientras que la segunda se quedará bloqueada en el dolor y el sufrimiento que genera esa experiencia, que seguirá cargando sobre sus espaldas como si estuviera ocurriendo en su presente.
Los recuerdos no son fijos
Muchos piensan que los recuerdos son como instantáneas o cintas de vídeo, pero en realidad la memoria cambia continuamente, de manera que las experiencias almacenadas también se modifican. Podemos olvidar detalles, suavizar su impacto, reordenarlas o incluso reeditarlas para crear nuevas versiones con efectos añadidos.
Lo usual es que los hechos se mantengan bastante estables, pero la carga emocional asociada se puede "editar" según cambiemos la historia narrativa sobre el suceso. Algunas personas necesitan un poco de tiempo para editar sus recuerdos dolorosos. De hecho, es probable que en alguna ocasión te hayan ocurrido cosas ante las cuales simplemente dices: “ahora mismo no puedo lidiar con esto”. 
Está bien, cada cual tiene su propio ritmo de afrontamiento, pero es importante que la evitación no se convierta en tu estrategia de afrontamiento preferida ya que los recuerdos dolorosos necesitan ser reprocesados o no podrás disipar el sufrimiento que generan.
¿Cómo “desactivar” los recuerdos dolorosos?
Debemos ser conscientes de que la incomodidad y la angustia son inevitables cuando atravesamos por una situación adversa, pero a medida que la reconocemos, suelen atenuarse. Al contrario, si nos sumimos en el pozo de la desesperación, el sufrimiento no hará sino aumentar.
Es importante que no violentes tu ritmo de sanación, pero en cierto punto tendrás que decidir que ha llegado el momento de afrontar la situación dolorosa. A muchas personas les ayuda llevar a cabo una especie de ritual, hay quienes van a un sitio especial relacionado con el evento doloroso, por ejemplo, se permiten revivir lo ocurrido y luego se sienten liberados. No obstante, cada uno debe encontrar la estrategia que mejor le funcione.
Existen tres técnicas sencillas de aplicar que pueden ayudarte a procesar los recuerdos dolorosos y seguir adelante. 
1. El cuerpo como reflejo del recuerdo
Con esta técnica no nos focalizamos directamente en la memoria y su carga emocional sino en su reflejo corporal. Esto significa que aunque el recuerdo se mantenga, sus efectos en el cuerpo cambiarán, por lo que es muy útil para eliminar los síntomas físicos que generan ciertos recuerdos dolorosos, como la tensión muscular, las palpitaciones o los problemas para respirar.
Todo lo que debemos hacer es traer a la mente el recuerdo doloroso y fijarnos en las respuestas reflejas que genera en nuestro cuerpo. Una vez que las detectemos, debemos centrarnos en esa parte, respirar profunda y suavemente y relajar los músculos, hasta que sintamos que la tensión se desvanece.
Cuando sintamos que esa sensación ha desaparecido por completo, podemos pasar a otra parte del cuerpo. Este ejercicio se debe repetir varias veces a lo largo del tiempo, no debemos esperar resultados inmediatos ya que se trata más bien de un entrenamiento a través del cual le indicamos a nuestro cerebro que, aunque se trata de un recuerdo doloroso, no debe provocar sensaciones corporales puesto que es una vivencia pasada.
2. La sala de cine de la memoria
Se trata de una técnica de visualización que consiste en cerrar los ojos e imaginar que lo que nos ha ocurrido es como una película. Podemos visualizar una pantalla en la que ocurran los hechos o verlo directamente en nuestra mente. El objetivo es desarrollar una actitud desapegada hacia lo ocurrido, de manera que podamos restarle parte de su impacto emocional.
Es probable que mientras veamos esa “película” afloren sentimientos muy intensos, es fundamental no dejar que estos nos atrapen y seguir adelante. Este ejercicio también es importante porque solemos tender a focalizarnos solo en las partes del evento que confirman nuestra manera negativa de pensar, obviando el resto de los detalles, que nos brindan un cuadro más completo y veraz de lo sucedido.
Al final, debemos imaginar que estamos rebobinando la película a velocidad rápida, hasta llegar al punto en el que nos sentíamos bien. Entonces debemos dejar que nuestras emociones se reestablezcan y darnos cuenta de que, aunque hemos pasado por una situación traumática, todavía estamos vivos y podemos continuar adelante.
3. Dejar ir los pensamientos automáticos
La mayoría de los recuerdos dolorosos se mantienen activos porque los alimentamos con pensamientos automáticos negativos. Si no tuviésemos esos pensamientos, nos resultaría muchísimo más sencillo procesar la experiencia traumática y deshacernos del sufrimiento. De hecho, si escrutas tu mente te darás cuenta de que no solo vives una y otra vez esos recuerdos dolorosos sino que además, piensas continuamente lo mismo.

