17 junio 2019

LIMPIA TU MENTE DE PENSAMIENTOS NEGATIVOS

* PSICOLOGÍA / desarrollo personal 
LIMPIA TU MENTE DE PENSAMIENTOS NEGATIVOS

El pensamiento negativo puede llegar a convertirse en un hábito peligroso. Los pensamientos se hunden en la mente y permanecen allí hasta que tomas medidas para deshacerte de ellos.
Cuando empiezas a pensar negativamente, puede ser tentador tratar de obligar a esos pensamientos a salir de tu cabeza. Intentar que desaparezcan y expulsarlos para siempre. Pero este enfoque a menudo resulta contraproducente.
Luchar contra esos pensamientos negativos en realidad puede reforzar ese patrón de pensamiento empeorando las cosas. Cuanto más se intenta no pensar en algo, más se termina pensando en ello.
Para deshacerse de los pensamientos negativos es necesario intentar un enfoque diferente, algo que te ayude a despejar la mente de una vez por todas. Aquí hay siete maneras de limpiar tu mente de pensamientos negativos.
¿Eres víctima de estos tipos de pensamientos negativos? 
Existen tantos tipos de pensamientos negativos como personas, pero se pueden resumir en 8 grandes categorías, fáciles de detectar por las actitudes que generan.
1. Estado de emergencia permanente
Cada vez que ocurre algo, lo asumes como una emergencia total. Esa reacción se debe a que tu amígdala se activa y solo puedes ver la señal de alarma. En tu cerebro se produce un secuestro emocional en toda regla, desatando una reacción de pánico. Al asumir la realidad como si fuera una crisis, reaccionas de manera desproporcionada. Este tipo de pensamiento catastrófico te lleva a exagerar los peligros y desestimar tus recursos para hacerle frente a los problemas, una actitud que puede llegar a ser muy peligrosa ya que desencadena un estado de indefensión aprendida. 
2. El autosaboteador
Ante la más mínima dificultad, te saboteas automáticamente. Te tomas todo lo que ocurre como algo personal y te culpas por cosas sobre las cuales no tienes ningún control. Tus pensamientos negativos te impiden pensar con lógica, de manera que te castigas y criticas incesantemente. Como resultado, cada vez que se presenta un problema, pierdes autoestima y autoconfianza. Este tipo de pensamiento hace que te conviertas en tu peor enemigo ya que te pondrás la zancadilla constantemente.
3. El extremista 
uando ocurre algo, solo puedes ver los extremos. Este tipo de pensamiento negativo, también llamado dicotómico, te hace ver el mundo en blanco y negro, todo o nada, sin términos medios. Al olvidarte de la gama de grises y colores intermedios, te resultará difícil encontrar una buena solución y sentirás mucha ansiedad ya que asumes que cualquier decisión es un camino sin retorno. 
. El etiquetador 
Cualquier cosa que ocurra, la etiquetas en términos negativos porque solo puedes ver las consecuencias dramáticas de la situación. El problema es que al colocar esas etiquetas, no logras ver las posibilidades que puede encerrar una situación, de manera que cierras caminos hacia su solución. Además, este tipo de pensamiento negativo puede hacer que te auto etiquetes y termines desarrollando una imagen muy limitada de ti y de tus potencialidades.
5. Visión de túnel 
Cuando tienes un problema, tu visión inmediatamente se reduce, como cuando entras en un túnel. Solo logras ver las cosas negativas, los problemas, errores y carencias. No logras apreciar ningún detalle positivo, posibilidad o fortaleza, de forma que caes en una espiral descendente de negatividad. Este tipo de pensamiento negativo tiene su base en el fenómeno que se conoce como atención selectiva. En práctica, es como si te pusieras unas anteojeras y unas gafas de sol, de manera que solo ves una parte muy limitada de la realidad, perdiéndote precisamente la parte más importante para hallar una solución. 
6. El generalizador 
Cuando tienes un problema, tu mente divaga y comienza a establecer conexiones sueltas entre el presente y los sucesos del pasado. Esas conexiones te llevan a realizar generalizaciones erróneas y negativas, generalmente reconocibles porque aparecen palabras como “nunca”, “siempre” o “todos”. Este tipo de generalización a menudo conduce a lo que se conoce como “error del adivino”, que consiste en sacar conclusiones apresuradas sobre algo que aún no ha pasado, pensando que los resultados o consecuencias serán desastrosos. Obviamente, con cada afirmación de ese tipo pierdes un poco de autoestima y fuerza, condenándote a un ciclo de negatividad. 
7. El impostor 
Debido a que tienes una tendencia a compararte, constantemente magnificas los aspectos positivos que notas en todos los demás, pero minimizas tus propias fortalezas y talentos. Este tipo de pensamiento negativo te hace sentir como si fueras un impostor y no merecieras lo que tienes. Tienes miedo a que los demás descubran que no eres tan listo, capaz, amable o brillante, cuando en realidad lo que sucede es que tienes un problema de autoestima. De hecho, es probable que a menudo seas víctima de lo que se conoce como “lectura de la mente”, un fenómeno según el cual presupones lo que están pensando los demás. 
8. El superhéroe 
Tu capa siempre está extendida, te esfuerzas para no defraudar a nadie. Te enorgulleces de hacer todo, cueste lo que cueste. Tu vida se rige por el “debo” y “debería” hasta el punto de que te olvidas por completo de lo que tú quieres realmente. El problema es que cada vez que te das cuenta de que no puedes salvar el mundo, tu autoestima cae en picado y experimentas una desilusión extrema. De hecho, se trata de uno de los tipos de pensamientos negativos más dañinos porque piensas en términos de “deberes” y “obligaciones”, permitiendo que tu vida, decisiones y estado de ánimo dependan por completo de los
demás.

