21 marzo 2019
FELICIDAD ENLATADA - EL ENGAÑO DE LA “FELICIDAD TRADICIONAL” Y CÓMO DESENMASCARARLO PARA SER FELICES, DE VERDAD
Psicología sin Reservas
¿Pero qué es? ¿Qué imaginas
cuando piensas en la felicidad?
Si tienes una noción
tradicional de la felicidad, es probable que a tu mente acuda un escenario
cómodo, desprovisto de preocupaciones, ansiedades, tristezas… En otras
palabras: paradisíaco.
Esa es una felicidad enlatada,
la felicidad que nos han vendido – y hemos comprado - al más puro estilo del
“soma”, la droga que imaginó Aldous Huxley en su novela “Un mundo feliz” que
era el remedio perfecto para la depresión, la ansiedad, el insomnio y todas
aquellas emociones “negativas” que podamos imaginar o sentir.
Hay solo un problema: esa
felicidad no es la felicidad.
Cuando soñamos con la
felicidad, imaginamos un lugar libre de sufrimiento: un lugar donde la
ansiedad, la culpa, la melancolía y la rabia no tienen cabida. Imaginamos un
escenario en el que nuestras preocupaciones y batallas mentales se desploman
porque no tenemos ninguna razón para sentir pena, tensión o sufrimiento.
Ese concepto de felicidad no
solo es quimérico sino además precario. ¿Por qué? Debido al flujo de la vida,
al hecho de que estamos sometidos a una transitoriedad constante, las
condiciones de nuestra existencia no se mantienen estables, sino que cambian
continuamente.
Nuestros estados de ánimo,
nuestros activos, nuestros pasivos, nuestras relaciones y todas las demás
condiciones de nuestra existencia no se mantienen constantes. Las desgracias
imprevistas, los conflictos, la angustia, las preocupaciones, los problemas
volverán una y otra vez perturbando la efímera felicidad que habíamos creído
encontrar.
Entonces nos desesperamos. Nos
frustramos cuando nos damos cuenta de que no podemos obtener o retener lo que
supuestamente nos hace felices. Ese es precisamente el estado que más conviene
a la sociedad de consumo, la frustración, porque nos impulsa a comprar la
próxima “lata de felicidad” con la esperanza de que esa sea la definitiva.
Cuanto más sientas que debes ser feliz, más infeliz
serás
La felicidad enlatada tiene
trampa. Cuando nos dicen que debemos ser felices, y no solo nos indican el
supuesto camino a la felicidad sino además las cosas que nos deberían hacer
felices e incluso nos indican cuál es el concepto de felicidad que debemos
perseguir, tenemos grandes probabilidades de ser infelices.
Lo comprobaron psicólogos de la
Universidad de Queensland, quienes descubrieron que las expectativas culturales
que nos obligan a ser felices en realidad tienen un efecto contrario puesto que
aumentan la tristeza. Y cuanto más fuerte sea esa expectativa, más emociones
negativas generará. Las personas que creen que deben ser felices, tienden a
evaluar más negativamente sus emociones.
El problema no es la felicidad
en sí, sino el concepto de felicidad que nos han vendido. Cuando nos damos
cuenta de que no podemos alcanzarla, nos entristecemos y frustramos. Para
comprender mejor este mecanismo psicológico, basta pensar en nuestro “yo” como en
un niño pequeño cuyos padres encarnan el papel de la sociedad. Si nuestros
padres nos dicen constantemente que tenemos que sacar buenas notas (sin tener
en cuenta nuestras capacidades reales), nos sentiremos tensos, ese estrés
minará nuestro desempeño y ante el más mínimo fracaso el mundo se nos vendrá
abajo.