Si tienes pensamientos que te hacen sentir culpable, te devalúan como persona o simplemente alientan el sufrimiento, una técnica muy sencilla consiste en escribirlos en tiras de papel. El simple hecho de escribirlos ya significa darse cuenta de su existencia e identificarlos como pensamientos desadaptativos.

Luego, cuando hayamos decidido que es el momento de seguir adelante y dejar en el pasado la experiencia dolorosa, tomamos esas tiras de papel y las quemamos, una a una. Mientras se queman podemos concientizar que se trata de un pensamiento negativo que solo nos hacía daño. Otra alternativa de esta técnica consiste en escribir directamente esos pensamientos en globos y dejarlos ir. Mientras se alejan, podemos sentirnos liberados del influjo negativo que ejercían sobre nosotros.

EL SÍNDROME TRAUMÁTICO POSTELECTORAL: ¿TRASTORNO REAL O INVENTO MEDIÁTICO?


Un trastorno relativamente olvidado que se reaviva cada vez que un país se enfrenta a elecciones, pero que dio mucho de que hablar a inicios de los 2000: el Síndrome Traumático Postelectoral. Podría decir sin temor a equivocarme que este trastorno reúne más méritos mediáticos que. nosológicos.
El Síndrome Traumático Postelectoral o PESTS (sus siglas en inglés) es una afección que ha golpeado a muchos seguidores de  partidos derrotados (¿simple casualidad?) al Trastorno por Estrés Postraumático.
Entre sus síntomas principales se encuentran: aislamiento, ira, irritabilidad, desinterés, amargura, principio de anorexia, insomnio, pesadillas y preocupaciones excesivas acerca del futuro del país (EUA, me parece un tanto obvia la aclaración, pero siempre es válida).
Existen algunos psicoterapeutas norteamericanos que ya tienen experiencia con este trastorno así, después de las elecciones, sus consultas se llenan con un número considerable de víctimas seguidoras del partido perdedor a las cuales normalmente tratan con hipnosis. Aunque vale aclarar que el fenómeno ha llegado hasta las páginas del Asia Times Online donde los doctores reconocen que después de las elecciones el número de personas diagnosticadas con ansiedad o depresión aumenta en un 10%.
En realidad, nos hallamos ante un “desarrollo” o “evolución” de la idea del trauma psíquico, fenómeno más conocido entre los psicólogos y psiquiatras como: Trastorno por Estrés Postraumático. De hecho, algunos estudiosos del fenómeno como Summerfield han sugerido que se trata de una entidad elaborada no sólo a partir de ideas psiquiátricas, sino que se ha sustentado en elementos sociopolíticos por lo cual cuestionan seriamente su existencia
Para comprender este trastorno basta conocer que, como punto desbordante, un fenómeno similar al PESTS se observó entre los fans del futbol cuando sus equipos eran echados de las ligas más importantes. Una investigación muy interesante desarrollada en la Universidad de Nottingham Trent reveló que entre los fans de los equipos deportivos se evidenciaba un gran distress psicológico después de las derrotas totales en las ligas. ¿Síndrome Traumático Postpartido sería la categoría más apropiada? Saquen ustedes sus propias conclusiones.
Por cierto, no puedo evitar terminar esta reflexión recordando una historia donde los alienígenas que tenían la misión de estudiar el comportamiento humano se preguntaban: ¿Por qué tanto despliegue de energía ante cada campaña electoral si a la larga todo sigue como siempre? Sin comentarios :-)