16 junio 2019

¿L TE PUEDE CONVERTIR A IRA EN UNA PERSONA MÁS RACIONAL?

¿ TE PUEDE CONVERTIR LA IRAEN UNA PERSONA MÁS RACIONAL?
Psicología / Desarrollo Personal                                                                             
Imagina que estás en una   habitación con cuatro personas, una de ellas está irritada y las otras tres se mantienen tranquilas. ¿Quién crees que podrá pensar con mayor lógica? ¿Quién es más racional?
Pues bien, un sorprendente estudio nos sugiere que en realidad las personas enfadadas pueden pensar de manera muy racional y tomar excelentes decisiones. Sin duda alguna se trata de una perspectiva diferente de comprender la ira por lo que bien vale la pena echarle un vistazo al experimento.
El estudio se realizó con un total de 97 personas. El primer paso consistió en pedirle a los participantes que escribiesen sobre un hecho de su vida que los hubiese molestado profundamente haciéndolos sentir enfadados e iracundos. No obstante, a otro grupo se le pidió que escribiesen sobre un evento triste y a un tercer grupo sobre cualquier hecho mundano.
A continuación, todas las personas leyeron una introducción a un debate sobre si permitir los kit de manos libre en los teléfonos hacía que la conducción fuese más segura. Lo interesante es que estas personas fueron elegidas a participar en el experimento porque a través de un cuestionario anterior se detectó que pensaban que esta solución mejoraría la seguridad en las carreteras.
Lo interesante viene ahora: a cada persona se les presentaron los resúmenes de ocho artículos, la mitad a favor y la otra mitad en contra de esta medida. Cada cual debía elegir cinco artículos para leerlos por completo.
¿Qué participantes decidieron leer más artículos contrarios a su posición? Y, lo que es aún más importante: ¿Quiénes cambiaron su posición después de leer los argumentos contrarios?
¡Quienes habían escrito sobre la ira!
Las implicaciones de la ira a nivel inconsciente
¿Qué ha sucedido? Este no es el primer experimento de este tipo que se realiza en el ámbito de la Psicología. Los estudios anteriores han demostrado que cuando nos sentimos iracundos y enfadados tenemos la tendencia a rebelarnos y lo hacemos moviéndonos hacia el extremo opuesto (no importa si se trata de la opinión de los otros o de la nuestra).
Por tanto, la ira desactiva ese mecanismo según el cual siempre tendemos a buscar argumentos a favor de nuestras creencias. Obviamente, se trata de un efecto positivo porque nos permite abrir nuestro abanico de posibilidades teniendo en cuenta posiciones contrarias o simplemente diferentes a la nuestra.
Sin embargo, también es obvio que enfadarse no es una de las mejores sensaciones que podemos experimentar y que sería mejor evitarla. Por lo tanto, ahora que conoces el secreto de “la racionalidad de la ira”, puedes aplicarlo sin necesidad de irritarte ;-)

14 junio 2019

¿POR QUÉ SIEMPRE QUEREMOS SIEMPRE MÁS?

Psicología /desarrollo personal                                                                               
¿POR QUÉ SIEMPRE QUEREMOS SIEMPRE MÁS?