“Todas las latas te explican
en su letra impresa que contienen la felicidad y tú, creyéndotelo, compras una
para comprobar, una vez abierta, que no, que la felicidad tiene que ser otra
cosa. Tiras esa lata para comprar una nueva con la que te sucede lo mismo, sin
darte cuenta de que la felicidad no está dentro de una lata, sino dentro de ti
mismo, que, si no la tienes cercana a tu corazón y a tu mente, es que no la
tienes ni la tendrás por muchas latas diferentes que compres y abras. Llegado
un momento y ante la imposibilidad de encontrar la felicidad enlatada de la que
te hablan y te venden, buscas algún soporte para poder sobrellevar tanta
frustración, tanto desengaño, tanto esfuerzo baldío para nada, y es cuando
entras en la farmacia a comprar la felicidad que, según te han dicho, está
contenida en las fórmulas químicas de unas pastillas y unas capsulas, pero que,
al igual que las latas de felicidad, están vacías de ella; pero a diferencia de
las latas a las que puedes tirar, las pastillas y capsulas no las vas a poder
tirar porque, una vez dentro de tu organismo, ya no puedes estar sin ellas”,
resumió a la perfección el escritor Manuel del Rosal.
Redefiniendo la felicidad: En busca del equilibrio y el
pragmatismo
“Si la felicidad siempre
depende de algo que esperamos en el futuro, estamos persiguiendo una quimera
que siempre nos esquiva, hasta que el futuro, y nosotros mismos, se desvanece
en el abismo de la muerte”, dijo Alan Watts.
La auténtica felicidad, o al
menos aquella a la que sí podemos aspirar y que realmente nos brinda
satisfacción, consiste en aceptar, abrazar e incluso reírnos de nuestro dolor,
preocupaciones y frustraciones.
En realidad, las emociones que
catalogamos como “negativas” no son algo malo pues nos permiten valorar mucho
más los momentos de paz, sosiego, alegría… Después de todo, la mayor
satisfacción no consiste en llegar a la meta sino en el camino que recorremos,
no radica en la constancia sino en la transformación, en el crecimiento.
Y aunque puede parecer
contraintuitivo, el camino hacia la felicidad es a través de la incomodidad.
Son los períodos tumultuosos, difíciles y a menudo irritantes de la vida los que
nos revelan nuestro verdadero valor y exaltan la necesidad de centrarnos en
aquellas cosas que nos hacen felices.
El objetivo es entender que
esos sentimientos que siempre hemos catalogado como negativos en realidad
forman parte del flujo de la vida y son precursores de nuestro crecimiento
porque nos permiten atravesar los diferentes niveles de autoconocimiento.
El sufrimiento no es la
antítesis de la felicidad, más bien es una fuerza motriz que nos puede conducir
a ella. Necesitamos, imperiosamente, darnos cuenta de que esas emociones
“negativas” no cesarán. Podemos resistirnos, frustrarnos y amargarnos. O
podemos aprender a lidiar con ellas, canalizar su energía y
fortalecernos.
Cuando lo logramos, podemos
afrontar la tormenta más poderosa. Entonces nuestro sufrimiento diario se
vuelve infinitamente más soportable. Somos capaces de encontrar momentos de
felicidad en medio de la tormenta. Podemos soltar un suspiro de alivio.
Descubriremos que la felicidad estuvo allí todo el tiempo. Era solo una cuestión
de perspectiva. O quizá de sabiduría. De dejar de mirar hacia afuera y comenzar
a mirar hacia adentro.
19 marzo 2019
UNA PARÁBOLA BUDISTA QUE NOS MUESTRA CUÁL ES LA ACTITUD JUSTA PARA APRENDER EN LA VIDA
Psicología /desarrollo personal
UNA PARÁBOLA BUDISTA QUE NOS
MUESTRA CUÁL ES LA ACTITUD JUSTA PARA APRENDER EN LA VIDA
Una comunidad pidió
a un sabio maestro budista que les diese una serie de discursos sobre su
filosofía, ya que consideraban que era la mejor manera de aprender. Tras mucho
insistir, el maestro accedió. Hizo una pregunta sencilla:
- ¿Saben de qué voy
a hablar en el discurso de hoy?
- No - contestaron
todos al unísono.
- Pues si no saben siquiera de qué voy a hablarles, ¿cómo van a aprender? -
dijo el sabio y se marchó.
Al cabo de los
días, los miembros de la comunidad volvieron a buscarlo. Entonces el sabio les
preguntó:
- ¿Saben hoy de qué
les hablaré?
- Sí - contestaron
esta vez, habiéndose puesto previamente de acuerdo.
- Pues si ya saben
de qué voy a hablar, no me necesitan – y el maestro volvió a marcharse.