11 abril 2019

HAY PERSONAS QUE SABEN FLUIR PARA NO COMPLICARSE LA VIDA INNECESARIAMENTE


Psicología /desarrollo personal                                                                               
HAY PERSONAS QUE SABEN FLUIR PARA NO COMPLICARSE LA VIDA INNECESARIAMENTE
Hay personas que saben fluir, que afrontan los problemas apenas aparecen y encuentran soluciones rápidamente. No es que la vida les sonría o que tengan más suerte que el resto de los mortales, tan solo son proactivos y no dejan para mañana lo que pueden hacer hoy. 
Al contrario, otros se complican la vida innecesariamente, se quedan atascados analizando el problema o buscando soluciones. Les cuesta mucho salir del agujero cuando caen porque tienen lo que podríamos llamar "sobrepeso mental". Estas personas dan demasiadas vueltas a los problemas, analizan al milímetro las posibles soluciones y postergan indefinidamente la toma de decisión hasta que no se encuentran contra la espada y la pared. Ello genera una sobrecarga emocional y cognitiva que puede llegar a ser extenuante.
Tipos de pensamiento que nos complican la vida
1. Planificas tareas pendientes que realmente no necesitas hacer 
A menudo nos sobrecargamos con compromisos o tareas que no son realmente necesarios. El problema es que cuando comenzamos nuestro diálogo interior con la palabra “necesito” se activa la alarma para dar prioridad a esa presunta necesidad. Eso puede hacer que prioricemos cosas que no son necesarias y posterguemos aquellas que realmente son imprescindibles. De esta manera nos mantenemos ocupados en tareas más o menos intrascendentes mientras las cosas importantes se quedan en un segundo plano y se acumulan. Como resultado, no es extraño que terminemos agotados y estresados, con la sensación de que no hemos aprovechado el día. 
¿Solución? Si no quieres complicarte la vida por gusto, asegúrate de tener en tu lista de tareas solo aquellas que sean verdaderas prioridades. Analiza todos tus “necesito”. Quizá podrías cambiarlos por palabras como “quiero”, “me gustaría” o “prefiero”. Ese cambio semántico te ayudará a sacar a colación otras cosas que realmente son más importantes y a las que vale la pena dedicarle tu tiempo y energía. 
2. Buscas la solución perfecta 
Buscar la solución perfecta es uno de los errores más comunes que nos mantiene atrapados en el círculo vicioso que ha creado el problema a nuestro alrededor. En nuestra mente, exploramos diversas alternativas, pero no nos decidimos por ninguna porque vemos fallos o posibles riesgos en todas. El miedo a equivocarnos alimenta un flujo constante de ideas que termina confundiéndonos y paralizándonos. Así, en vez de buscar soluciones para el problema, hallamos problemas para las soluciones. A cada idea le encontramos un fallo. Esa situación nos sobrecarga cognitivamente y termina dejándonos exhaustos. 
¿Solución? Debes asumir que existen decenas de soluciones, muchas de las cuales son perfectamente válidas. Reflexionar antes de tomar una decisión es inteligente, quedarse dando vueltas en las decisiones no lo es. Es tan solo una manera de complicarse la vida. Por tanto, interioriza que no hay soluciones perfectas, garantizadas y 100% libres de riesgo.
3. Has encontrado una buena solución, pero no la implementas 
Por inverosímil que parezca, a veces podemos quedarnos atascados en la “fase teórica”, sin pasar a la acción. Le pasa a menudo a las personas que padecen depresión o a los procrastinadores. Estas personas pueden saber cuál es el camino a seguir, han encontrado la solución para el problema, pero no la implementan. Como resultado, se quedan atrapadas en el problema, el cual las desgasta cada vez más. Este comportamiento puede deberse a múltiples causas, pero generalmente se explica por el miedo a salir de la zona de confort, una zona en la que quizá no nos sentimos bien, pero nos reporta la seguridad de lo conocido. 
¿Solución? Asume que el primer paso no te llevará donde quieres llegar, pero al menos te sacará de donde estás. Si te asusta tomar una decisión, simplemente ve dando pequeños pasos. Siempre tienes la opción de volver atrás y emprender otro camino. Recuerda que a veces el camino no es recto sino lleno de curvas y retrocesos. Aún así, es mejor moverse que mantenerse paralizado sufriendo una situación que te está dañando. 
4. Te obsesionas con las consecuencias de las decisiones y con lo que pensarán los demás 
El pensamiento es una herramienta muy potente que nos permite proyectarnos al futuro para evitar posibles daños. Sin embargo, también es un arma de doble filo que genera preocupaciones incesantes que nos arrebatan la tranquilidad. Uno de los principales errores que nos mantienen atascados y nos complican la vida consiste en pensar continuamente en las implicaciones de nuestras decisiones, casi siempre previendo las consecuencias más negativas que podamos imaginar. De hecho, muchos temen a cómo reaccionarán los demás o qué pensarán de ellos. El temor al juicio social les mantiene atrapados. 
¿Solución? Tomar decisiones es el arte de elegir caminos y lidiar con la incertidumbre. Eso significa que, dado que solo podemos recorrer un camino, debemos olvidarnos del resto. Todas las decisiones que tomes siempre tendrán consecuencias. Siempre tendrás que renunciar a algo y nunca podrás estar seguro completamente de las implicaciones de los pasos que das. Aún así, si quieres seguir creciendo, debes moverte. Y eso implica tomar decisiones. Asume que no puedes controlar las reacciones de los demás y que es probable que tu decisión no guste a todos. Aun así, es tu decisión. Es tu vida, y tú decides.