Alcanzar la felicidad y, sobre todo, atesorarla, no es tan fácil. Además de los numerosos obstáculos que nos interpone la vida, nosotros también nos encargamos de ir desdibujando la felicidad a través de un mecanismo muy curioso: la adaptación hedonista.
La cara más oscura de la adaptación
La adaptación es un mecanismo que nos permite sobrevivir incluso en las circunstancias más adversas. Cuando el medio cambia, desplegamos una serie de recursos que nos permiten adaptarnos a las nuevas circunstancias. 
Gracias a nuestra increíble capacidad para adaptarnos, podemos superar la muerte de una persona querida, superar el impacto de una agresión o sobreponernos a un desastre natural.
Por supuesto, la adaptación demanda que cambiemos, que potenciemos nuevas características que nos permitan lidiar con el problema de la mejor manera posible. La adaptación nos cambia, nos hace más resilientes.
Desde esta perspectiva, es un mecanismo positivo ya que nos permite seguir adelante a pesar de la adversidad, desarrollando un “yo” más fuerte.
Sin embargo, la adaptación también tiene un lado más “oscuro” que nos arrebata la felicidad. Se trata de la adaptación hedonista, un concepto que hace referencia a que incluso las situaciones que producen más placer y felicidad, cuando se repiten día tras día, dejan de ser gratificantes.
Con el paso del tiempo, la alegría y la excitación que experimentábamos, así como el orgullo por lo que habíamos conseguido, van disminuyendo. Comenzamos a ver la situación como algo “normal”, nos acostumbramos a ella y pierde el encanto de la novedad.
El mayor problema es que si no nos damos cuenta de que nuestra decisión ha cambiado, corremos el riesgo de sentirnos permanentemente infelices, de ir siempre a por más, sin sentirnos nunca satisfechos. De esta forma, necesitaremos experiencias cada vez más intensas para obtener el mismo grado de satisfacción, justo como ocurre con las personas que sufren una adicción.
¿Es posible escapar de la adaptación hedonista?
Investigadores de la Universidad de California reclutaron a personas que habían experimentado recientemente dos tipos de cambios en sus vidas. El primer cambio se podría etiquetar como “circunstancial” y se trataba de alteraciones en las circunstancias del entorno, como, por ejemplo, mudarse, obtener un aumento o comprar un coche nuevo. El segundo cambio, etiquetado como “intencional” demandaba un esfuerzo por parte de la persona para alcanzar una meta, como, por ejemplo, comenzar una carrera universitaria o escribir un libro.
A todas estas personas se les pidió que evaluaran su nivel de felicidad durante varias semanas. Los resultados mostraron que todos experimentaron un aumento del nivel de felicidad inmediatamente después del cambio.
Sin embargo, la felicidad se revirtió rápidamente a sus niveles iniciales en quienes habían experimentado un cambio circunstancial. No obstante, quienes experimentaron un cambio intencional se mantuvieron más tiempo reportando altos niveles de felicidad. ¿Por qué?
Nos sentimos felices cuando vivimos experiencias positivas. Sin embargo, si vivimos la misma experiencia una y otra vez, por muy maravillosa que sea, muy pronto se convertirá en algo familiar y esa nueva fuente de felicidad se irá secando gradualmente, generando menos placer y satisfacción.
Los cambios circunstanciales son los que suelen producir más rápido este efecto. Mudarse a una casa nueva o comprar un nuevo móvil genera inmediatamente una gran felicidad, pero esta también disminuye rápidamente.
Al contrario, los cambios intencionales nos permiten evitar la adaptación hedonista porque crean continuamente nuevos escenarios, nos plantean nuevos retos desde el punto de vista psicológico. En estos casos, nuestro cerebro se alimenta continuamente de nuevas experiencias positivas.
3 antídotos contra la adaptación hedonista
La adaptación hedonista es un mecanismo que se activa de forma automática en todos nosotros. Sin embargo, eso no significa que no se pueda detener, en realidad es suficiente con cambiar nuestra forma de pensar y elegir con cuidado las cosas en las que nos focalizaremos.
1.      Apostar por los cambios intencionales. Una de las claves para escapar de la adaptación hedonista consiste en elegir los cambios intencionales. Esfuérzate por empezar un nuevo proyecto en tu vida que realmente te motive y encaje con tu personalidad. Identifica los elementos esenciales que te hacen disfrutar de esa actividad y busca actividades similares, pero a la vez diferentes, que también generen esa satisfacción. Por ejemplo, si disfrutas jugando al tenis, también puedes considerar el badmintón y el squash. Se trata de incluir siempre diferentes cambios que impliquen algo nuevo, de plantearte nuevos objetivos que te mantengan motivado.
2.      Mirar al pasado con gratitud. A veces, mirar al pasado es conveniente, sobre todo para darnos cuenta del punto del camino en el que estamos y comprender cuánto hemos logrado. De hecho, mantener la vista siempre hacia el frente, puede llegar a ser frustrante. Por eso, se recomienda mirar al pasado para recordar el camino que hemos recorrido hasta llegar a donde estamos. Regocíjate por los logros y por el esfuerzo. Recordar que lo que tenemos ha sido fruto de sacrificios suele ser suficiente para volver a sentirnos agradecidos y recuperar la satisfacción y la felicidad. 
No dar nada por descontado. Uno de los mecanismos de acción de la adaptación hedonista se basa en el hecho de que una vez que hemos conseguido algo, lo damos por descontado. Sin embargo, en realidad todo lo que tenemos, desde las posesiones hasta las personas que amamos, mañana el destino podría arrebatárnoslas. Por eso, un excelente antídoto contra la adaptación hedonista consiste en aprovechar los efectos de la gratitud cada día, sentirnos agradecidos por esas cosas que nos hacen felices. Nunca des nada por descontado, al contrario, oblígate cada día a apreciar esas cosas en su justo valor.