Empecinados en que
aquella era la única vía para comprender el budismo, reflexionaron y regresaron
donde el maestro. Esta vez concluyeron que sería mejor contestar que unos sí
sabían de qué hablaría y otros no, en caso de que el sabio les volviera a preguntar.
En efecto, reunidos todos esperando el discurso, el maestro preguntó:
- ¿Y hoy saben de
qué hablaré?
- Unos sí lo
sabemos, otros no – respondieron satisfechos.
- En ese caso -
dijo el sabio sonriendo - que los que saben, instruyan a quienes no saben.
Y se marchó para no
regresar jamás.
Esta parábola nos
alerta sobre nuestra concepción limitada del conocimiento y nos indica que las
cosas que realmente valen la pena se aprenden mediante la experiencia directa y
la búsqueda interior, comprometiéndonos con el cambio, no esperando que alguien
venga a indicarnos el camino.
El papel de las experiencias en la búsqueda
del conocimiento
Schopenhauer
también sugiere que una mente llena de ideas abstractas sobre el mundo,
entiéndase ideas no enraizadas en la experiencia personal, tendrá la tendencia
a imponer sus ideas, en vez de permitir que los fenómenos mundanos toquen las
“cuerdas cognitivas” de la conciencia.
“En lugar de
desarrollar las facultades de discernimiento del niño y enseñarle a juzgar y
pensar por sí mismo, el maestro usa todas sus energías para llenar su mente de
pensamientos de otras personas”, afirmó el filósofo.
Schopenhauer aboga
por una “educación natural”, aquella en la que experimentamos el mundo y luego
lo resumimos en principios generales. Por eso califica la educación escolástica
como “artificial”.
“El método
artificial consiste en escuchar lo que otras personas dicen, aprender y leer, y
así tener la cabeza repleta de ideas generales antes de que tengas algún tipo
de relación con el mundo tal como es, y que puedas verlo por ti mismo Te dirán
que las observaciones particulares que se han utilizado para llegar a estas
ideas generales las tendrás más adelante en el curso de la experiencia; pero
hasta que llegue ese momento, estarás aplicando erróneamente tus ideas generales,
juzgas a los hombres y las cosas desde un punto de vista equivocado, los ves
desde una perspectiva equivocada y los tratas de manera incorrecta. Así es como
la educación pervierte la mente”.
Schopenhauer creía
que la educación artificial que no se basa en la experiencia directa nos lleva
a acumular demasiadas nociones preconcebidas con las cuales juzgamos el mundo,
lo cual genera una “ansiedad nerviosa” y una “confianza errónea”, una especie
de disonancia cognitiva perpetua cuando intentamos encerrar al mundo dentro de
nuestro ordenado esquema de Cómo están las cosas, en lugar de tratar de
experimentar por nosotros mismos.
Sus ideas no
difieren de o que en el taoísmo se denomina “conocimiento convencional”. “Por
su naturaleza misma, el conocimiento convencional es un sistema de
abstracciones. Consiste en signos y símbolos en los que las cosas y los sucesos
quedan reducidos a esquemas generales.
“Existe otro
conocimiento, sin embargo, que es el que interesa a las filosofías orientales
centrado en comprender la vida directamente, en vez de quedarse atrapados en
los términos lineales y abstractos de las palabras y el pensamiento”,
escribió Alan Watts.
Pensar, cuestionar, experimentar…
El conocimiento,
ese que realmente nos puede cambiar y nos permite crecer, debe partir de la
curiosidad. La curiosidad nos anima a explorar y descubrir para llegar a
nuestras propias verdades, no para abrazar las verdades que alguien nos ha
contado.
Esa curiosidad nos
permite experimentar la realidad, de verdad, sin intentar encajarla en nuestra
limitada concepción del mundo. Eso puede desestabilizar nuestro sistema de
creencias y conceptos, pero no es algo malo, todo lo contrario. Después de que
la escuela arme nuestra concepción del mundo, debemos dedicarnos a
cuestionarla, ponerla a prueba y, en definitiva, reflexionar sobre todo lo que
nos han enseñado.
Después de todo, el
pensamiento crítico es lo que nos hace libres.