5. Inventas obstáculos 
Puede parecer un contrasentido, pero a menudo inventamos obstáculos en nuestro camino para evitar tomar una decisión que nos atemoriza. De hecho, es la estrategia más común para complicarse la vida innecesariamente. Por ejemplo, nos decimos que no podemos tomar la decisión sin consultar antes a una persona que no se encuentra disponible o con la cual mantenemos una mala relación. O nos decimos que no podemos decidir hasta que no tengamos más información, a sabiendas de que nunca será suficiente porque es imposible minimizar a cero la incertidumbre. En esos casos, en vez de dedicar nuestro tiempo y energía a buscar soluciones, nos dedicamos a poner obstáculos. Como resultado, nos sentiremos atrapados en un laberinto sin salida que hemos construido nosotros mismos. 

¿Solución? No es necesario que crees más obstáculos de los que la vida te pone. Si te sientes atascado a pesar de que ya has encontrado una solución, pregúntate a qué le tienes miedo. Ahí se encuentra la respuesta a los obstáculos que estás creando para no dar el próximo paso. Puedes aprovechar esa situación para crecer afrontando tus temores.

10 abril 2019


HAY ALMAS QUE FUNCIONAN EN "MODO QUEJA"
Todos, en algún que otro momento, hemos asumido el papel de víctimas. Sin embargo, hay personas que se convierten en víctimas permanentes, sufren lo que podríamos considerar como un “victimismo crónico”. Estas personas se disfrazan de falsas víctimas, ya sea de forma consciente o inconsciente, para simular una agresión inexistente y, de paso, culpar a los demás, liberándose de toda responsabilidad.
En realidad, el victimismo crónico no es una patología, pero podría desembocar en un trastorno paranoide, cuando la persona insiste en culpar continuamente a los demás de los males que padece. Además, esta forma de afrontar el mundo, de por sí, conduce a una visión pesimista de la realidad, que produce malestar, tanto en la persona que se queja como en quien recibe la culpa.