13 junio 2019

PASOS PARA ELIMINAR LOS PENSAMIENTOS NEGATIVOS?


Psicología /desarrollo personal                                                                              
PASOS PARA ELIMINAR LOS PENSAMIENTOS NEGATIVOS?
Quien nunca haya tenido esos indeseables pensamientos negativos que martillean una y otra vez que tire la primera piedra. A veces están ahí durante días enteros, provocándonos dolor de cabeza, poniéndonos de mal humor y disminuyendo considerablemente nuestra eficacia.
El problema es que mientras menos queremos pensar en ellas, más nos atacan. De hecho, se ha demostrado que la lucha abierta contra los pensamientos rumiativos no sirve de nada. En un experimento clásico de la Psicología se le pidió a un grupo de personas que no pensase en un oso blanco. Como resultado, el oso blanco se convirtió en un pensamiento recurrente.
¿A qué se debe esto?
En primer lugar, a que cuando nos impedimos pensar en algo, se genera automáticamente un mecanismo de supervisión. Imagínense que han puesto a un policía mental con la foto del oso blanco. Este policía tiene la misión de capturar al oso blanco (la idea que deseamos desechar). El problema radica en que, mientras tanto, tenemos un pequeño policía dando vueltas por nuestra cabeza con la imagen del oso blanco, precisamente la que queremos eliminar.
Entonces, el deseo de bloquear un pensamiento casi siempre tiene el efecto contrario: lo refuerza.
Afortunadamente, existe una solución:
1. Acepta los pensamientos. Puede parecer un contrasentido, pero desde el mismo momento en que aceptas los pensamientos negativos y rumiativos, estos pierden una gran parte del impacto emocional que ejercían sobre ti. Simplemente, acepta que están ahí y no reacciones ante ellos.
2. Busca una solución. Casi siempre los pensamientos rumiativos aparecen como resultado de una cuestión irresuelta. ¿Puedes resolver esa cuestión en ese momento? ¿Tienes todos los datos necesarios para tomar una decisión? Si es así, esta es la mejor solución para que los pensamientos negativos no vuelvan a aparecer de nuevo.
3. Acepta la duda y la incertidumbre. En ocasiones no podemos tomar una decisión, ya sea porque no depende de nosotros o porque no tenemos todos los datos que necesitamos. En ese caso, simplemente di: “acepto la incertidumbre que estos pensamientos me provocan”. Dilo varias veces hasta que las dudas no te resulten incómodas. De hecho, este es un buen ejercicio para lidiar con muchos otros problemas de la vida cotidiana porque aprender a vivir con la incertidumbre es vital en los tiempos que corren
Una vez que has logrado eliminar las emociones negativas relacionadas con estos pensamientos, simplemente realiza una tarea que te agrade o que requiera esfuerzo cognitivo. 