17 marzo 2019
LAGOM: EL CONCEPTO SUECO PARA VIVIR EN EQUILIBRIO
Psicología /desarrollo personal
LAGOM: EL CONCEPTO SUECO
PARA VIVIR EN EQUILIBRIO
Demasiadas
cosas, demasiados compromisos, demasiados estímulos… La vida moderna está
marcada por los excesos. Esos excesos nos someten a una presión innecesaria,
por lo que no es extraño que el minimalismo esté ganando terreno como una
alternativa de vida para combatir esos “demasiados”. Los suecos, que son el
noveno país más feliz del mundo, tienen un concepto muy interesante para
encontrar el equilibrio entre el exceso y el minimalismo: lagom.
¿Qué es
lagom?
Lagom es una
palabra que podría traducirse literalmente como “la cantidad justa”, se refiere
al equilibrio en los diferentes aspectos de la vida. No abraza ningún extremo,
pero tampoco los niega porque su objetivo es mantenerse en una armonía
mesurada.
Desde el
punto de vista etimológico, la palabra lagom proviene de una antigua costumbre
que se denominaba “laget om” y significaba sentarse en equipo. Se refería a los
tiempos en que los vikingos se reunían alrededor del fuego después de un duro
día de trabajo y se pasaban cuernos llenos de aguamiel. Se esperaba que todos
bebieran solo una parte justa para que los otros también pudieran beber. Por
tanto, lagom es un principio que encierra la moderación, en el que nada es
demasiado ni muy poco, simplemente adecuado.
Llevado al
día a día, el lagom nos anima a disfrutar de una vida más sencilla encontrando
el equilibrio entre la simplicidad y los excesos en un punto medio que nos
permita concentrarnos en lo que es realmente importante para nosotros y nos
hace felices.
¿Cómo
aplicar el lagom sin frustrarse?
Para algunas
personas, esa moderación es sinónimo de frustración o férreo autocontrol que
nos separa de la autenticidad y la espontaneidad. Piensan que mantenernos en
equilibrio exige una enorme fuerza de voluntad que termina desgastándonos. En realidad,
no es así.
Para que el
concepto de lagom realmente implique un cambio importante en nuestra vida,
debemos desarrollar un trabajo interior en dos etapas:
1. Desaprender gran parte de lo que hemos aprendido, que implica dejar de
desear lo que desean los demás.
2. Encontrar lo que deseamos realmente, aquello que nos hace
felices.
Entonces
podemos ser conscientes de lo que realmente necesitamos, identificando además
todas las cosas o actividades intrascendentes de las que podemos prescindir. Se
trata de aprender a ser felices con menos cosas, pero sin sentirnos cohibidos,
porque ello implicaría una sensación de frustración. Se trata de aprender a
amar más lo que tenemos y encontrar satisfacción en ello, en vez de desear con
intensidad lo que no tenemos.
El lagom
también se trata de gestionar asertivamente nuestras emociones, para que estas
no tomen el mando y nos hagan tomar decisiones de las que después nos
arrepintamos. Eso no significa reprimir las emociones sino encauzarlas de
manera asertiva.
Cuando se produce
ese cambio interior, el lagom no es una cuerda que te ata a la moderación sino
una luz que nos guía hacia la serenidad y la alegría, alejándonos de un estilo
de vida estresante. Se trata de no hacer lo innecesario o superfluo, de
enfocarse en lo esencial y de saber cuándo parar.
ambién
debemos tener en cuenta que cada persona tiene su propio estado de lagom. Mi
estado de lagom no es el mismo que el tuyo, pero desde el equilibrio y la
moderación podemos acceder a espacios de reconocimiento mutuos que nos permitan
conectar desde nuestra esencia.
lagom nos conduce a un espacio de satisfacción
individual mientras creamos armonía en los grupos sociales en los que nos
insertemos. Abrazar este concepto nos ayuda a reducir nuestras necesidades,
simplificar nuestras vidas y desterrar el estrés para sentirnos más
satisfechos, felices y equilibrados.
ecordemos la frase sueca: Lagom är bäst,
que significa: “lo suficiente es tan bueno como un banquete”. Que sería
muy parecida a un consejo que nos dio Epicuro hace siglos: "Sé moderado
para saborear las alegrías de la vida en abundancia".