En muchos casos, la persona que abraza el victimismo crónico termina alimentando sentimientos muy negativos, como el resentimiento y la ira, que desembocan en un victimismo agresivo. Es el típico caso de quien no se limita a lamentarse, sino que ataca y acusa a los demás, mostrándose intolerante y vulnerando continuamente sus derechos como personas.
Radiografía de una víctima crónica
- Deforman la realidad. Este tipo de personas creen firmemente que la culpa de lo que les sucede es de los demás, nunca es suya. En realidad, el problema es que tienen una visión deformada de la realidad, poseen un locus de control externo, y creen que tanto las cosas positivas como las negativas que ocurren en su vida no dependen directamente de su voluntad, sino de las circunstancias externas. Además, sobredimensionan los aspectos negativos, desarrollando un pesimismo exacerbado que les llevan a centrarse solo en las cosas negativas que les suceden, obviando las positivas.

- Hallan consuelo en el lamento. Estas personas creen que son víctimas de los demás y de las circunstancias, por lo que no se sienten culpable ni responsables de nada de lo que les sucede. Como resultado, lo único que les queda es lamentarse. De hecho, suelen encontrar placer en el acto de quejarse porque así asumen mejor su papel de "pobres víctimas" y logran llamar la atención de los demás. Estas personas no piden ayuda para solucionar sus problemas, solo se lamentan de sus desdichas en la búsqueda desenfrenada de compasión y protagonismo.


- Buscan culpables continuamente. Las personas que asumen el papel de víctimas eternas, desarrollan una actitud recelosa, suelen creer que los demás siempre actúan de mala fe, solo para ponerles la zancadilla. Por eso, suelen tener un afán casi morboso por descubrir agravios nimios, sentirse discriminados o maltratados, solo para reafirmar su papel de víctimas. Así, terminan desarrollando una hipersensibilidad y se convierten en especialistas en formar una tormenta en un vaso de agua.

- Son incapaces de realizar una autocrítica sincera. Estas personas están convencidas de que no tienen la culpa de nada, por lo que no hay nada que criticar en sus comportamientos. Como la responsabilidad es de los demás, no aceptan las críticas constructivas y, mucho menos, realizan un examen de conciencia a fondo que les lleve a cambiar su actitud. Para estas personas, los errores y defectos de los demás son intolerables, mientras que los propios son una simple sutileza. Después de todo, las víctimas son ellos.

¿Cuáles son sus estrategias?

Para que una persona pueda asumir el papel de víctima, tiene que haber un culpable. Por tanto, debe desarrollar una serie de estrategias que le permitan lograr que la otra persona asuma la culpabilidad en el asunto. Si no somos conscientes de estas estrategias, es probable que caigamos en sus redes y que incluso estemos dispuestos a cargar con toda la culpa sobre nuestras espaldas.

1. Retórica victimista

Básicamente, la retórica de esta persona se dirige a descalificar los argumentos de su adversario. Sin embargo, en realidad no refuta sus afirmaciones con otros argumentos que sean más válidos, sino que se encarga de que la otra persona asuma, sin darse cuenta, el papel de atacante.

¿Cómo lo hace? Simplemente asume el rol de víctima en la discusión, de forma que la otra persona quede como alguien autoritario, poco empático o hasta agresivo. Es lo que se conoce en el ámbito de la argumentación como “retórica centrista” ya que la persona se encarga de mostrar a su adversario como un extremista, en lugar de preocuparse por refutar sus afirmaciones. De esta manera, cualquier argumento que esgrima su adversario, será solo una demostración de su mala fe.

Por ejemplo, si una persona se atreve a contrastar una afirmación con un hecho irrefutable o con estadísticas provenientes de fuentes fiables, la víctima no le responderá con hechos sino que dirá algo así como: “Siempre me estás atacando, ahora dices que miento” o “Estás intentando imponer tu punto de vista, haz el favor de disculparte”.

2. Retirada victimista

En algunos casos, el discurso de la víctima está dirigido a eludir su responsabilidad y evitar tener que disculparse o reconocer su error. Por eso, intentará escabullirse de la situación. Para lograrlo, su estrategia consiste en desprestigiar el argumento del vencedor, pero sin llegar a reconocer que estaba equivocado.

