14 junio 2020

CÓMO DETENER LA ESPIRAL DEL PÁNICO POR CORONAVIRUS


PSICOLOGIA /ANSIEDAD
CÓMO DETENER LA ESPIRAL DEL PÁNICO POR CORONAVIRUS
Da miedo. A secas y sin paliativos. Cuando abrimos los diarios nos asaltan titulares que no son tranquilizadores. Vemos aumentar el número de personas contagiadas y fallecidos, con cierto vértigo y a veces hasta con un sentido de irrealidad, como si nos costara hacernos a la idea de lo que está ocurriendo. Nuestras conversaciones cotidianas comienzan a girar cada vez más en torno al coronavirus. Las redes sociales se inundan de mensajes que no hablan de otra cosa. Y así, inmersos en este escenario inédito e incierto, no es extraño que la ansiedad por el coronavirus se dispare.
Las epidemias pueden crear una pesadilla hobbesiana: la guerra de todos contra todos. Un brote importante de una nueva enfermedad epidémica mortal puede generar rápidamente una plaga de miedo, pánico, sospecha y estigma”, escribió Philip Strom. Por eso es tan importante que cada persona controle su ansiedad, un favor que se hace a sí misma y a los demás.
Es normal sentirse ansioso, pero no hay que caer en el pánico
Ante todo, es importante ser conscientes de que es normal experimentar miedo y ansiedad ante situaciones desconocidas. Cuando esas situaciones también pueden representar un riesgo para nuestra vida o la de las personas que amamos, la ansiedad se dispara.
Un estudio realizado en la Universidad de Wisconsin-Milwaukee descubrió que reaccionamos de manera más intensa – debido a una mayor activación de la amígdala – cuando las situaciones a las que nos exponemos son desconocidas o nuevas que cuando nos resultan familiares. Por eso un virus nuevo como el COVID-19 nos genera tanto miedo y ansiedad.
No debemos recriminarnos por esas emociones. Es una reacción instintiva y sentirnos mal por ello no hará sino empeorar nuestro estado de ánimo. Sin embargo, debemos asegurarnos de que el miedo no se transforme en angustia y la ansiedad en pánico. No podemos dejarnos arrastrar por esas emociones y permitir que se produzca un secuestro emocional en toda regla; o sea, que nuestra mente racional se “desconecte”.
Perder el control y sucumbir al pánico colectivo podría conducirnos a comportamientos peligrosos, para nosotros y quienes nos rodean. Caer en los brazos del pánico puede hacer que asumamos actitudes egoístas, que se active una suerte de sálvese quien pueda, que es justo lo que debemos evitar para afrontar pandemias de este tipo. Como escribiera Juan Rulfo: “Nos salvamos juntos o nos hundimos separados”. La decisión es nuestra.
Del shock al ajuste: Las fases de la ansiedad en las epidemias
Los psicólogos han estudiado las fases por las que solemos pasar durante una epidemia. La primera fase suele ser de sospecha. Se caracteriza por el temor a poder contraer la enfermedad o que otras personas nos contagien. Es en esta fase donde se producen más incidentes fóbicos, rechazo y segregación de grupos que consideramos posibles portadores de la enfermedad.
Sin embargo, muy pronto pasamos a una fase de miedo más difuso y generalizado. Comenzamos a pensar en las vías de contagio, de manera que ya no tememos únicamente al contacto con las personas, sino a que el virus se pueda transmitir por el aire o al tocar cualquier objeto o superficie. Empezamos a pensar que vivimos en un entorno potencialmente infeccioso. Y eso nos genera una gran ansiedad que puede hacernos perder el control.
En ese punto es normal que desarrollemos una actitud hipervigilante. Podemos obsesionarnos con enfermar y nos mantenemos alertas ante el más mínimo síntoma que nos haga sospechar que nos hemos contagiado. También adoptamos una actitud más recelosa en los ambientes en los que nos movemos normalmente, de manera que tomamos precauciones que luego podrían revelarse excesivas, inapropiadas o prematuras, como asaltar los supermercados.
Durante estas fases funcionamos en “modo shock”. Pero una vez que hemos aceptado la nueva situación pasamos a una fase de ajuste. En esta etapa ya hemos asumido gran parte de lo que está ocurriendo y recobramos la racionalidad, de manera que podemos pensar y planificar qué hacer. Es en la fase de ajuste donde suelen aparecer las conductas prosociales, cuando nos esforzamos por ayudar a los más vulnerables.
Todos pasamos por estas fases. La diferencia radica en el tiempo que tardamos. Hay quienes logran superar el shock inicial en cuestión de minutos u horas y hay quienes lo arrastran durante días o semanas. Un estudio realizado en la Carleton University cuando la epidemia de H1N1 reveló que las personas que tenían dificultades para tolerar la incertidumbre experimentaron mayor ansiedad durante la pandemia y tenían menos probabilidades de creer que podían hacer algo para protegerse.
La clave para combatir la ansiedad por coronavirus radica en acelerar ese proceso y entrar lo antes posible en la fase de ajuste porque solo así podremos afrontar de manera eficaz la crisis. Y “la única manera de lograrlo es guiar esa reacción de ajuste, en vez de destrozarla, como a menudo hacen muchos funcionarios y periodistas”, según Peter Sandman.

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