12 junio 2019

TOMAR DECISIONES SIN ARREPENTIRSE


Psicología/Desarrollo Personal
TOMAR DECISIONES SIN ARREPENTIRSE


Tomar buenas decisiones no es fácil, sobre todo cuando tenemos que lidiar con un alto grado de incertidumbre y no podemos vislumbrar a ciencia cierta las consecuencias de nuestras acciones. Por eso, a veces es conveniente procrastinar, sí, porqué procrastinar a veces nos hace tomar mejores decisiones dejar,  mejor  que dejarnos  llevar  por  nuestro sexto sentido  o esa corazonada que nos indica lo que sería mejor en la situación en la que estamos.

De hecho, Sigmund Freud solía decir: “Cuando se trata de tomar una decisión trivial, siempre he encontrado ventajoso considerar los pros y los contras. Sin embargo, en asuntos vitales, la decisión debe venir desde el inconsciente, desde algún lugar dentro”.
Lo que nos enseña la elección de un cuadro 
Imagina que tu jefe te pide que vayas a comprar un cuadro de arte moderno para la oficina. Sin embargo, cuando llegas a la galería, solo encuentras cinco cuadros, ¿cómo elegirías? 
Una posibilidad es pensar en los pros y los contras de cada pieza, teniendo en cuenta la personalidad de tu jefe, la imagen que quiere transmitir la empresa, así como la decoración ya existente en la oficina. O podrías podría confiar en tu instinto y elegir el cuadro que “te hace sentir bien”. 
Según las investigaciones más recientes, esta última es la mejor opción.
De hecho, hace algunos años psicólogos de la Universidad de Ámsterdam llevaron a cabo ese mismo experimento: le pidieron a un grupo de personas que miraran cinco cuadros y eligieran uno. Al primer grupo se le pidió que estudiaran los cuadros durante un minuto y medio, enumeraran algunas de las razones clave por las cuales les gustaba o disgustaba cada uno, analizaran cuidadosamente, y luego eligieran. 

Al segundo grupo simplemente se le pidió que miraran los cinco cuadros y eligieran uno inmediatamente.

Al tercer grupo le mostraron rápidamente los cuadros, les pidieron que resolvieran una serie de anagramas durante cinco minutos y, a continuación, volvieron a mostrarle los cuadros para que decidieran.

Después de tomar sus decisiones, a todos los participantes les pidieron que indicaran cuánto les gustaban los cuadros. A continuación, el experimentador tuvo un arranque de generosidad y les regaló su cuadro preferido. Sin embargo, antes de que cada persona abandonase el laboratorio, les pidió su número de teléfono.

Un mes más tarde, los investigadores contactaron a los participantes y les preguntaron cuán satisfechos se sentían con sus cuadros, si estarían dispuestos a venderlos y por qué cantidad. Los resultados fueron, cuando menos, sorprendentes.

Las personas que habían elegido valorando atentamente los pros y los contras se habían mostrado muy seguros de su elección en el laboratorio. Sin embargo, cuatro semanas más tarde el panorama cambió: quienes habían pasado unos minutos resolviendo anagramas antes de seleccionar los cuadros fueron los que reportaron una mayor satisfacción con su selección y los que pedían un mayor precio por el cuadro, como muestra de que no estaban dispuestos a desprenderse de la obra de arte con tanta facilidad.
El inconsciente es un aliado muy poderoso que te conoce a la perfección
En práctica, todo parece indicar que para tomar una buena decisión (entiéndase una decisión con la cual nos sentimos satisfechos con el paso del tiempo, una decisión de la que no nos arrepentimos), es importante no pensar demasiado, al menos no de manera racional, y dejar que el inconsciente vaya elaborando sus conclusiones. Es lo que se conoce como “Inteligencia Intuitiva”. 
De hecho, muchos psicólogos creen que debemos aprovechar más el poder de nuestra mente inconsciente, no solo como una fuente de creatividad sino también para tomar mejores decisiones. ¿Por qué?

En práctica, cuando debemos decidir entre distintas alternativas que difieren entre sí en pocos aspectos, nuestra mente consciente es nuestra mejor aliada ya que puede evaluar la situación de manera racional e indicarnos el mejor camino.
Sin embargo, cuando las cosas se complejizan, como nuestra mente consciente tiene una capacidad de procesamiento limitada y no puede hacer malabares con un gran número de hechos y cifras, el resultado que nos arroja no es tan bueno.
En ese caso, lo que sucede es que, en vez de valorar la situación en su conjunto, la mente consciente tiende a centrarse en los elementos más evidentes y, al hacerlo, obvia el cuadro más grande. Al contrario, la mente inconsciente funciona mejor cuando se trata de tomar decisiones complejas que abarcan muchos aspectos de nuestra vida porque es capaz de valorar el cuadro general.
Además, no podemos olvidar que nuestra mente inconsciente está en contacto con nuestros impulsos reprimidos y con partes de nuestro “yo” que apenas conocemos. Por tanto, se encuentra en una posición aventajada desde la que puede equilibrar nuestro sentido del deber con nuestros deseos e impulsos. Como resultado, es probable que, a largo plazo, nos sintamos mejor con la decisión.