¿Cómo lo hace? Una vez más, asume el rol de víctima, juega con los datos a su antojo y los manipula a su conveniencia con el objetivo de sembrar la confusión. Básicamente, esta persona proyectará sus errores en el otro.

Por ejemplo, si una persona le responde con un dato comprobado, que niega su afirmación anterior, la víctima no reconocerá su error. En todo caso, intentará hacer una retirada digna y dirá algo así como: “Ese hecho no niega lo que he dicho. Por favor, no cree más confusión y caos” o “Me está culpando de confundir a los demás, no tiene educación, es evidente que es inútil discutir con usted porque no atiende a razones”, cuando en realidad quien crea el desconcierto es él mismo.

3. Manipulación emocional

Una de las estrategias preferidas de las víctimas crónicas es la manipulación emocional. Cuando esta persona conoce bastante bien a su interlocutor, no dudará en echar mano al chantaje emocional para poner el tablero a su favor y adoptar el rol de víctima. De hecho, estas personas son muy hábiles reconociendo emociones, por lo que utilizan cualquier resquicio de duda o culpa en su beneficio.

¿Cómo lo hacen? Descubren el punto débil de su adversario y explotan la empatía que este puede sentir. De esta forma, terminan envolviéndole en su tela de araña, para que esa persona adopte toda la responsabilidad y el papel de verdugo, mientras ellos se quedan cómodos en su rol de víctimas y pueden seguir lamentándose.
Por ejemplo, una madre que no quiere reconocer sus errores, puede poner la culpa en el hijo diciendo cosas del tipo: “Con todo lo que he hecho por ti, y así me pagas”. Sin embargo, este tipo de manipulación también es muy común en las relaciones de pareja, entre amigos e incluso en el ámbito laboral.
¿Cómo enfrentar a este tipo de personas?
El primer paso consiste en darse cuenta de que estamos ante una persona que asume el rol de víctima. Luego, se trata de resistir el embate y no dejar que nos enrede en su juego. Lo más sensato es decirle que no tenemos tiempo para escuchar sus lamentaciones, que si quiere ayuda o una solución, con gusto le ayudaremos, pero que no estamos dispuestos a perder tiempo y energía escuchando continuamente sus quejas.

Recuerda que lo más importante es que estas personas no te arruinen el día descargando en ti su dosis de negatividad y, sobre todo, que no te hagan sentir culpable. No olvides que solo te puede herir emocionalmente, aquel al que le des suficiente poder.