LOS ESTILOS DE PRODUCTIVIDAD: ¿CUÁL ES EL TUYO?
Psicología /desarrollo personal *
LOS ESTILOS DE
PRODUCTIVIDAD: ¿CUÁL ES EL TUYO?
“Si te encuentras a bordo de un
barco con fugas crónicas, es probable que la energía destinada a los botes
salvavidas sea más productiva que la dedicada a parchear las fugas”, dijo
Warren Buffett. El genio de las inversiones sabe muy bien que nuestro tiempo y
atención son recursos muy valiosos, por lo que es importante utilizarlos
inteligentemente para lograr ser más productivos y eficaces.
De hecho, ¿sabías que la mayoría de
las personas reconocen que dedican el 40% de su tiempo a tareas que no son
importantes o que son absolutamente irrelevantes? Sin embargo, muchos no saben
exactamente cómo están perdiendo el tiempo.
La clave radica en el
autoconocimiento, saber cuáles son nuestras fortalezas y debilidades nos
permitirá sacar a la luz lo mejor de nosotros con el menor esfuerzo. Por eso,
es importante que identifiques cuál es tu estilo de productividad.
Los estilos productivos
La psicóloga especializada en productividad
Carson Tate definió tres estilos de productividad en base a su experiencia
empírica basándose en cómo las personas aprenden, se comunican y toman
decisiones.
1. Priorizador
En este estilo de productividad
predomina la lógica y el análisis. Se trata de una persona que asume una
actitud crítica, analítica y realista. Intenta buscar hechos y datos en base a
los cuales tomar decisiones y priorizar las tareas.
Para ser más eficiente, esta persona
calculará el tiempo que le lleva completar ciertas tareas y planificará su
jornada. En práctica, su enfoque es similar al de un rayo láser: se concentra
en un objetivo, sin dispersarse. Su comunicación es similar: escueta y al
grano, enfocada en resolver los problemas.
Su fuerza radica en la capacidad
para identificar los detalles importantes. Esta persona suele organizar tan
bien el trabajo antes de comenzar que una vez que pone manos a la obra no
necesita gastar tiempo y energía en pensar cómo completar las tareas porque se
limita a seguir el plan.
¿El punto débil? Esta persona suele
ser demasiado controladora, rígida y competitiva. A menudo tienen problemas
para gestionar los imprevistos y pueden atascarse en la toma de decisiones
cuando no cuentan con todos los datos necesarios.
2. Planificador
A primera vista este estilo de
productividad se parece al del priorizador, pero en realidad el planificador se
sumerge aún más profundo en los detalles del proyecto que debe realizar.
Mientras que el priorizador solo se centra en los aspectos esenciales para
completar el proyecto de manera rápida y precisa, el planificador analiza cada
detalle, incluso los más intrascendentes.
Un priorizador se sentirá bien al
final de la jornada si terminó las tareas más importantes, un planificador
necesita terminar el mayor número de tareas posible porque se centra más en la
cantidad de trabajo, sin discriminar según su relevancia.
El planificador brilla por su
pensamiento organizado, secuencial, planificado y detallado. Es una persona que
no se limita a planificar el viaje, el alojamiento, las atracciones y los restaurantes,
sino que también busca el mejor medio de transporte y calcula el tiempo que se
dedicará a cada actividad planificando cada detalle de la jornada.
Tienene buenos planes de acción y
les dan seguimiento. Su comunicación es igual, muy detallada y precisa,
incluyendo siempre la letra pequeña.
¿El punto débil? Se trata de una
persona poco espontánea, que puede perder oportunidades debido a su resistencia
a desviarse de los planes.
3. Visualizador
Este estilo de productividad es
diametralmente opuesto a los demás. El visualizador tiene un pensamiento
holístico, intuitivo, integrador y sintetizador. Suele ser una persona innovadora
y creativa que funciona mejor bajo presión y que a menudo provoca cambios
positivos allí donde va.
Esta persona no suele planificar a
largo plazo, tiene una idea general de los proyectos y se lanza a probar sus
ideas, por lo que van valorando las posibilidades sobre la marcha. Se enfoca en
conceptos más generales y suele hacer malabarismos con diferentes proyectos que
lleva a la vez pues de lo contrario se aburre fácilmente.