Para poner en marcha el inconsciente y escuchar lo que tiene que decir, es necesario darle un margen de tiempo para que escrute todos los factores y arribe a una decisión más equilibrada. Una excelente estrategia consiste en enfrascarnos en otra actividad, mantener la mente consciente ocupada con otra tarea y después volver a la decisión.

¿Elegir siempre con el inconsciente?
Las decisiones de la vida real suelen ser mucho más complicadas que elegir un cuadro. Por tanto, también podría ser un error dejarse llevar por ese impulso que nace desde lo más profundo de nuestro “yo”.

Lo ideal es encontrar un punto medio entre la mente consciente y la inconsciente. Valora las alternativas de manera racional, pero asegúrate de escuchar lo que tu inconsciente tiene que decir. Si tu instinto te empuja en una dirección, no lo desatiendas, investiga por qué te atrae esa alternativa.

Quizás no se trate de una mala decisión y, a la larga, aunque no ganes mucho desde cierto punto de vista, podrías ganar en satisfacción y motivación.

11 junio 2019

LAS EXPECTATIVAS DE LOS DEMÁS INFLUYEN EN TU VIDA


psicología / Desarrollo Personal                                                                             
 LAS EXPECTATIVAS DE LOS DEMÁS INFLUYEN EN TU VIDA
Las personas que nos rodean quieren lo mejor para nosotros, o al menos eso dicen. El problema radica en que, junto a sus mejores deseos, también llegan las expectativas, como esos regalos que uno no espera (ni quiere) y después no sabe qué hacer con ellos y terminan dando vueltas por casa.
De hecho, todos tienen expectativas sobre cómo deberíamos comportarnos, qué deberíamos hacer e incluso sobre lo que deberíamos lograr en la vida o las cosas a las que deberíamos aspirar. Tu pareja, tus padres, tu jefe, tus amigos o tus compañeros de trabajo tienen determinadas expectativas sobre ti, algunas las habrán hecho explícitas a través de sus comentarios, otras serán implícitas. Sin embargo, todas influyen en tu comportamiento, aunque no seas consciente de ello. La pregunta es: ¿hasta qué punto pueden cambiar tus decisiones e incidir en tu vida?