09 abril 2019

LA MEJOR DE LAS INTENCIONES TE PUEDE LLEVAR A LA PEOR DE LAS DECEPCIONES


·      Psicología /desarrollo personal                                                                                
LA MEJOR DE LAS INTENCIONES TE PUEDE LLEVAR A LA PEOR DE LAS DECEPCIONES
Había una vez un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y rosales. Los árboles vivían felices y satisfechos.
Todo era alegría, excepto por un árbol, que se sentía profundamente triste. Aquel árbol no sabía quién era.
Lo que le faltaba era concentración, decía el manzano:
- Si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas. Es muy fácil.
- No lo escuches...- decía el rosal. - Es más sencillo tener rosas. - ¿No ves qué bellas son?
Y el árbol, desesperado, intentaba todo lo que le sugerían. Sin embargo, como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más y más frustrado.
Un día llegó hasta el jardín un búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, le dijo:
- No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo que tienen muchísimos seres sobre la tierra. Yo te daré la solución: ¡No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas! Sé tú mismo, conócete y escucha tu voz interior.
Dicho esto, el búho desapareció.
- ¿Mi voz interior? ¿Ser yo mismo? ¿Conocerme? – Aquellas palabras no tenían mucho sentido para el árbol, hasta que de repente comprendió a qué se refería el búho.
Cerró los ojos y los oídos, abrió el corazón y pudo escuchar su voz interior diciéndole: 
-Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. ¡Eres un roble! Y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros y belleza al paisaje. Tienes una misión: ¡Cúmplela
Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí. Muy pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos.
Cuando los demás empujan en la dirección equivocada
Si por un momento nos viéramos con los ojos de la Física, nos convertiríamos en una persona sobre la que inciden numerosas fuerzas, que nos empujan en diferentes direcciones. Y lo más interesante es que las fuerzas mayores la ejercen precisamente las personas que más amamos, nuestros padres, hijos, pareja y amigo
La mayoría de estas personas no son conscientes de su fuerza o incluso creen que la ejercen en la dirección adecuada, creen que nos están haciendo un favor e incluso añaden: “cuando tengas más experiencia, comprenderás”. Sin embargo, lo cierto es que estar sometidos a todas esas fuerzas puede desgastarnos y resulta agotador. 
Además, cuando todos a nuestro alrededor tienen algo que opinar sobre nuestras decisiones y comportamientos, corremos el riesgo de perdernos a nosotros mismos. Una persona que no sea lo suficientemente segura de sí, sucumbirá ante la presión y probablemente terminará comportándose como los demás esperan que haga, perdiendo así la iniciativa e incluso la motivación. 
Cuando deseamos agradar y satisfacer a todos, corremos el riesgo de descuidar a la persona más importante del mundo: nosotros mismos. De esta forma, dando pequeños pasos, tomando pequeñas decisiones, un día podemos ser víctimas del Efecto Mariposa y darnos cuenta de que estamos en un punto del camino que no nos satisface ni nos hace felices.
Y es que, por mucha experiencia que hayan acumulado las personas que están a nuestro alrededor, no hay nadie que nos conozca mejor que nosotros mismos. Podemos escuchar las opiniones de los demás, pero somos nosotros quienes debemos decidir. Es imposible transmitir un sentido de la vida realmente significativo que guíe nuestros pasos, cada persona debe encontrar su propio sentido. Y para ello, quizás necesite equivocarse y caer varias veces. Porque a través de los errores también se crece. La misión de las personas que realmente nos aman, a veces no es evitar que caigamos sino ayudarnos a levantarnos.
¿Qué hacer?
Prácticamente todos, en algún que otro momento de nuestra vida, asumimos ambos roles. Es decir, empujamos o somos empujados. Por tanto, el primer paso consiste en aprender a moderar nuestro tono. Debemos brindar consejos cuando nos los piden, dar nuestro punto de vista sobre la situación porque este podría ser válido y podría ayudar al otro, pero no debemos empujar en una dirección. Porque a veces, la mejor de las intencioneste puede llevar a la peor de las decepciones.
Considera además que, en ocasiones, algunas personas acuden a nosotros con la esperanza de que resolvamos su problema o que tomemos una decisión en su lugar. Declina con cortesía la oferta porque cada uno debe elegir su propio camino y hacerse responsable por sus decisiones. No podemos ni debemos elegir por los demás.
Al contrario, cuando nos encontramos con una persona que intenta empujarnos en una dirección, debemos hacérselo notar de forma asertiva. Cuando una persona intente invadir tu espacio y pretenda tomar las decisiones en tu lugar, simplemente di: “Comprendo que quieres ayudarme y que te preocupas por mí. Valoraré tu consejo y después tomaré una decisión”.
Recuerda que tu vida es solo tuya, nadie puede vivirla en tu lugar. Por tanto, también es justo que seas tú quien decida, solo así podrás descubrir tu verdadero potencial y encontrar aquello que te apasiona y por lo que vale la pena vivir, como el roble de la historia.

En este sentido, es particularmente aclaradora una frase, con la que el psicólogo Fritz Perls iniciaba sus grupos de trabajo: "Yo hago mis cosas, y tú haces las tuyas. No estoy en este mundo para cumplir tus expectativas, ni tú estás para cumplir las mías. Tú eres Tú, Yo soy Yo. Si por casualidad nos encontramos, será hermoso. Si no, entonces no hay nada más que hacer".