Su comunicación suele reflejar esa
visión holística, por lo que generalmente hablan de grandes proyectos y
conectan diferentes conceptos integrándolos bajo una nueva perspectiva que
genera nuevas oportunidades.
¿El punto débil? Tienen la tendencia
a pasar por alto los detalles y su excesiva espontaneidad e impulsividad les
puede jugar malas pasadas haciendo que cometan errores de cálculo.
15 marzo 2019
CALMAR EL EGO SACA A LA LUZ TU MEJOR VERSIÓN
Psicología /desarrollo personal
CALMAR EL EGO SACA A LA LUZ TU MEJOR VERSIÓN
CALMAR EL EGO SACA A LA LUZ TU MEJOR VERSIÓN
Calmar el ego es la vía más eficaz para
cultivar el bienestar personal, tener una autoestima equilibrada, ser más
productivos y disfrutar de una vida más plena. Un ego desenfrenado y
artificialmente elevado, al contrario, suele ser fuente de problemas y
conflictos.
Nuestro ego es muy ruidoso, se impone
demasiado y a menudo nos impulsa a enzarzarnos en discusiones inútiles con el
único objetivo de ganar, de que nuestras ideas prevalezcan, tengamos o no la
razón. Esa actitud nos arrebata el equilibrio mental y la paz
interior, aunque no siempre somos conscientes de ello. Algo intuía Albert
Einstein cuando dijo: “Cuanto más sabes, menor es tu ego. Cuanto menos
sabes, mayor es tu ego”.
¿Qué es el ego?
“El ego no es lo que eres realmente.
El ego es la imagen que reflejas, tu máscara social, el rol que desempeñas. Esa
máscara social prospera con la aprobación. Quiere el control y se mantiene en
el poder porque se alimenta del miedo”, escribió Ram Dass.
Alan Watts dibuja una visión similar del
ego: “Es una institución social, no una realidad física. El ego es
simplemente el símbolo de ti mismo. Así como la palabra “agua” es un sonido que
simboliza cierto líquido, pero no lo es, la idea del ego representa el papel
que desempeñas, quién eres, pero no es lo mismo que tú como persona”.
El ego, por tanto, es una construcción
con una fuerte impronta social que experimenta una necesidad inagotable de
verse a sí mismo bajo una luz positiva ya que implica los papeles que
representamos ante los demás. Por eso podemos llegar a confundir el ego con
nuestro auténtico “yo”. Wayne Dyer nos alertaba de ese peligro: "El ego
es solo es una ilusión, pero una ilusión muy poderosa. Si permites que esa
ilusión del ego se convierta en tu identidad no podrás conocer tu verdadero yo".
No cabe dudas de que nuestra
autoconciencia, autorreflexión y autocontrol son esenciales para alcanzar las
metas que nos propongamos. Pero si no estamos atentos, esos mismos procesos
psicológicos se volverán en nuestra contra porque el ego hará cualquier cosa
con tal de no quedar mal, lo cual significa que puede poner en marcha mecanismos
de defensa que nos impidan reconocer nuestros errores y las trampas
que nos tendemos.
Un ego ruidoso, demasiado imbuido en sí
mismo, pasa mucho tiempo defendiéndose, y hace lo que sea necesario para
reafirmarse, de manera que no es inusual que se convierta en un obstáculo para
alcanzar los objetivos que nos hemos propuesto. El orgullo y la testarudez que
nos impiden pedir disculpas cuando nos equivocamos, por ejemplo, son la
expresión de ese ego. Y esas actitudes pueden hacernos perder grandes cosas o
personas valiosas en la vida.
El ego silencioso
En los últimos años un grupo de
psicólogos de la Universidad del Norte de Arizona han estado desarrollando un
programa de investigación denominado “ego silencioso” basado en los principios
de la psicología humanista y la filosofía budista. Descubrieron algo
paradójico: calmar el ego es mucho más eficaz para cultivar el bienestar, el
crecimiento, la salud, la productividad y una autoestima equilibrada que
centrarse únicamente en la mejora personal.