Si los demás esperan algo de ti, intentarás cambiar para satisfacerlos
Un experimento clásico de la historia de la Psicología nos brinda la respuesta. Un grupo de psicólogos de la Universidad de Minnesota estaban convencidos de que la gente percibe de forma automática cómo los demás los ven y, sin darse cuenta, comienzan a mostrar las conductas que se esperan de ellos.
Para comprobar esta idea los psicólogos reclutaron a 51 estudiantes varones, a los cuales les pidieron que mantuvieran una conversación a través de micrófonos y auriculares con una chica. Al impedir que las personas se conociesen cara a cara, los investigadores evitaban que se formasen un estereotipo debido a su apariencia y que extrapolasen determinadas características de personalidad que darían al traste con el experimento.
Por eso, a todos los estudiantes varones se les dio una biografía sobre la chica con la que debían hablar,  el truco radicó en que a la mitad se les mostró una foto de una chica atractiva y a la otra mitad la fotografía de una joven muy poco atractiva. La pregunta era: ¿las expectativas de los chicos sobre cómo se debe comportar una joven atractiva incidiría realmente en el comportamiento de las chicas? ¿Estas se adaptarían para satisfacer las expectativas de su interlocutor?
Los investigadores grabaron las conversaciones e hicieron que personas totalmente ajenas al experimento las escucharan. Estas personas coincidieron en un punto: las mujeres que eran consideradas atractivas por su interlocutor mostraban comportamientos asociados a las personas más atractivas, como hablar de manera más animada, simular que estaba disfrutando mucho de la conversación e incluso coquetear. Obviamente, estas conductas no se apreciaron en las chicas que eran consideradas como poco atractivas, aunque en realidad sí lo fuesen.
Este experimento demostró que manipulando tan solo una variable: las expectativas sobre el grado de atractivo, una persona puede cambiar su comportamiento para adecuarse a lo que se espera de ella. Sin embargo, lo cierto es que estos resultados se pueden extrapolar a cualquier área de nuestra vida, desde las expectativas sobre la nacionalidad hasta los estereotipos de clase, color de la piel o género.
El baile social de las expectativas
En la vida real, relacionarse con las personas significa influenciar y dejarse influenciar. De la misma manera en que los demás tienen expectativas sobre cómo debemos comportarnos, nosotros tenemos expectativas sobre sus comportamientos. Así, nos involucramos en un baile social donde cada movimiento (entiéndase creencia, estereotipo o expectativa) tiene una repercusión en el otro y en nosotros mismos. Se trata de una “batalla” sutil en la que nos involucramos todos los días, una batalla en la que luchamos por ser nosotros mismos y, a la vez, por satisfacer a los demás.
El problema comienza cuando en esta batalla de expectativas dejamos que los demás tomen el control y nos dicten no solo cómo debemos comportarnos sino también a qué debemos aspirar. En ese punto corremos el riesgo de perdernos, de asumir unas metas que no nos pertenecen y de vivir una vida que no es la que quisiéramos.
Vale aclarar que amoldarse a las expectativas no es del todo negativo, forma parte de la adaptación social, pero no debemos olvidar que en ocasiones nos puede conducir por derroteros que no son los que desearíamos, sobre todo cuando las expectativas provienen de personas muy cercanas a las que no nos gustaría defraudar, como una pareja demasiado posesiva o una madre tóxica. En esos casos, es conveniente detenerse a cada rato en el camino para preguntarnos si lo que estamos haciendo realmente nos gusta y es un reflejo de quiénes somos o es tan solo un comportamiento que exhibimos para satisfacer a otra persona. Recuerda siempre que el principal arquitecto de tu vida debes ser tú.

10 junio 2019

NO HAY MALAS DECISIONES SINO MALOS RAZONAMIENTOS

psicología / Desarrollo Personal                                                                           
NO HAY MALAS DECISIONES SINO MALOS RAZONAMIENTOS
 Una viuda muy trabajadora tenía a su cargo unas jóvenes criadas a las que levantaba todos los días a la hora del canto del gallo para que comenzaran a trabajar.