En sus estudios se aprecia que un ego
silencioso y tranquilo realmente contribuye a equilibrar las necesidades del yo
y de los demás, de manera que se rompe la dicotomía entre las necesidades
personales y ajenas que tantos conflictos suele causar. Un ego tranquilo se
asocia con valores autotranscendentes, como la universalidad y la benevolencia,
así como con la autodirección y el logro. Sin embargo, no guarda ninguna
relación con el conformismo.
Esto significa que calmar el ego no
implica aplastarlo sino tan solo lograr que hable más bajo para que podamos
escuchar otras cosas más allá de su voz y podamos asumir una perspectiva más
equilibrada. De hecho, cuanto más silencioso es el ego, más fuerte emerge el
“yo”.
El objetivo principal de calmar el ego
es desarrollar una postura menos defensiva, no se trata de negarlo sino de
cultivar una identidad auténtica que incorpore a los otros sin perder el “yo”,
abandonando esa imperiosa necesidad de ganar en una especie de competición
narcisista.
Un ego tranquilo es signo de una autoestima
equilibrada y sólida, que reconoce las propias limitaciones, por lo que no
necesita recurrir constantemente a la actitud defensiva que se activa cuando un
ego débil y atemorizado se siente amenazado. Después de todo, no debemos
olvidar que un ego desmesurado es el escudo tras el cual intentamos proteger
nuestras debilidades.
¿Cómo calmar el ego?
Los psicólogos Bauer y Wayment
consideran que para calmar el ego es necesario cultivar estas cuatro facetas:
conciencia desapegada, identidad inclusiva, toma de perspectiva y mentalidad de
crecimiento, las cuales nos ayudan a desarrollar una postura equilibrada que
permita crecer al “yo” en comunión con los demás.
- Conciencia desapegada. Para calmar el ego es importante
desarrollar una conciencia desapegada, lo cual implica no aferrarse a nada, ni
a las circunstancias ni a nuestros pensamientos o emociones. Ese desasimiento
mental nos permitirá ver la realidad desde una perspectiva más clara y global,
a la vez que nos ayuda a analizar nuestras reacciones del pasado de manera más
objetiva, para aprender de esas experiencias.
- Identidad inclusiva. Para calmar el ego es importante
desarrollar una interpretación equilibrada del “yo” y los “otros”, integrando
esos dos mundos aparentemente dicotómicos. Eso significa que necesitamos
entender otras perspectivas e identificarnos con las experiencias ajenas. Se
trata de desarrollar una identidad inclusiva en la que los demás también
aportan su grano de arena.
- Toma de perspectiva. El ego nos hace pensar que todo lo
que nos ocurre es algo personal. Como resultado, nos tomamos los problemas
demasiado a pecho y perdemos nuestro equilibrio mental. Tomar perspectiva
y reflexionar sobre otros puntos de vista diferentes a los nuestros, nos
permite colocar la atención fuera del ego y salir del círculo vicioso que hemos
creado.
- Mentalidad de crecimiento. La mentalidad de crecimiento es
fundamental para calmar el ego porque parte de un principio básico: somos
aprendices de la vida. Cuando asumimos que estamos aprendiendo continuamente,
en un proceso de reconstrucción constante, el ego se minimiza porque no le damos
oportunidad de crecer a desmesura pensando que es dueño de la verdad
absoluta.
14 marzo 2019
CUANTO MÁS TE QUEJES DE TUS PROBLEMAS, MÁS PROBLEMAS TENDRÁS
- Psicología/Desarrollo
Personal
- CUANTO MÁS TE QUEJES DE TUS PROBLEMAS, MÁS PROBLEMAS TENDRÁS
- Cuando
un insecto se pega en una telaraña, el pánico se apodera de él. Se mueve
con todas sus fuerzas para intentar zafarse, pero esos movimientos, que
deberían liberarle, en realidad le atan aún más a la telaraña y terminan
siendo fatales ya que avisan a la araña de su presencia.
- Ese
patrón también se repite en nuestra vida. A veces nos convertimos en
prisioneros de nosotros mismos y, en el intento de escapar, terminamos aún
más enredados en las redes que hemos construido a nuestro alrededor.
Creamos, sin darnos cuenta, callejones sin salida, dobles ataduras
psicológicas que nos mantienen atrapados en una situación que nos daña o
nos provoca malestar.
- ¿Qué es la doble atadura psicológica?
- La
doble atadura psicológica es una situación en la que cuanto más nos
esforzamos por “solucionar” un problema, más lo complicamos, cuanto más
nos esforzamos por deshacernos de una emoción o pensamiento, más la
reforzamos.
- Alan
Watts resumió la idea de la doble atadura psicológica de forma magistral:
“crear un problema intentando resolverlo, afligirse porque uno se
aflige y temer el temor”.
- Nosotros
mismos creamos una situación de la que no podemos salir airosos porque
cada intento de escapar solo refuerza el problema o crea nuevos
obstáculos. Creemos que buscamos salidas, pero en realidad nos dedicamos a
tapiarlas.
- ¿Cómo funciona la doble atadura
psicológica?
- Las
quejas son un ejemplo perfecto para comprender cómo funciona la doble
atadura psicológica en nuestro día a día. Los lamentos no solo expresan un
estado de descontento, sino que también multiplican las dificultades
porque nos centramos únicamente en los obstáculos y las consecuencias
negativas del hecho por el cual nos quejamos.
Lamentarse es como ponerse una venda negra en los ojos deseando ver los colores del mundo. Al desarrollar una visión negativa de lo ocurrido, nos impedimos encontrar la solución ya que nuestra mente se convierte en una fábrica de problemas. Cuando nos maniatamos a las quejas, a todo lo que ha ido mal y a lo que puede ir mal, nos condenamos a la inmovilidad. - Las
quejas hacen que, al problema, tengamos que sumar además un problema de
actitud ante las circunstancias, más la negatividad mental que nos impide
encontrar soluciones. Por eso, lamentarse se convierte en un callejón sin
salida, una doble atadura psicológica.
- Obviamente,
existen muchas otras situaciones de la vida cotidiana en las que nos
maniatamos de pies y manos.
Tal es el caso de los pensamientos recurrentes negativos, por ejemplo. Cuando queremos apartar un pensamiento indeseado de nuestra mente, el intento de dejar de pensar en ello activa un mecanismo de hipervigilancia que refuerza aún más ese pensamiento. Es una batalla perdida de antemano porque caemos en la trampa que nos tendemos. Cuanto más intentes dejar de pensar en los elefantes rosa, más pensarás en ellos. - Cada
vez que nos preocupamos por preocuparnos, le tememos a la ansiedad o nos
deprimimos porque estamos tristes, estamos creando una situación de la que
nos resulta imposible escapar porque no se puede solucionar un problema
con la misma mentalidad con que se creó.
- ¿Cómo deshacer ese doble nudo
psicológico?
- La
clave, o al menos una de ellas, radica en la no-acción o el principio del Wu-Wei;
o sea, dejar que todo siga su curso natural. Si no te esfuerzas por
apartar un pensamiento de tu mente, antes o después este desaparecerá
porque el curso natural de la mente implica saltar de un pensamiento a
otro sin aferrarse a ninguno en especial.
Un estudio realizado en la Universidad de Wisconsin comprobó que las personas que intentan suprimir activamente sus pensamientos indeseados terminan más estresadas por los pensamientos que desean eliminar. Al contrario, aquellos que aceptan de manera natural esos pensamientos intrusivos se obsesionan menos con ellos y, como resultado, sufren menos ansiedad y tienen niveles más bajos de depresión.
Otro estudio más reciente llevado a cabo en la Universidad de Toronto desveló que ese mismo principio se aplica a los estados afectivos. Aceptar las emociones negativas reduce su intensidad, permitiéndonos pasar página más rápido y con menos sufrimiento.
Por tanto, si no alimentas el miedo al miedo, la preocupación por las preocupaciones o la tristeza por la tristeza, esas emociones terminarán desapareciendo, como si fueran nubes arrastradas por el viento. Se trata de una aceptación radical, de asumir una actitud de desasimiento mental en la que nos separamos de la mentalidad que creó el problema, para poder solucionarlo. - Un
poema de Seng-ts’an llamado “Tratado de la fe en la mente”, es
particularmente revelador para deshacernos de la doble atadura
psicológica:
- “La
persona sabia no se esfuerza;
- El
ignorante se sujeta a sí mismo […]
- Si
obras con tu mente sobre tu mente,
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