Las jóvenes, cansadas de la rutina y de aquel ritmo de trabajo, decidieron matar al gallo para que la viuda no las levantara tan temprano, pues pensaban que madrugar era la causa de sus males.
Sin embargo, después de su vil acción, se dieron cuenta de que solo habían agravado su mal pues a partir de aquel momento la viuda comenzó a levantarlas al oir al panadero empezar su jornada, incluso más temprano que el canto del gallo”.
Esta sencilla fábula nos brinda una valiosa enseñanza: la causa de los problemas no siempre es la primera que cruza por nuestra mente, es mejor pensar concienzudamente y no actuar precipitadamente ya que podríamos agravar la dificultad en vez de solucionarla.
Los sesgos cognitivos que nos impiden encontrar la verdadera causa de los problemas
Si pudiéramos encontrar fácilmente la verdadera causa de nuestros problemas, nos resultaría mucho más fácil resolverlos y no nos estresaríamos tanto. De hecho, cuando nos planteamos las preguntas correctas, ya estamos a mitad del camino para encontrar la solución. El problema es que no funcionamos con la misma lógica que un ordenador y a menudo somos víctima de sesgos cognitivos que limitan nuestra visión
- Percepción selectiva. No vemos el mundo como es, sino como somos. Esto significa que nuestras ilusiones, esperanzas y expectativas influyen en el significado que le atribuimos a las situaciones. Como resultado, obviamos una parte de la realidad y nos concentramos en aquella que nos resulta más cómoda. El problema es que de esta manera no logramos formarnos un cuadro completo de la situación y no podemos tener una visión objetiva que nos acerque a la solución.
- Sesgo de confirmación. Se trata de una tendencia a favorecer la información que confirme nuestras propias hipótesis e ideas, sin importar si esa información es verdadera. Al fijarnos solo en lo que confirma nuestras creencias, no se genera una disonancia cognitiva, por lo que no nos vemos obligados a replantearnos nuestra postura. Por eso, a veces solo vemos lo que queremos ver.
- Negación de la probabilidad. Nos resulta más difícil tomar decisiones cuando no tenemos certezas. Por eso, tenemos la tendencia a rechazar por completo cualquier probabilidad cuando esta genera aún más incertidumbre, aunque pueda tratarse de una buena opción. En práctica, preferimos tomar decisiones cuyas consecuencias podamos prever, antes que elegir un camino incierto o desconocido.
- Sesgo de la responsabilidad externa. Se trata de la tendencia a evadir nuestra responsabilidad y buscar culpables fuera de nosotros, así aliviamos el estrés que pueden generar algunas decisiones. Este sesgo también se refiere a nuestra tendencia a dejar que los demás decidan por nosotros, para no tener que asumir las consecuencias de nuestros actos. De esta forma, no escudriñamos en lo que realmente deseamos o en cuál sería la mejor solución, sino que nos dejamos llevar por las decisiones y criterios de los demás.
¿Cómo descubrir la causa de los problemas?
La mente humana es muy compleja, a menudo nuestras emociones, creencias y expectativas nos juegan malas pasadas y nos impiden ver la verdadera causa del problema, que en muchas ocasiones se encuentra dentro de nosotros mismos. De hecho, algunos problemas dejarían de ser tan agobiantes si tan solo fuésemos capaces de cambiar nuestra perspectiva de la situación o pudiésemos ver con claridad su causa.
1. Tómate el tiempo que necesites. Se dice que el tiempo pone todo en su lugar, de hecho, es un poderoso aliado que nos ayuda a ver las cosas con perspectiva. Por eso, ante un problema, es mejor no precipitarse y dejar que las emociones se asienten. Así podremos vislumbrar con mayor claridad cuál es la causa y qué camino es el más adecuado. Además, durante ese tiempo el inconsciente seguirá trabajando y puede llegar a desvelarnos cosas muy interesantes sobre nosotros mismos, aunque sea a través de los sueños. De hecho, esa es la razón por la cual cuando tenemos un problema, también sufrimos más pesadillas, muchas de las cuales son mensajes en clave del inconsciente.
2. Concientiza tus emociones. No es necesario deshacerse de las emociones e ilusiones a la hora de analizar un problema o tomar decisiones. De hecho, estas pueden ser muy útiles e inclinan positivamente la balanza hacia aquello que nos hace sentir mejor. Sin embargo, es importante que seamos consciente de su influencia, que comprendamos hasta qué punto inciden en nuestro juicio
3. Descubre a qué le temes. Detrás de cada problema que nos agobia casi siempre se agazapa un temor. Cuando algo nos quita el sueño es porque genera miedo, y el miedo no es un buen consejero a la hora de buscar causas o tomar decisiones. De hecho, cuando el miedo es muy grande incluso podemos resistirnos a reconocerlo, por lo que la causa del problema permanecerá en la sombra, oculta a nuestra conciencia. Es un mecanismo de defensa con el cual nos protegemos pero que, a la larga, provoca más daño que bien. Por eso, para buscar las causas de un problema, a menudo debemos emprender un viaje de descubrimiento personal. Curiosamente, en el mismo momento en que somos conscientes de ese temor, comenzamos a liberarnos de su influjo.
4. Simplifica. Albert Einstein afirmó: “cualquier tonto puede complicar las cosas; hace falta un genio para simplificarlas”. Cuando tenemos un problema, nuestra tendencia es complicarlo aún más, tenemos un don excepcional para el dramatismo y el catastrofismo. Sin embargo, para encontrar la solución y la causa del problema debemos simplificar lo máximo posible. De hecho, deberíamos convertirnos en una especie de jardinero, que va separando poco a poco todas las ramas que impiden ver el tronco. En ese proceso, es importante ser conscientes de que la mayoría de los problemas no tienen una única causa, siempre inciden varios factores. Sin embargo, la clave para solucionarlo consiste en centrarse en la causa principal.
5. Ábrete a las posibilidades. Los problemas suelen ofuscarnos, haciéndonos creer que solo existe una vía posible. Sin embargo, si nos abrimos a las oportunidades descubriremos que existen diferentes caminos, algunos incluso pueden ayudarnos a salir de la zona de confort y crecer como persona. Por tanto, ante un problema, es importante valorar todas las causas y soluciones posibles, aunque al inicio puedan parecernos descabelladas. Una buena estrategia consiste en ponernos durante algunos minutos en el lugar de otras personas y preguntarnos qué pensarían y cómo actuarían, así nos resultará más fácil abrir nuestra mente.